Contaminación por plomo en Uruguay: un “ladrón de inteligencia”

QUÉ PLOMO

 

El equipo de fluorescencia de rayos X mide la concentración de plomo en el suelo. Foto: Intendencia de Montevideo

Quince años pasaron desde que se registró el primer caso de contaminación por plomo en el barrio de La Teja. Aunque hoy es un tema silenciado y del que poco se sabe, las cifras demuestran que el problema aún está latente en Uruguay. Desde que comenzó a funcionar en octubre de 2010 la Unidad Pediátrica Ambiental (UPA, dependiente de ASSE y del Departamento de Toxicología de la Facultad de Medicina), han evaluado más de 400 pacientes contaminados por plomo, dijo en diálogo con SdR Darío Pose, médico toxicológico y coordinador de la UPA. “De los contaminantes que abordan frecuentemente, este metal es el que más consultas tiene”, agregó.

Pose expresó que se considera que está en riesgo la salud cuando los niveles de plombemia son mayores a cinco o diez microgramos de plomo por decilitro de sangre. “Todas las personas pueden tener una contaminación menor a cinco en su organismo, porque el plomo forma parte del aire que respiramos, del agua que bebemos. Por eso, hasta cierto grado de exposición, la contaminación es admisible”. De los 400 casos registrados por la UPA durante 2011-2014, “un 20 por ciento tenían niveles de plombemia de preocupación (mayores de diez) y un 40 por ciento tenían niveles de acción (cinco)”, declaró a SdR la doctora Amalia Laborde, directora del Departamento de Toxicología e integrante de la UPA.

El plomo es considerado un “ladrón de inteligencia”, porque su principal efecto sobre los niños, además de anemia, “es la alteración de su desarrollo neurológico. Afecta a la inteligencia, a la capacidad de aprendizaje y a otras funciones cognitivas, por ejemplo, la visión o la capacidad auditiva”, comentó la médica. Estas secuelas pueden no ser notorias, ya que los padres no conocen el grado de coeficiente intelectual que tiene su hijo. Se perciben con mayor facilidad “en poblaciones que tienen otros factores adversos: mala nutrición, mal estímulo intelectual, vivencias y situaciones afectivas de sufrimiento. Por eso la población más vulnerable son los niños que viven en la pobreza o en el abandono”.

Según Laborde, “no hay una manera fácil, rápida y sin riesgos para curar a las personas que tienen plomo en sangre. El objetivo primero, cuando se detecta un niño con plomo, es buscar la fuente de contaminación, porque si la exposición es permanente los niveles de plomo en el cuerpo aumentan demasiado. Por lo tanto, hay que detener el ingreso y bajar el nivel”. El plomo queda alojado en el hueso entre siete y veinte años. No es como otros tóxicos que cuando ingresan al organismo lo afectan durante un corto tiempo pero luego se eliminan. En casos de altos niveles de plombemia “se podrían utilizar algunos medicamentos que logran sacarlo rápidamente de la sangre para que no siga actuando”. Pero cuando se quita el plomo de la sangre, “se moviliza al hueso” y lo que allí estaba alojado, comienza a enviarse hacia la sangre nuevamente.

Por otra parte, es necesario que el niño contaminado y su familia tomen ciertas medidas para no aumentar la absorción de plomo. Consultada por SdR, la licenciada en nutrición, Laura Pintos, dijo que se debe “mantener una alimentación adecuada en calorías para la edad, con aportes de calcio y hierro, así como mejorar la higiene de los alimentos y la higiene personal, con un adecuado lavado de manos”.

Causas

Uno de los factores más predominantes de contaminación es la quema de cables para obtener el cobre y luego venderlo. “Esto deja un impacto de plomo en pequeñas áreas del suelo”, las llamadas “manchas negras”, explicó el geólogo Hugo González, encargado del sector Suelos de la Intendencia de Montevideo (IM). Esta práctica “está relacionada con condiciones socioeconómicas difíciles porque es una actividad que se hace para sobrevivir”, añadió Gabriella Feola, directora del Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental de la IM.

