La bulimia y anorexia en la industria de la moda

VIVIR CON ANA Y MÍA

Una paciente anoréxica en un hospital de París. FOTO: JOEL SAGET/AFP.

Ana y Mia parecen ser simples nombres. Pero detrás de ellos existe una cruda realidad. Búsqueda de aceptación, fidelidad, sacrificio y resistencia; son una parte ínfima de lo que conlleva elegir estos nombres como estilo de vida. Son nombres artísticos que fueron denominados por personas involucradas con las enfermedades de Anorexia y Bulimia respectivamente.

La anorexia es, junto con la bulimia un conjunto de enfermedades mentales y son los principales trastornos alimenticios, también llamados Trastornos Psicogénicos de la Alimentación (TPA).

Lo que distingue a la anorexia de la bulimia es el rechazo de la comida por parte del enfermo y el miedo obsesivo a engordar, o simplemente verse gorda, que puede conducirle a un estado de inanición. Es decir, una situación de gran debilidad ocasionada por una ingesta insuficiente de nutrientes esenciales y la búsqueda constante de realizar actividad física para no aumentar de peso. Provocando efectos devastadores sobre el organismo.

La bulimia por su parte, es un plan alimentario y psicológico de una persona, caracterizado por la adopción de conductas en las cuales el individuo se aleja de las formas de alimentación saludables; consumiendo comida en exceso durante lapsos de tiempo muy cortos, también llamados “atracones”. Seguido de un periodo de arrepentimiento, el cual puede llevar al sujeto a eliminar el exceso de alimento a través de vómitos o laxantes. El temor a engordar afecta directamente a los sentimientos y emociones del enfermo, influyendo de esta manera en su estado anímico; que en poco tiempo desembocará en problemas depresivos.

En contrapartida con los sistemas de salud existentes que ayudan a las personas enfermas a deslindarse de estos padecimientos, existen “Pro-Ana y Pro-Mia”, siendo estos términos una conjunción de los prefijos Pro, que significa “A favor de” y los nombres de ambas enfermedades.

Estas plataformas virtuales son las encargadas de hacerles entender a las personas enfermas que el estilo de vida  que llevan es el correcto, es decir, promueven y apoyan su enfermedad, generándose un círculo vicioso del cual es imposible escapar. Blogs en los que se pueden ver fotografías de chicas anoréxicas y tomarlas como ejemplo; dietas, manuales de cómo engañar a sus familiares para que no sospechen de su comportamiento; y cómo bajar de peso con la forma más rápida y eficaz, por ejemplo “Cuánto adelgazas con un vómito”, “Competencia: quién ayuna más horas”. Instrucciones para llegar a ser una “princesa”. Información distribuida en un territorio rico, pero peligroso, imposible de custodiar: internet.

Varias campañas publicitarias que emergen a modo de concientización han sido censuradas, debido a que la imagen elegida lleva a que más jóvenes quieran verse como “la modelo del cartel”. En una coyuntura de sociedad superflua, exigente con la imagen física, con el cuidado personal, y un estereotipo de “personas perfectas”, es difícil hacer oídos sordos y escapar de Ana y Mia.

En el mundo de la moda, donde se exige el “peso ideal”, donde todo está sumamente estructurado, donde las medidas para diseñar ropa se toman desde la talla de un maniquí, talla que debe corresponder con la modelo que muestra y por ende, venda ese diseño.

En carne propia

Vivir con Ana y Mia ha sido una realidad dura a la que Sofía debió enfrentarse durante varios años. Es modelo profesional desde los 15 años; ha soñado toda su vida con poder triunfar en pasarelas internacionales. En este momento de su carrera se encuentra en la ciudad de Beijín, China, trabajando como modelo publicitaria y de pasarela. Dejó atrás su amado Uruguay en busca de su sueño más anhelado, pero aun intentando abatir por completo una de sus más difíciles luchas, la lucha consigo misma.

-¿Cómo es vivir con Ana y Mia?

-Es raro que me lo preguntes así, es bueno que las personifiques. Nunca las vi de esa manera y creo que me ayuda a responderte mejor. Vivir con ellas ha sido una lucha constante, demasiado intensa entre ellas y yo. Al principio no fue así, las quería -demasiado- solo que estaba tan pendiente de ellas que me olvidé de mí. Una llevó a la otra y prácticamente casi me llevan a mi, literalmente. Cuando empiezo a darme cuenta que ya estaban re instaladas en mí -que de hecho ya era bastante tarde-, empiezo a tomar conciencia y es ahí donde empieza la lucha en sí. No sabía si quería dejarlas ir o que se quedaran. Pero vivir mí día a día durante seis años era como una estructura,  una rutina: comer algo, y entrenar, entrenar y entrenar para verme linda, era en lo único que pensaba.

