Aprender en el entorno rural educativo

DE VISITA

Foto: Valentina Noboa/ SdR.

“Así es mi escuela, la escuela rural nº 41 del poblado Aramendía, ubicada en el departamento de Lavalleja sobre el kilómetro 234 de la ruta nacional Nº8. Somos 27 alumnos que trabajamos en dos salones. En uno desde los cuatro años a segundo, en otro de tercero a sexto, también hacemos actividades en el patio, el jardín, la galería y la huerta con la ayuda del señor Justo Fernández.  Tenemos clase de gimnasia y expresión artística, jugamos al fútbol, básquetbol, agarradas y mancha”. Ella es Milagros, una alumna de la escuela rural; y este es parte de su discurso ante el público de la Expo Prado 2015, en su evento inaugural.

Dos concepciones son las que utiliza la educación en las escuelas rurales de Uruguay. La primera es el vínculo con lo rural, más específico con la relación entre escuela-comunidad y lo que esto genera. La segunda es la didáctica del multigrado, como cuenta la directora/maestra de la escuela del balneario Playa Verde, Laura Dos Santos. ​“ La propuesta rural es nuclear en un grado con un solo docente varios grados, donde se da la circulación de saberes, se trabaja en conjunto, seleccionando contenidos para que todos puedan trabajar”. Agrega que para que una escuela sea considerada rural debe tener menos de 100 niños. También deben tener un espacio destinado al entorno rural.

En el caso de la escuela Nº 41 de Aramendía, tienen un encargado de realizar las tareas del jardín y talleres de huerta. En la escuela Nº 75,  de la zona de Playa Hermosa, existe el espacio para realizar talleres de huerta, aunque se ha perdido con los años, ya que no poseen personal capacitado para este trabajo. La cantidad de niños no permite que se desarrolle y el tiempo pedagógico no es suficiente para esta actividad. Laura Dos Santos dijo a SdR que ​“se ha propuesto un proyecto para que se realicen talleres de huerta pero que ni primaria ni la comunidad han puesto iniciativas en realizarlo”​.

La escuela Nº 75 comienza su jornada a las 9: 30 am, cuando llegan desde diferentes direcciones niños que asisten a la escuela para tomar el desayuno –leche y galletas- que prepara Perla Peña, suplente encargada de la cocina. Perla cuenta que el menú de los niños es variado, entre los platos están el salpicón de pollo, tallarines con tuco y el pastel de carne, todos estos con las indicaciones de una nutricionista que visita la escuela una vez cada tanto para ver que éstas se cumplan.

Se realizan beneficios a cargo de cada comisión fomento para costear los gastos mínimos en estos centros de enseñanza, mientras que la alimentación, combustible, limpieza y demás, están a cargo del Consejo de Educación Inicial y Primaria. Alejandra Sención, una de las maestras de la escuela, contó a SdR que “este año la familia vecina nos acondicionó los salones y colocó aires acondicionados en los diferentes espacios”​.

Otro aspecto importante es la política educativa que habla de integrar. En el caso de la escuela Nº 75 se dan situaciones de niños con dificultades de aprendizaje. Hubo un caso de un niño que se integró con capacidades diferentes, pero no físicas. El consejo de Primaria previó en la infraestructura de la escuela un baño para personas minusválidas y una rampa en la parte trasera del edificio, en caso de haber una persona con capacidades diferentes físicas. Dos Santos dijo que ​“es un tema a discusión porque los docentes no nos sentimos preparados para trabajar en las aulas con niños integrados, solos sin un apoyo. En tal caso deberíamos contar con alguien capacitado para ayudar en el desarrollo diario”.

La mayoría de las escuelas rurales son parte de antiguos cascos de estancias de familias que donaron ese espacio para que se pudiera educar a los niños de la zona, como lo es la escuela Nº 75 de Playa Verde, ubicada en la falda del Cerro de los Burros, la cual pertenecía a la familia Lamas y se conocía como “Castillo Lamas” lugar donde el doctor Alfonso Lamas recibía a sus pacientes.

Valentina Noboa