Con el actor Alfonso Tort

EN TODAS LAS CANCHAS

 

Foto: perfil de Alfonso Tort.

El que medianamente lo haya seguido en su carrera, no diría que en algún momento aspiraba a ser jugador de fútbol. De hecho, pasó buena parte de su tiempo detrás de la pelota antes de tomar el escenario.Para los memoriosos que tengan a “25 Watts” como una de sus películas de cabecera, es inevitable verlo y no recordar al “Marmota chico”. Pero han pasado ya 15 años de aquella película dirigida por Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella. Y ahora Alfonso Tort (Montevideo, 1978) peina algunas canas tempranas y años de experiencia entre cine, teatro y televisión.

Intervino en teatro en obras como “El pecado que no se puede nombrar”, “Niebla”, “Berenice” y “Demonios”. En cine se lo vio en “Mal día para pescar”, “Crónica de una fuga”, “Capital: todo el mundo va a Buenos Aires” y “El 5 de talleres”. Hace un par de años también realizó, junto a un grupo de amigos entre técnicos y actores, “Danielito de Feisbuk”. Fueron seis sketches pensados para la plataforma Youtube, rodados en un día sobre un personaje tierno y solitario: Danielito, obsesionado con esa red social.

Su imagen proyecta lo que siente y lo que es como tantos actores uruguayos, a los que da la impresión que la fama no los ha tocado nunca y tampoco los tocará. Recibió a SdR en un enorme apartamento del Centro que comparte con su novia Lucía, alguien también ligado al arte, justo en el momento en que el sol de la tarde rompía el ambiente en el living comedor. Cuando Alfonso Tort se sienta, su gato “Brocha” se adueña de su pierna y resuelve dormir allí una suerte de siesta durante toda la entrevista.

Jugando de nueve

El actor nació en un hogar de clase media en Parque Rodó, con padres artesanos de juguetes en madera. Era el menor de tres hermanos. Según parece, Alfonso era bueno con la pelota (se confiesa hincha de Peñarol “a muerte”) desde chico. Llegó a jugar para Progreso y en primera división de Huracán Buceo como delantero. “Yo estaba en sexto de liceo cuando firmé contrato con Huracán Buceo para empezar la temporada en tercera división. Pasé de cuarta a tercera siendo titular y  pensé que después me iban a pasar a primera, y no fue así”. Tenía 17 años en ese entonces y el contrato equivalía a un sueldo decoroso. Ahí empezó a cuestionarse su futuro como jugador profesional cuando vio que las chances se le iban de las manos. Estudiaba y paralelamente tenía que entrenar y concentrar, por lo que ambas cosas no eran compatibles con su tiempo. Tuvo que tomar una decisión clave. Pero cuando optó por dejar el fútbol, se le pasó la fecha para inscribirse a la carrera de psicomotricidad, como paso siguiente al liceo, y de repente, se quedó sin el pan y sin la torta.

Eso lo dejó desorientado y ahí fue cuando su madre empezó a insistirle para que pensara en la carrera de actuación como para paliar el ocio y el bajón. Según confesó a SdR, nunca quiso ser actor, aunque reconoce que siempre fue medio “payasín”. Hasta el día de hoy Alfonso no sabe en qué se basó su madre para pensar que él podría ser un actor profesional en el futuro, cuando ni siquiera cumplía con la asiduidad de ir al teatro, ni tampoco había otro tipo de artistas en la familia. En esa época se hizo socio de Cinemateca, lo que luego reconoce que fue inspirador para su carrera. Cuenta que el apoyo de sus padres siempre estuvo, y hoy mira para atrás sin arrepentimientos de lo que pudo haber sido y no fue.

Del fútbol le vienen a la memoria recuerdos lindos, incluso alguno fuera de las canchas. Como anécdota, cuenta que solo dos de sus compañeros en Huracán Buceo llegaron a primera división y de ahí uno de ellos saltó a un club de los Emiratos Árabes donde terminó casado con la hija de uno de los dueños del club, un magnate petrolero. “Una vuelta vino a Uruguay y quedamos en encontrarnos todos con él para tomar algo. La noche fue larga y nos `mamamos´. Cuando ya estábamos resignados a que íbamos a tener que pagar una torta de plata, él nos dijo que estábamos todos invitados”, relata entre risas.

El ingreso a la Escuela Municipal de Arte Drámatico (EMAD), es definido por él como algo “muy loco”. “Imaginate que yo venía de los vestuarios donde el lenguaje es otro y se escuchan cosas como `tu hermana está divina´. El primer año fue muy divertido porque era como que no entendía dónde estaba. Me lo tomé como un gran juego porque, además, el ser actor implica que tengas que jugar”. Cuando estaba terminando el segundo año de la carrera empieza a rodar “25 watts” y le cae la ficha: entiende que ese era el camino que debía recorrer de ahí en más. Decide dejar sus estudios en psicomotricidad y empieza a construir el actor que es hoy.