-¿Cuándo entran ellas en tu vida?

-Primero y sin darme cuenta me vuelvo anoréxica, no de un día para el otro. Comía poco, cada vez menos: ‘esto hoy no me gusta, esto mañana tampoco’ y así fui dejando comidas hasta que comencé a adelgazar y me gustaba verme así. Bien, me veía bien. La bulimia entra un poco después, ya siendo consciente de lo que quería, en una época de cambios en mi vida. Quería tener el mejor cuerpo, quería tener la posibilidad de trabajar más (como modelo) y eso pasaría si tenía el cuerpo flaco. Ya no me daba con parar de comer, sino que me sentía idiota, y todos los demás insultos que nos hacemos hacia una misma por haber comido “tanto” . Entonces comía mucho y rápido y pasado un ratito después, iba al baño y ¡tá!

-¿Y tá?

-Vomitaba.

-¿Te veías feliz o triste con sus presencias?

-Pensándolo ahora, así en este momento de mi vida, realmente no era feliz. Sabía que me estaba lastimando, pero era mecánico. Era comer menos, pero lo que comía era para expulsarlo, para sacarme toda la culpa de lo que había comido porque eso me iba a engordar. Cada vez que sucedía me miraba en el espejo y lloraba. No estaba feliz por lo que hacía, pero sí por cómo me veía, creía en ese momento que lo hacía inconscientemente, pero mirando para atrás a pesar de ser mecánico -lo hacía y no paraba-; empezó siendo una vez al día pero fue empeorando porque era cada vez que comía, fueran tres, cuatro o las veces que sea. No recuerdo algún día que haya estado totalmente feliz en seis años.

-¿El espejo, es tu peor o mejor amigo? ¿Qué te decía ese reflejo?

-La relación con el espejo siempre fue compleja. No sabría decirte si fue mi peor o mejor amigo. Lo único que hacia era mirarme, pero en realidad nunca estaba conforme con lo que veía en él, así que nunca fue mi aliado. Podría decirse que fue un amigo en el sentido de que lo necesitaba todo el tiempo, me tenía atrapada en su reflejo pero no me mostraba del todo lo que yo quería ver.

-¿Que querías ver?

-Verme flaca de verdad. Nunca me dio un reflejo que yo quería, hasta que me acepté, me vi.

-¿Cuándo decidiste que solo debía quedarse Sofía en tu vida, y que Ana y Mia debían irse?

-Cuando me quedo sin fuerzas es cuando mi familia me enfrenta, cuando me dice basta,  caigo internada por deshidratación. La contención de los míos me ayudó, su presencia total. No estaba tan sola como pensaba. La fuerza y el cariño que me brindaron fue esencial para salir. Lo último, y no por eso lo menos importante, fue conocer el gran amor en una persona que desde el principio estuvo a mi lado, conteniéndome, controlándome y ayudándome para que saliera, para que no cayera. Esta persona me ayudaba a pensar sólo en Sofía, no importaban las demás, no importaba el espejo, solo importaba yo.

-¿Cómo es vivir sin ellas?

-Soy consciente de que no están de la forma en la que antes lo hacían. A veces tengo miedo de que vuelvan por completo. Algo de ellas queda igual, aún sigo peleándola. Pero hoy vivo mejor, soy otra persona, más segura de mi misma -sobre todo en mi trabajo-. Mis objetivos ya no son dejar de comer o verme flaca. Están en seguir trabajando en lo que amo, pero estando saludable, con fuerzas. Que nunca más me falten las fuerzas. Fue, es y será una enseñanza, que ellas no eran la solución a nada y que pude encontrarme y me veo feliz conmigo misma.

-En China, donde te encuentras en este momento, trabajando como modelo, ¿cuáles son los estereotipos físicos que se exigen?

