Las familias sirias esperan una respuesta del gobierno para salir de Uruguay

DESENGAÑO Y ESPERA

Foto: Cecilia Aguiar/ SdR.

Foto: Cecilia Aguiar/ SdR.

Finalmente, los sirios levantaron campamento. Al menos hasta que les den una solución a sus reclamos desde la Secretaría de Derechos Humanos (ver nota). En las últimas declaraciones que el presidente Tabaré Vázquez concedió, dijo: “el gobierno se contactó para ver si Líbano los recibía, porque Uruguay no puede decidir a qué país van. Dijeron que no aceptaban a los ciudadanos sirios. Planteamos que eligieran otro país donde quieran ir libremente y el gobierno va a ayudar a dialogar con las autoridades del país para ver si los reciben”.

El panorama parece complicado para ellos por varios frentes: desde Europa, es de público conocimiento que los países que se comprometieron a recibir refugiados mantendrán un tope en sus fronteras. En cuanto a una posible vuelta a Líbano, que tiene una población en cantidad similar a la uruguaya, está saturado por la presencia de refugiados de la región. Además, ese país ya descartó esta posibilidad cuando Uruguay retomó el contacto y solicitó el refugio. Esto convendría entenderlo, tal vez, desde una perspectiva histórica: Siria y Líbano arrastran conflictos compartidos a lo largo de la historia, por lo que tampoco serían bien recibidos. Volver implicaría ser una carga onerosa y un desbalance de la población para ese Estado. También, para Siria, estas familias son consideradas como desertoras, según autoridades del régimen de ese país. Pensar en un regreso sería más que traumático y complejo.

La apertura de fronteras alemanas parece ser el fondo de los reclamos de estas familias. Es debido al envejecimiento de la población que en el país europeo se piensa en recibir refugiados como una solución de aquí a 2030. Alemania necesitará cubrir a futuro las necesidades de mano de obra con unos 500.000 inmigrantes al año, lo cual también significa tener que esperar ataques previsibles por parte de grupos xenófobos, quienes ya se manifestaron en contra de la iniciativa de la canciller (jefa de estado) Angela Merkel. En resumen, ya son más de medio millón de refugiados los que han llegado a Europa desde Medio Oriente. Y otros miles han muerto en el camino.

Luego de la reunión que las familias mantuvieron el jueves 10 de setiembre a la noche en Presidencia, con el pro-secretario Juan Andrés Roballo, acordaron volver a sus hogares asignados, a la espera de una solución por parte del gobierno. Al parecer, ahora se van a estudiar todas las situaciones con el fin de ayudarlos a abandonar el país como esperan. Algunos mantuvieron su postura de querer volver a Líbano. Otros, por el momento, depusieron su actitud. En la última edición del programa Código País, el ex presidente José Mujica declaró algo que pareció revelador. Su pedido al equipo que viajó a Siria dos veces, con el objetivo de seleccionar a las familias que vendrían, fue su deseo expreso de que vinieran campesinos. “Me trajeron clase media relativamente acomodada. Creo que por eso mismo sufren mucho y no se adaptan, porque tienen un apego cultural y una forma de vivir. Si se les mira las manos se da cuenta que no son laburantes de labores corrientes. No es ningún pecado”. Lo dicho por Mujica tiene sentido, al parecer con lo publicado por El Observador, donde se hacía un recuento de las actividades en las que se desempeñaban las familias antes de salir escapando de la guerra. En su mayoría, eran dueños de sus propios negocios, lo que demuestra una capacidad de trabajo bien desarrollada. Aunque, tal vez, no muy sacrificada.

En diálogo con SdR, Susana Mangana, profesora de estudios árabes e islámicos en la Universidad Católica -formó parte del equipo uruguayo encargado de reclutar refugiados-, negó tajantemente esto. Dijo que sería ridículo haber ido a Siria en representación de Uruguay con la única premisa de traer campesinos, sencillamente porque una misión de este tipo nunca podría encararse de esa manera. Al menos, Mujica no se lo manifestó a ella personalmente. Mangana, se siente bastante ofuscada al respecto, ya que desde que las familias sirias decidieron hacer públicos sus reclamos, considera que se ha “enchastrado” el trabajo del equipo uruguayo y el asunto se ha vuelto poco serio. Cree que ha “desfilado” demasiado por los medios hablando del tema, cuando no debería ser ella quien dé explicaciones, sino el referente del proyecto en Presidencia, el secretario de derechos humanos, Javier Miranda. Si bien respeta a Mujica por su sabiduría, a veces le resulta muy difícil entender cómo nadie sale a cuestionar sus dichos, como en este caso. Sostiene que ni siquiera en Siria ubican a los refugiados en diferentes categorías, según su nivel de instrucción o historia laboral. Lo ideal, para Mangana, es dejar de buscar culpables en este tema.

Javier Miranda salió al cruce con la misma convicción que tenía desde antes de que las familias llegaran. En declaraciones dadas al programa Rompekabezas de El Espectador, dijo que “por un lado es entendible. Si yo te invito a mi casa y no te gusta, es insegura, eso te puede producir incomodidad. Pero por otro, uno tiene que comprender perfectamente la reacción de estas personas. Ellos salieron hace más de cuatro años de Siria y luego se trasladaron a Líbano como refugiados. En ese tiempo se generaron expectativas lógicas en cuanto a cómo sería venir a Uruguay, que después la realidad se encargó de que resultara mucho menos idílico de lo que podrían haber imaginado”.

El secretario sostiene que, si bien en todos los casos de las familias, los reclamos no son compatibles, en su mayoría sí son entendibles. La reacción de la población también debería serlo, pero siempre estuvo instalada en el gobierno la preocupación de posibles choques entre las familias y parte de la población. Pero nada pasó a mayores. Los hechos dejan la impresión de que hubo errores en el camino, pero, ¿cómo no cometerlos cuando era la primera vez que Uruguay se lanzaba a aguas desconocidas en materia de recibir refugiados y trataba así de dar el ejemplo a países de la región?

No solo se están tratando los planteos de las familias caso a caso, sino que el Programa de Reasentamiento para Familias Sirias, implantado por Presidencia, seguirá teniendo ajustes y redoblará la apuesta de recibir más de estas familias a finales de año. Cabe concluir, por ende, que esos errores tal vez hayan generado una nueva oportunidad de demostrar como país que recibir refugiados puede ser una alternativa viable.

Cecilia Aguiar