El caso del clan Puccio llega con éxito a los cines

NEGOCIO DE FAMILIA

 

Fotograma de El Clan.

Da la impresión de que el cine argentino está pasando por uno de sus mejores momentos. El último batacazo probablemente haya venido de la mano de los hermanos Almodóvar, quienes han forjado una carrera llena de éxitos en conjunto con argentinos desde hace décadas, en 2014 con “Relatos Salvajes”. Este año, los españoles redoblan la apuesta con “El Clan”, una película basada en hechos reales, que logró superar en recaudaciones a la anterior durante el primer fin de semana, luego de su estreno en agosto, en más de 200 salas de Argentina.

Pablo Trapero -dirigió “El bonaerense”, “Carancho”, “Elefante Blanco”- es esta vez el encargado de contarnos, a su manera, una parte de la historia argentina reciente digna de ficción, y tal vez, la más siniestra y violenta de los últimos 34 años. Según confesó el director en conferencia de prensa en la última edición del Festival de Cine de Venecia, siempre supo que quería contar esa historia     “desde el momento en que empecé a estudiar cine. Para mí era un desafío hacer verosímil una historia que parecía inventada. Es además mi primera película de época“. De esta manera, la película supone ser uno de los proyectos más arriesgados y ambiciosos de su carrera, si no es el único, por varios motivos.

Con “El Clan”, Trapero vuelve a insistir con su cine realista mediante un gran desempeño, confirmando del todo ser uno de los mejores exponentes de su generación. La historia nos retrotrae a comienzos de la década de los 80, sobre el final de la dictadura argentina y posterior gobierno de Raúl Alfonsín, concretamente, al “paqueto” barrio de Lomas de San Isidro.

Arquímedes Puccio, interpretado por un Guillermo Francella que convence con creces, es un manipulador jefe de familia que supo servir como miembro de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) durante la última dictadura y que, próximo a la democracia, comenzó a cranear una seguidilla de secuestros extorsivos con la complicidad de su familia, con un claro cometido económico y no político como podría llegarse a pensar. Solo en apariencia, la fachada de los Puccio lograba ser tradicional y de buenas costumbres. Alejandro, el hijo más grande de la familia, interpretado por un muy eficaz Peter Lanzani, es el personaje inseguro y contradictorio de la historia, es quien ayuda a su padre a identificar a las víctimas. También integra el mítico plantel de la selección argentina de rugby: “Los Pumas”. Su personaje, torturado, transita un debate entre seguir y dejarlo todo, porque internamente sabe todo lo que ha logrado siendo participe de esas atrocidades. El dueto padre-hijo logra transmitir con gran realismo esa relación perversa y enfermiza que, en la realidad, suponían llevar.

Puesto que no hay suficiente material que documentaran los hechos, Trapero tuvo que apelar a los testimonios de familiares y testigos cercanos a la historia con el fin de lograr una versión lo más real y fiel posible y, por esto, se convierte en uno de los directores más jugados. Vale destacar que en el realismo puesto para contar su relato, el director logra mantener el ritmo desde el inicio sin tergiversar o sobredramatizar la trama, exhibe la violencia, aunque no en forma explícita o morbosa, lo cual también es un punto indudable a su favor.

Del Francella en su registro cómico no queda ni el recuerdo en la piel del frío y calculador Arquímedes, un personaje líder, absolutamente convencido por la causa y dispuesto a todo, aunque eso implicara arrastrar a su familia. El actor sorprende con su interpretación y rompe con años en la comedia, aunque eso ya estaba siendo logrado con papeles drámaticos en “El secreto de sus ojos”, o “El atraco”. El resto del elenco, rinde muy bien en lo interpretativo y logran un gran trabajo coral: una familia sumisa y en apariencia normal, que intenta todo el tiempo autoconvencerse de que lo hecho por su padre, era por el bien de todos.

En este punto sería injusto no destacar que el sólido trabajo actoral deviene también de una gran dirección de actores por parte de Trapero. Hay otros aciertos, como la banda sonora y la aparición de tomas secuencia, que permiten transmitir la intensidad necesaria en algunos momentos de la película, así como algunos discursos de Raúl Alfonsín que sirven como para contextualizar. Si el objetivo inicial era construir una crónica que nos ubicara en la época y en los hechos perpetrados por el clan Puccio, el resultado fue satisfactorio y convincente, con virtudes más que defectos.

Sobre el final, es inevitable que sobrevenga el gusto amargo con que queda el espectador. La impunidad con la que operó esta familia durante esos años, una desvalorización absoluta por la vida humana -tres rehenes muertos de los cuatro secuestros perpetrados- y un Estado que hasta hoy no pudo reparar el daño sufrido por los familiares de las víctimas debido a que los involucrados recuperaron la libertad gracias a legislaciones permisivas.

La película seguirá recorriendo el mundo entre carteleras y festivales (viene de ganar el León de Oro en Venecia a la mejor dirección), incluyendo la representación de Argentina en la preselección de los próximos premios Oscar. Habrá que esperar a febrero para saber si la película corre la misma suerte en Hollywood que tuvo “El secreto de sus ojos“, al ganar el galardón de mejor película extranjera.

Cecilia Aguiar