-Es bastante complicado trabajar acá con nuestra complexión corporal tan latina. Las personas de acá son y están diminutas. Los estereotipos exigidos son correlativos a lo que se puede vender acá y en Europa. Nos piden un peso ideal, que es para muchos estar extremadamente flaca. Exactamente entre 40 y 49 kilos con una estatura de más de 1.70 centímetros. Precisamente entre 70 y 85 centímetros de busto, 56 a 60 centímetros de cintura y exigentemente menos de 90 centímetros de cadera. Una persona normal se asombra y le parece increíble, abren los ojos grandes cuando les contás. Pero esta es la realidad, nuestra realidad. Poco a poco empieza a cambiar pero aún falta mucho, no hacemos mucho con inventar campañas de concientización si no ponemos hechos sobre la mesa del asunto.

-¿Cómo las personas que se encuentran a tu cargo logran controlar ese peso “ideal” que mencionas?

-Los bookers son los que se encargan de mi estadía en la ciudad, delegan mis trabajos y controlan ese ‘peso ideal’ que te digo.

-¿A qué te referis con bookers?

-Son personas, son los responsables que la agencia de modelos que me contrató en China envía para que se hagan cargo de mí; es decir, son con quienes me contacté desde Uruguay para ver si me aceptaban en la agencia, quienes me fueron a buscar al aeropuerto y me trajeron al apartamento donde vivo -el cual “pago” mensualmente-. Los que me llevan a diario a los casting, son ellos quienes se ocupan de mi. El peso ideal es todo un tema, los bookers nos pesan y miden semanalmente y llevan un registro; si llegamos a la semana con el peso adecuado, todo perfecto, pero si no, todo cambia.

-¿De qué forma cambia?

-Buscan la manera, porque no pueden perder clientes; es decir, si voy a un casting de ropa interior y quedo seleccionada, a la semana siguiente cuando voy a hacer las fotos no puedo haber aumentado el peso, ni un gramo. La agencia nos otorga semanalmente bonos económicos, los ‘Pocket money’ por un valor de 400 yuanes aproximadamente, lo que nos da para comprar nuestro alimento y algunas cosas personales, pero más que nada para el alimento diario. Funciona así: voy a la agencia a pesarme y medirme, y mido 62 cm de cintura -que es lo que me está pasando en este momento, estoy pasada de gramos y de centímetros- por lo tanto no estoy dentro del estereotipo que ellos exigen. Entonces me dan una prórroga de una semana. Si a la próxima semana voy a medirme y no bajé esos dos centímetros de más en la cintura, comienzan a descontarme de a 50 yuanes, y así sucesivamente cada semana hasta que llegue al peso ideal. Me descuentan en el ‘Pocket money’ y debo aumentar la asistencia diaria al gimnasio. Por lo tanto, para la próxima semana, tendré menos dinero para comprar alimento, pero sí más exigencia para ir al gimnasio, ya que para mantenernos físicamente en condiciones, tenemos que ir. Debemos, por contrato, cumplir con estas determinadas reglas implícitas en él, como ellos cumplen con nuestros pagos al finalizar cada trabajo.

-¿Crees que trabajando en estas condiciones, independientemente e inconscientemente estás contribuyendo a que Ana y Mia vuelvan a tu vida?

-Me asusta pensarlo así, no quiero que vuelvan. En este momento soy consciente que por contrato debo bajar a lo que me piden, pero no caería de nuevo. Estoy segura de eso. Ahora que ya lo viví soy capaz de ponerme un freno  antes de que vuelvan. Es muy complicado responder a esta pregunta; en plena conciencia sé que no estoy ayudando a que vuelvan, pero indirectamente e inconscientemente, como me lo planteas… No lo sé.

-¿Creés ser la única culpable de que ellas hayan sido tu compañía durante seis largos años?

-Creo que cada uno es consciente de lo que hace con su vida, de elegir los caminos. Fui yo quien tomó la decisión y nadie pudo ayudarme. Cuando quise darme cuenta ya estaban en mi vida y era demasiado tarde. Pero creo que a pesar de todo, los estereotipos, ‘la mujer perfecta’, el cuerpo, la cara, el pelo, hasta la forma de hablar que se impone, lleva a las más vulnerables a caer en este círculo. Pero mirando la moda, que es el lugar donde nosotras nos movemos, viéndolo desde este lado, con respecto a Ana y Mia, es cruel. Es muy cruel que se exija lo que se exige, que no haya versatilidad y que nadie se interesa por el otro, sino en que te encuentres exactamente aceptable y apta para vender una prenda, un producto, o para concientizar sobre algún tema. Si te gusta, si estás sumergida, te lleva aunque no quieras.

- Sé que extrañas muchas cosas de Uruguay, y que estás sola en ese pedacito de mundo; ¿sos feliz?

-A pesar de todo eso, soy feliz.

Verónica Madera