Con Atilio Perez da Cunha, “El Macu”

MACUNAÍMA: UNA MARCA REGISTRADA

Foto: Katia Colina/ SdR.

Llegó a la hora acordada. Resfriado, pero con su sonrisa característica, esas que van de oreja a oreja. Alegre de encontrarse con una vieja conocida. Su apodo alude a un hombre que nació adulto, el creador del mundo y de las razas, según cuenta la leyenda tupí. Supo cómo cargar con el apodo que le fue puesto desde niño, y que hoy ya es una marca registrada, una característica inseparable de él: Macunaíma.

Un año exacto después del recordado Maracaná, nació Atilio Perez da Cunha. Cuando era pequeño, su abuela lo empezó a llamar por ese apodo tan característico, un nombre que a “El Macu”, como le dicen ahora, le daba mucha rabia, pero que con el tiempo lo aceptó y lo incorporó a su vida.

Es escritor, periodista, publicista y docente. Su apodo es conocido en el ámbito de la comunicación por su rol de publicista, pero también de periodista. “Son dos cosas distintas que van juntas, es curioso porque a veces se retroalimentan”, expresó con una leve sonrisa en su rostro. Hoy está abocado a ambas ramas, sin dejar de lado la docencia y la escritura. Trabaja en la radio del Estado “Emisora del Sur”, tiene sus propios clientes de publicidad, pero nunca dejó de lado su faceta como escritor. “O escribo en Facebook en serio, o empiezo a escribir un poema, o escribo algo de narrativa, pero todos los días me entreno”.

Luego de tres años, volvió a la Universidad de la República. Sentado a un costado del escritorio del docente transcurrió la entrevista. “El hecho de que esté aquí y ahora es un hecho puramente casual, porque en el Consejo Directivo en la facultad (FIC) había interés que diera clase de creatividad”, manifestó. Una causalidad más que casualidad que le permitió volver a la UdelaR, institución a la que está muy apegado desde el golpe de Estado cívico militar de 1973 .

-¿Darías aquí clases de periodismo?

- Bueno…es distinto, porque yo puedo hablar de la publicidad porque me he preparado mucho. Traté de formarme desde el punto de vista teórico para poder tener mejores herramientas. A medida que van pasando los años, van apareciendo nuevas generaciones y nuevas cosas, entonces me di cuenta que la única forma de sobrevivir era capacitándome. Sin embargo, de periodismo y de teorías periodísticas leo mucho, pero no sé si estaría facultado. Creo que alguien debe reconocer sus limitaciones, yo me siento un hombre plural.

Llegó a la publicidad por un pequeño error que lo salvó. Durante la dictadura se tomó un ómnibus equivocado. y fue allí donde se encontró con un antiguo compañero del IPA, carrera que debió abandonar al comienzo del golpe. Él lo invitó a probar suerte como redactor en Gatti publicidad, hizo una prueba y quedó. “Estuve varios meses mintiéndole a mi mamá, porque ella me decía que no podía agarrar un trabajo si no sabía lo que tenía que hacer”. Pero se animó a correr riesgos y sus decisiones tuvieron sus frutos y lo siguen teniendo hasta hoy.

-¿Cómo fue vivir y trabajar en la dictadura?

- Fue muy duro, muy duro. Yo debería sentirme privilegiado, porque estuve preso del lado de afuera. A mí no me llevaron preso, no me torturaron, solo perdí mi calidad de estudiante en el IPA. Había que vivir todo el tiempo con la sensación de que estabas dentro de la casa de un “Gran Hermano”, perverso, hijo de puta. El mismo día del golpe de Estado yo ocupé la Universidad, estuve en los 15 días de huelga. Después tratamos de vivir como pudimos, tratamos, sí, de no traicionarnos y de no traicionar. Creo que lo logré, salí de la dictadura sin ninguna mancha.

La publicidad lo decepcionó. Ideas muy pobres, incluso a veces campañas sin ideas, fueron desencantándolo de su profesión. Todavía existen, a su parecer, anuncios sexistas. “Si una campaña sobre el vientre plano se convierte en un ícono, que hace sentir a las demás mujeres que no merecen estar sobre el planeta tierra, me parece un elemento descalificador y me parece que también tiene la culpa la publicidad por alentar esa especie de mitos”.

Trabajó en el área de la publicidad con todos los partidos políticos, y manifiesta que lo pudo lograr, ya que no aceptaba propuestas que violentaran sus principios. “No gana la elección una buena campaña política, pero una mala propaganda te puede hacer perder votos y te puede hacer perder una elección”, expresó. Pero este año dejó atrás la propaganda; con nostalgia contó que “ya no haré ninguna más durante lo que me queda de vida, ya no tengo muchas ganas”.

“Macu” tiene una gran cantidad de anécdotas para contar, podría pasar horas narrando los encuentros con personas muy importantes a nivel nacional e internacional. Pero para culminar la entrevista decidió recordar a Moacir Werneck de Castro, un intelectual, periodista, hombre de izquierda, y amigo de Fidel Castro y de Liber Seregni. “Yo fui a su casa a propósito de un trabajo que hice para un gobierno de turno que no era de mi fuerza política. Él trataba a todo el mundo con mucha educación, pero casi no formuló opiniones política. Él no sabía quién era yo y me moría por decirle quién era, que no me pusiera en la misma bolsa que los demás. Y en un momento le dije yo soy fulano de tal, me dicen Macunaíma, soy tal cosa y pertenezco a tal cosa. Él quedó muy emocionado y me llevó a su biblioteca, que era monstruosa”. Con emoción contó sobre el obsequio que de Castro le dio: “Sacó un libro que todavía conservo, una biografía de Mario de Andrade, el autor de Macunaíma, y ese es un recuerdo que tengo muy fuerte”.

Valentina Caredio