La discriminación genera problemas para salir a bailar

VOS SÍ, VOS NO

Este elaborado peinado mohicano te condena.

Romina Marcucci quería asistir al cumpleaños de un amiga. Se vistió coqueta y poco después de la medianoche se acercó a la entrada del boliche Monroe, en Constituyente y Emilio Frugoni, donde se encontrarían para festejar. El hombre en la puerta le dijo que esperara y le dio argumentos de horarios. Después de una larga demora, Romina confirmó la razón: la estaban discriminando. Regresó a su casa.

Marcucci publicó en su cuenta de Facebook una carta donde manifestaba lo que había pasado. En uno de los párrafos contó: “Estuve una hora y media en la puerta, viendo pasar a muchísimas personas y yo seguía afuera. Le pregunté al señor de la puerta porque no me dejaba pasar a mí, y su respuesta fue que era el dueño quien elegía las personas para entrar, que él no tenía nada que ver”. Además aseguró que “enseguida capté el mensaje…en la imagen que se quiere transmitir de ese boliche, no hay lugar para afrodescendientes…”

Este no es un caso aislado, ni tampoco el primero que resuena en los medios en mucho tiempo. Hace unas semanas la matiné “Non Stop” que se llevó a cabo en el local Parque Arocena de Carrasco, se tuvo que posponer debido a las restricciones que había sobre los jóvenes que iban a asistir al evento.

La fiesta era para un público de personas menores (entre 12 y 15 años). Fue un tema que llegó a conocerse públicamente porque se entendió como un acto discriminatorio el prohibir el acceso de los jóvenes que tuvieran cortes de pelo escalonados o rapados en sus partes laterales. Tampoco podían ingresar hombres con pelos teñidos, piercings, ni los que iban con indumentaria deportiva. Es un tema complejo, pero en un comienzo se puede interpretar desde dos puntos de vista: desde la parte de quienes organizan este tipo de eventos, y el de las personas que eligen su manera de vestir y de mostrar el estilo personal.

Esto ocurre hace tiempo en determinados bailes, en los que se apunta a cierto status social para permitir el ingreso. Por lo tanto aquellos que no encajan en el patrón social, no tienen concedida la entrada o se los mira de otra manera en el interior del local. Los dueños tienen derecho de autorizar qué estilo de ambiente quieren para su negocio, según manifestó uno de los organizadores de la matiné al portal El País, para justificar la prohibición. Agregó que no todos los que asisten van a bailar sino que algunos se dedican “directamente a robar”.

Uno de los socios que creó el evento explicó: “La verdad, lo que pasa afuera es espantoso, es increíble cómo roban, pero, bueno, estamos luchando contra eso, porque la policía no te ayuda mucho, los llamás y vienen a la hora”. En cuanto a la seguridad que brindan a los menores que asisten, dijo que “nosotros contratamos seguridad, pero lo que hagan afuera del local después, te puede jugar en contra”.

Sin embargo, según informó el Semanario Búsqueda el año pasado, el fiscal de Corte, Jorge Díaz, dictaminó que el derecho de admisión para imposibilitar el ingreso de una persona a un boliche no está avalado por ninguna norma.

En los últimos seis meses se han abierto diferentes locales en la capital: Monroe, Jackson Bar, Doña Marta, Santanera y Rafiki, entre otros lugares. SdR consultó a Facundo Sánchez, uno de los dueños de Rafiki, (ubicado en Maipu casi Ramón Anador), quien declaró que “nosotros somos un resto- bar familiar, apuntamos a la integración y no a la exclusión de las personas”.

Andrés Ciancio Bruni