En el ángulo

Su papel de Seba, el “Marmota chico” en “25 watts”, fue su primera interpretación en una película.“Uno de los productores era muy amigo de mi cuñado. Un día cayó a casa y yo estaba mirando Beavis and Butthead, cagándome de la risa. Él no sabía que yo estudiaba en la EMAD y ahí mismo me ofreció participar en un casting para una película. Fuí y después quedé”. Recuerda que comenzaron a rodar con gran incertidumbre. Contaban con el dinero necesario para concretar el proyecto, pero el proceso fue muy experimental ya que no sabían si iban a poder estrenarla tiempo después. Y más aún: ninguno de ellos podía imaginar la importancia que la película tendría a futuro. Sus directores, Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, recién egresaban de su formación en cine de la Universidad Católica y también para ellos era el inicio de un camino dentro del cine uruguayo que, a posteriori, recibió reconocimientos en Uruguay y en otras partes de Iberoamérica.

Más que nada, creo que la película significó un cambio generacional, un estímulo para la gente joven que en aquel momento no se atrevía a hacer determinadas cosas. El mayor de nosotros tenía 28 años. Fue como decir: ‘en este país de viejos, donde todo lo hacen los viejos, la gente joven ahora puede empezar a hacer cambios´. Y así fuimos la primera generación de jóvenes que se animó a salir y empezar”.

Si bien su estreno coincidió con el de “En la puta vida”, Alfonso Tort cree que la repercusión de la película fue llegando con los años, al punto de entrar -actualmente- a la categoría de películas “de culto”. Eso, a su criterio, es debido a la identificación que una determinada generación encontró en sus personajes y en la historia.“La idea nunca fue reflejar a la sociedad uruguaya. Simplemente queríamos contar algo que nosotros habíamos vivido, inclusive como clase media”.

Cambio de aire

Egresó de la EMAD en 2001 con 22 años. Quería salir de Uruguay y buscar otras posibilidades. El amor lo llevó a trasladarse a Buenos Aires y estuvo allí durante siete años. Al principio trabajó en un estudio jurídico y luego sí pudo incursionar como actor y vivir de ello, aunque decidió pegar la vuelta. “Sentía que tenía más pares artísticos acá que allá. No me gustaba vivir y crear en Buenos Aires y nunca terminé de aceptar la forma de ser de los porteños. El trabajo del actor allá pasa mucho por la fama. Muchos buscan eso y son muy pocos los espacios que encontrás donde apelen más a lo artístico”.

Su intervención en “25 Watts” fue decisiva para hacerse un camino en el cine. Realizó varias películas y publicidades. Pero lo que prima en la industria argentina, a su modo de ver, es “hacerse un nombre” y es la seguridad que les da a los directores recurrir una y otra vez a los mismos actores para así confiar en su experiencia previa con ciertos papeles. La realidad televisiva tampoco está alejada de esto. “Allá es muy difícil entrar a la tele sin haber hecho nada antes. Cuando estudiaba e iba a talleres, veía mucho lo de cuidar la imagen y a mí no me interesaba estar tan pendiente de eso o hacer cosas para determinado fin”. Distinto fue lo de su colega y compañero en “25 Watts” Daniel Hendler, quien hace años vive en Argentina y fue convertido en una suerte de “rockstar” por el público a partir de la ficción “Graduados”.

Mientras converso con él, Lucía colorea figuras sobre un papel como parte de su trabajo como diseñadora de arte. Ella va cambiando de color y sonríe ante alguna de las respuestas de su novio. Actualmente, Alfonso ve con optimismo lo que está ocurriendo con la industria cinemaatográfica a nivel nacional, aunque con carencias. La creación del Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU) durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez fue algo bien importante para los creadores que buscan subsidios para sus productos, organizar una agenda de producción y seleccionar proyectos. Gracias a éste, el año pasado se estaban rodando entre ocho y diez películas, aunque Tort insiste en que aún faltan cosas por hacer.

El actor también vuelca parte de su tiempo a la docencia de teatro en Primaria y a grupos de adultos. La enseñanza con niños, en particular, le permite reencontrarse con la carrera de psicomotricidad que optó por abandonar al descubrir otra vocación. “Con la docencia me pasa que no me cuestiono nada. Siento que estoy dentro de mi campo y eso es material de estudio para mí. Me estimula el proceso que hacen los niños en la actuación, más allá de lo que ellos simbolizan. Me gusta tratar de entender para qué les sirve el teatro y cómo se traduce eso en un adulto”.

En noviembre parten para México junto a su novia por un proyecto puntual del que no dio detalles. Adelanta que, previo a su partida, va a rodar una ficción uruguaya, “De rotos y descosidos”, un proyecto que finalmente ve la luz después de tres años de espera. Luego, otro que involucra a su novia como realizadora sobre la violencia, y una película con su amigo el “Garza”, Adrián Biniez, director argentino de películas como “Gigante” y “El 5 de talleres”.

Inevitablemente, me queda preguntarle qué piensa sobre la fama. Dice no interesarle en lo absoluto, pero reconoce que si en México eso lo cotiza como actor y lo ayuda a ahorrar, volvería a Uruguay y montaría un teatro propio. De esta manera devela uno de sus anhelos. Con el formato de telenovelas que surgen año a año en en ese país, resulta cómico ubicarlo con algún personaje que cuadre dentro del típico galán. No por sus condiciones, sino por escucharlo hablar en alguna especie de español “neutro”, a lo que él lanza su carcajada inmediata. “Brocha” duerme, ni se inmuta.

Cecilia Aguiar