Relación abusiva entre adultos y jóvenes

CONDUCTA COMÚN

"La nena", justuificación del acoso

Culturalmente está aceptado un precepto que mandata los límites que deben tener las relaciones de personas mayores de edad con menores. Sin embargo, la sociedad está sorprendida por el comportamiento más autónomo de los jóvenes y adolescentes, a partir de parámetros diferentes del que tienen sus adultos más cercanos. “Hoy el joven se vincula más con sus propios pares y, a través de la tecnología, con todo un mundo que emula ser amistoso, pero como vemos en la práctica no siempre lo es”, explicó el sociólogo Alejandro Noboa y aclaró que “existen situaciones de abuso y violación de derechos a partir de estas relaciones”.

Las tendencias sociales que presionan a las personas en busca de metas y valores relacionados con la vida joven, la belleza física, la posesión , o el logro de metas sexuales, pueden jugar un rol fundamental para derivar en un abuso. El método utilizado por el victimario para llegar a la práctica de abuso es comúnmente el de utilizar “un lazo de supuesta confianza con un lenguaje cariñoso, cierta locuacidad y encanto superficial, para ir logrando cada vez mayor intimidad con la víctima”, expresó la psicóloga Claudia Amorín.

No existe un proceso que realice la victima hasta llegar a la relación abusiva sino que hay un vínculo previo con el abusador que “facilita” el acercamiento. En el 80 % de los casos el abuso es intrafamiliar y el menor convive total o parcialmente con el abusador, según datos divulgados por el Ministerio del Interior en base a las denuncias realizadas en la mitad de 2015.

Ciertos casos de relaciones abusivas se tildan de pedofilia, que refiere a la atracción sexual de un adulto por un menor, aunque esto no implique abuso de tipo sexual. El término que lleva de la mano la existencia de abuso sexual es pederastia. “El pederasta llega a la consumación del acto, el abuso sexual como conducta delictiva”, dijo Amorín.

Jamen Cantor, investigador del Centro de Salud Mental de Toronto (Canadá), lleva una década recopilando datos sobre pederastas y comparándolos con otros agresores sexuales. Tras estudiar a 127 agresores, la mitad pederastas, descubrió en estos una alteración de la materia blanca que rodea la materia gris y señaló la existencia de un “cortocircuito en la mente del pedófilo”. Para el experto mental es una “orientación” con la que se nace y que no se puede cambiar. Sin embargo, cree que la mayoría no son violentos y que la terapia psiquiátrica les permite controlar la conducta.

Paul Fedoroff, director de la Clínica de Conducta Sexual de Ottawa (Canadá), opina lo mismo que Cantor sobre el cortocircuito en la mente del pedófilo, pero el profesional considera la pedofilia un “interés” que se puede “curar y prevenir”. Sus argumentos se basan en que ha tratado a miles “con un índice de reincidencia cercano a cero” en su programa, publico y gratuito, cada vez con más pacientes.

Consultada la psicóloga Amorín sobre si el victimario podría cambiar sus patrones de conducta, explicó que detrás de un abusador hay una estructura de personalidad determinada, y que hacen falta políticas públicas para su atención, siendo fundamental “evitar que se reestablezca el vínculo con la víctima, que debe ser preservada en su intimidad y en su entorno por sobre todas las cosas”.

Un canto poco claro

En agosto de este año, el procesamiento con prisión de René De los Santos por la comisión de un delito de “retribución o promesa de retribución a personas menores de edad para que ejecuten actos sexuales o eróticos de cualquier tipo”, generó revuelo en los medios de comunicación y en las redes sociales. Un hombre de 50 años, folclorista, integrante del dúo Cantaclaro, enviaba videos pornográficos a la hija de su ex pareja, de 14 años.

En las filmaciones se podía ver al músico teniendo relaciones sexuales con otra menor de 15 años, a la que le prometió dinero y una computadora para que mantuviera silencio. La ex pareja de De los Santos ,al encontrar los videos y varios mensajes en el celular de su hija, fue quien realizo la denuncia en su contra que lo llevo a ser recluido en la cárcel “Las Rosas”, en el departamento de Maldonado.

La sociedad actual tiende a diluir cada vez más la frontera de lo público y lo privado; eso implica la comunicación muchas veces viral de este tipo de novedades que alimentan el morbo popular. Los prejuicios principales son para los involucrados, más aun en casos de menores de edad. “Uno podría pensar que no es bueno, pero lo cierto es que ocurren y como tal hay que tomarlo como realidades”, explicó Noboa.

Consultado sobre si era buena la exposición pública de estos casos de abuso, Noboa señaló que “hay que actuar en consecuencia, no desde la horrorización que ello implica, sino,desde la prevención y promoción del respeto por la vida propia, por el propio cuerpo, por la necesidad de un desarrollo pleno de las personas”.

Diego Baliño