El “hábito de pica” que tienen algunos niños, que implica ingerir sustancias no alimenticias como tierra, genera que sean muy vulnerables a la contaminación por plomo. “Se calcula que un niño que juega en un ámbito donde hay tierra puede llegar a ingerir unos 400 miligramos de tierra por día. Y, si está contaminada por plomo, este ingresa al organismo a través de la vía digestiva”, indicó Laborde. Además, los niños absorben 50 por ciento más que los adultos.

Los expertos entrevistados coincidieron en que también son elementos contaminantes las pinturas y cañerías de agua viejas que antes contenían plomo, los aceites y las baterías de los autos. Otra fuente es la acumulación y quema de chatarra eléctrica y electrónica, de donde también se sacan metales con fines comerciales. Asimismo se encontraron terrenos rellenos con residuos industriales que las fábricas descartaban y los vecinos, sin saber que podía ser nocivo para la salud, los tomaban para nivelar sus terrenos. “Ese fue el caso de Rodolfo Rincón, un asentamiento de la zona de La Teja, que fue remediado y se realojó al 80 por ciento de la población”, contó Feola.

Qué hacer

Según lo explicado por Feola, es natural que en el suelo haya plomo, “nunca hay concentración cero”. En uso residencial, se considera contaminado un suelo que tiene una concentración de 400 miligramos de plomo por kilogramo de tierra, según lo que establece la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Para conocer el grado de plomo la IM cuenta con un equipo portátil de fluorescencia de rayos X que les permite hacer las medidas en el momento y tomar rápidas decisiones.

Una vez que se detecta suelo contaminado se remueve y se reemplaza por suelo limpio, como balasto y arena de canteras. “En un día se solucionan varios metros cuadrados en distintos lugares de los asentamientos”, aseguró el geólogo. No existe una alta concentración de plomo que impida que un suelo pueda ser recuperado. Pero sí puede haber un inconveniente por los altos costos que ocasiona, “nos ha pasado de dejar de lado un sitio y ahora empezar a encararlo, por los cambios tecnológicos que abaratan costos”.

En el período 2013-2014 se realizó un proyecto de recuperación de la cuenca baja del arroyo Pantanoso; se remediaron ocho asentamientos. Este proyecto se financió con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), a través de la Alianza Global para la Salud y contra la Contaminación (GAHP, por su sigla en inglés). “Fueron 80 mil dólares, con los que se compró el equipo de medición de plomo en suelo y un equipo Lead Care, para la determinación de plomo en sangre”, indicó Feola.

González relató que en sus recorridos por los lugares ya remediados encontró que “algunos se mantienen limpios y en otros, lamentablemente, se perdieron los logros; es gente a la que es difícil llegar”. Feola agregó que “es un proceso complicado pero hay que insistir y trabajar de forma multidisciplinaria e interinstitucional, para atacar esas causas de manejo informal de residuos y buscar alternativas viables”.

En cuanto a lo que sucede en el Interior, ninguno de los especialistas consultados supo responder con exactitud cuántos casos se registraron. Las informaciones que tienen se basan en datos que les proveen otros actores. Pero indicaron que se encontraron casos en Salto, Colonia, Soriano, Maldonado, Minas y Canelones.

Principio sin fin

Laborde declaró que, si bien la cuestión salió a la luz a raíz de los casos ocurridos en La Teja en el año 2001, ya en 1995 se tenía conocimiento de trabajadores y niños contaminados. “Había una negación muy importante en esa época, pero cuando aparece en La Teja, se trataba de un barrio con una larga historia de lucha sindical, de una población muy acostumbrada a reclamar por sus intereses”. Entonces, “lo que lo puso en la agenda de Salud Pública fue la demanda social, no los casos, porque los casos no eran peores a los que nosotros habíamos visto antes”.

Desde entonces pasaron casi quince años. La contaminación por plomo en Uruguay no solo aún existe, sino que parece algo de nunca acabar. González reconoció que no ven el fin del problema. “Mientras haya gente arriba de Montevideo, vamos a tener que seguirlos, monitorearlos y continuar trabajando”.

Texto: Noelia Martínez
Producción: Noelia Martínez / Silvana Pereira