Vientos de cambio en el barrio Ituzaingó

A OTRA COSA

Los realojos en el barrio Ituzaingó. Foto: Intendencia de Montevideo

“Era como un secreto a voces de que toda esa gente iba a volar de acá algún día”, confiesa Mario, un vecino de unos 65 años que baldea su vereda mientras conversa con SdR. Aún vive en la casa -en la que nació- junto a su esposa y dos hijos en el barrio de Maroñas. “Siempre circulaba el rumor en el barrio de que la Intendencia de Montevideo quería desalojar la zona (de aproximadamente siete hectáreas) para ampliar la avenida Centenario, darle vida al barrio y una solución habitacional a las familias”. También Mario reconoce que la zona cambió más de lo que él hubiese imaginado, sobre todo en ese predio, denominado “Siete Manzanas”, en los que siempre se veían casas humildes, niños jugando en la calle y perros sin rumbo. Pero últimamente, el marco pasó a ser de escombros y desolación, aunque por una buena razón.

Vaivenes

Silvia, una vecina de cuarenta y seis años, también vive allí junto a su familia desde que tiene memoria. Amablemente, nos hizo un poco de historia, “Se sabe que la avenida debía continuar desde que la Intendencia hizo su parte, a principios de los sesenta y estas manzanas le correspondían por convenio a la Sociedad de Entrenadores y Jockey. Pero no lo hicieron… cerró el Hipódromo, la Sociedad quebró y vino el proyecto de viviendas ‘Aquiles Lanza’. En 1985, muere el intendente de ese momento y sólo se logró censar algún vecino ,lo que hizo que cientos, de otros ‘cantes’, vinieran a asentarse por la noticia de que les daban casa”.

Pero pasó el tiempo y quedó todo quieto hasta que se reinauguró el hipódromo y empezaron las idas y venidas. Entretanto se organizaron dos cooperativas de viviendas de tipo ayuda mutua, pero pocos vecinos participaron. Se reactiva todo cuando asume Ana Olivera como intendenta y junto a Fernando Lorenzo, ministro de Economía en aquel entonces e Hípica rioplatense, firman el convenio actual.

Más que un rumor

Dentro de los planes está contemplada una solución social y de vivienda, tal vez la parte más esperada en todo este tiempo por muchas familias.

En 2012 comenzó un trabajo conjunto entre familias y la intendencia en forma de relevamiento, como forma de determinar quiénes tenían derecho a ser realojados.

Sobre fines de abril se comenzó a demoler esa parte de la zona de Maroñas ,o barrio Ituzaingó, y con ello el realojo de más de setenta familias que por generaciones ocuparon esos terrenos de forma irregular.

Los planes de reestructuración de la comuna para esa zona de Montevideo existen concretamente desde el año 1948, y la iniciativa es considerada de las más ambiciosas, con un costo total de cuarenta millones de dólares, traducida en la finalización de la avenida Centenario en el Hipódromo de Maroñas, el ensanchamiento de la calle Mariano Estapé en una doble vía, incluyendo una ciclovía en el cantero central, y una nueva calzada de hormigón entre las calles Alberto Susviela y Juan Carrara.

La avenida central también contará con una ciclovía y veintiséis columnas de alumbrado con cincuenta y dos luminarias a lo largo de cinco cuadras. Además, la iluminación del barrio entero se renovará con 194 columnas y se construirán dos plazas.

Contemplando la accesibilidad, se construirán veredas y rampas en esquinas, así como carteles de tránsito con el fin de señalizar carriles y cruces peatonales.

Desde siempre, y no solo por los informativos, el barrio tiene fama de “bravo”. Arrebatos, rapiñas, ajustes de cuentas, vandalismo… Y detrás de todo ésto, tres asentamientos linderos y los célebres “Tatitos” o “Pitufos”, quienes han hecho ruido últimamente en los medios, y definidos por algunos vecinos como “generaciones de delincuentes”. Niños y adolescentes nacidos en hogares con una problemática social muy profunda establecieron sus propias reglas en la zona, basadas en rapiñar todo lo que pasara por allí.

