La 38ª Feria Internacional del Libro llegó a su fin

ENTRE LA DEBILIDAD Y LA PASIÓN

 

Foto: Cámara del Libro

No siempre fui así. Mis pasiones cambiaron a lo largo de los años. Pero actualmente ellos son mi frenesí. Si bien había comenzado hace ya varios días, pude asistir el último día, a última hora. Llegué, como quien llega tarde al trabajo, ansiosa, preocupada por arribar a destiempo, con miedo de que las puertas se hubiesen cerrado.

El domingo estuvo cargado de inquietud. Pasé el día esperando que llegaran las siete de la tarde. El tránsito se hizo incontrolable a esa hora. Autos y más autos volvían de sus vacaciones en el Este, tranquilos, sin aumentar en demasía la velocidad, dirigiéndose nuevamente a la rutina. Y ahí estaba yo, intranquila e impaciente, intentando llegar y así poder disfrutar, al menos, las dos últimas horas.

El tiempo parecía estar en mi contra. Veinte minutos estuve dando vueltas y vueltas por las inmediaciones del lugar. Finalmente, a tan solo dos cuadras de allí, encontré un espacio para estacionar.

Una gran entrada de colores me dio la bienvenida. Por fin había llegado a la 38ª Feria Internacional del Libro que se celebra año a año en la Intendencia. Con tan solo una mirada encontré cientos de personas como yo: jóvenes, adultos e incluso niños habían ido hasta allí para disfrutar de las historias que cada libro esconde. Pero al igual que yo, estaban fastidiados por la multitud que no les permitía regocijarse completamente en cada stand, en cada libro, en cada hoja.

Una tapa ilustrada con macarrones de todos los colores; otra con una mujer rubia, de vestido rojo, ajustado, que mostraba la parte trasera de su cuerpo, titulada “La farmacéutica”; fueron los libros que me recibieron en el primer stand, y que provocaron en mí una extraña frustración.

Resultaba imposible hacer una búsqueda meticulosa en cada puesto; en cada paso que daba me encontraba interrumpida por las personas que estaban a mi alrededor.  Así fue que decidí dar pequeños pasos, y mantener la mirada atenta para encontrar al menos un libro que me atrapara. No importó cuán diminuto fuera mi caminar; sin intención choqué, producto de mi torpeza irremediable, a más de una persona, y mi bolso derribó más de una torre de libros.

Nada me convencía. Fue después de varias miradas que hallé un conjunto de libros que llamaron mi atención. En el stand de la Udelar compré los primeros tres. Mejor dicho: compramos. Porque nada se iguala a compartir una pasión, y porque los delirios compartidos con él me hacen sentir mucho más cuerda.

Determinados carteles llamaron mi atención y me invitaron a reflexionar: “3 x $100”, “Todo por $50”, “Outlet de libros”. Cientos de libros esperaban, en cajas de madera, a ser descubiertos. En mi cabeza se hizo constante una sola pregunta: “¿Habrá algo que realmente valga la pena allí?”, así que me animé y busqué una respuesta. Después de tanto indagar, encontré entre ellos, a Onetti. ¿Por qué estaba ahí, escondido, sin el valor que se merece? Creo que nunca lo sabré.

En el minucioso recorrido por la feria pude descubrir una gran cantidad de libros que alimentaron mi curiosidad, y ante ellos fui sumamente débil. Diez nuevos libros reposan hoy en nuestra biblioteca, prontos para ser explorados. Las responsabilidades me impiden disfrutarlos ahora, pero esperaré con ansias el momento en que pueda indagar cada hoja y cada historia.

La 38º edición de la feria corroboró lo que hace ya algún tiempo estaba rondando por mi pensamiento: la política fue invadida por la farándula. En los outlet, en los destacados, en cada lugar a los que mi mirada se dirigía, encontraba historias, biografías, crónicas y todo lo que pudiese imaginar de políticos de todos los sectores.

El ruido de la cinta adhesiva utilizada para embalar los libros avasalló el ambiente. A las diez en punto, la Intendencia se fundió en un aplauso por parte de todos los que allí estábamos, dándole fin a la feria del 2015.

Valentina Caredio