Estas familias ocupan ilegalmente varios terrenos en el barrio desde hace décadas enmarcados por las calles Carreras Nacionales, Mariano Estapé, José L.Guerra y Juan Victorica. Desde el más viejo al más pequeño, representan el origen conjunto y una parte de la inseguridad constante.

Esos menores tienden a atacar en barras a los automóviles que transitan sobre todo por la calle Juan Victorica, como una forma de “peaje”.

Pero estas familias,serán las últimas en dejar el barrio ya que el orden de prioridad para la entrega de viviendas por parte de la comuna contempla primero a quienes trabajen o tengan una entrada estable de ingresos,;de ahí en adelante.

Entre los requisitos para ser reubicados, los vecinos debían pagar servicios y también se comprometían a no alquilar, vender o intercambiar el inmueble. Hubo quienes no aceptaron la propuesta, pero según algunos vecinos fueron muy pocos.

“Y, viste como es… Hay gente que no tiene hábito de laburo y se acostumbró a vivir de arriba. Algunos viven colgados de todo, otros roban… Era evidente que esa gente no iba a agarrar viaje. Seguirán viviendo así por otros lados”, agregó Mario.

Pero como pasa en cada barrio, no todos han sido víctimas de la inseguridad. Algunos vecinos nacieron allí y jamás han tenido un problema. Otros, si.

Todos los vecinos con los que hablamos son coincidentes en los cambios favorables que los realojos traerán pero, como siempre pasa, hay más de un disconforme. Algunos manifiestan que en cuanto se derriben las casas para dar lugar a la avenida va a ser peor, ya que los atracos a taxistas y repartidores se multiplicarán.

“Eso es cosa de todos los días con esos pichis, esto es tierra de nadie! Sacan primero a la gente laburante, que lleva toda una vida viviendo acá. ¿Y qué van a hacer con toda esa gentuza si no pueden pagarse un techo con trabajo?”, dijo otro vecino al pasar, revelando la intensidad de las contradicciones en el barrio.

Para algunos, lo que inquieta en lo inmediato son los “rastrillos”, aquellos que merodean y buscan llevarse ventanas, puertas y chapas antes de que lleguen las topadoras ,y hasta debajo de los escombros alguna que otra pertenencia de los que se fueron. La seguridad es garantizada por el patrullaje constante, aunque algunos sostienen que en ese sentido la frecuencia del recorrido policial siempre fue la misma.

“Y a esta altura, yo y mi familia merecemos vivir tranquilos. Esa gente fue y es parte del paisaje aunque tampoco es justo generalizar, porque como en cada barrio, hay de todo. En los últimos meses se ha vuelto peor, pero hay que tener fe de que todo irá mejorando”, cuenta Carmen, que vive sobre el final de la avenida Centenario desde hace casi quince años y que, como varios propietarios del barrio, ve con buenos ojos los cambios que traerá el proyecto.

Como sea: una nueva etapa en las vidas de muchos de ellos se inició en los complejos Quevedo, Argerich, y el último hace pocos días, en el de Camino Maldonado.

 

“Con mis hijos, hace un mes que nos mudamos al Complejo Argerich. Estamos muy contentos…Pasamos tanto tiempo escuchando que debíamos irnos que cuando quisimos acordar, nos vimos cerrando cajas con todas nuestras cosas. Ahora ando en la vuelta porque vine a ayudar a mi hermana que se muda en estos días. Será el cambio más grande de nuestras vidas y debemos abrazarlo. Queremos lo mejor para nuestros hijos”, nos cuenta Alberto confiado, uno de los vecinos realojados mientras su mirada se pierde melancólica en un paisaje lleno de escombros.

Cecilia Aguiar