Jorge Tiscornia y su participación ene la investigación sobre el tapiz del MLN

EN BUSCA DE UN TIEMPO PERDIDO

Jorge Tiscornia cuenta su investigación. Foto: SdR / Sofía Umbre

Jorge Tiscornia me recibió en su casa una de las primeras tardes soleadas que anticipó el verano después de tanta agua. Bajamos a una especie de sótano esmeradamente remodelado, con el estilo propio de un estudiante -mucho más que estudiante- apasionado por la arquitectura. Los barcos de gran tamaño construidos por el ex tupamaro mientras estaba recluido en el Penal de Libertad en época de dictadura atraen a los ojos en primera instancia. Me cuenta que los hizo con escarbadientes, cada mínima tablita de barco son dos escarbadientes lisos y trabajados. Otras partes con madera, y la punta de los cañones que asoman desde la borda se hicieron con papel de calco enrollado a la medida. El ocio es la mejor de las armas para construir dentro de la cárcel, desde un barco, hasta una fuga, hasta un tapiz con un código secreto.

Recostado sobre una pared y encuadrado en vidrio, reconozco el tapiz de lana y arpillera que tejió un preso del MLN, donde los colores representan letras y puede leerse un mensaje encriptado. Ante mi iniciativa, obvia, trillada, de comenzar por el principio, se dirige a una biblioteca que se oculta en una falsa pared, toma un libro envuelto en algo así como papel film y lo deja caer en la mesa ratona que nos separa.

—Esto es el principio

Desconcertada, mirando el libro de bolsillo que dice “EVA”, sin entender si es un chiste cristiano, si tengo que leerlo, si al menos debería reconocerlo. En esos segundos entiendo. Me vuelvo y miro el tapiz. El diseño del libro es efectivamente el mismo. Tiscornia sonríe.

—Esto y el informe, son parte de un libro que estoy haciendo. El informe que salió, se hizo en el marco del Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería. Es un trabajo técnico de la facultad y se tenía que publicar.

— ¿Quiénes lo hicieron? ¿Estudiantes?

— No, el que lo hizo fue Juan José Cabezas, que vos no te vas a acordar porque no eras nacida, pero fue compañero del MLN. Sufrió un accidente con una bomba, le explotó en el garaje de la casa. El MLN lo rescató después del Hospital de Clínicas, siguió militando en la organización, ahí yo lo conocí y trabajé con él. Después salió para Chile, Cuba, y en Suecia se recibe de computación. Vuelve en el 86 a Uruguay. Salido de la dictadura, esa carrera en computación era saber manejar Windows porque no había nada. Entonces cuando vuelve, lo nombran director del Instituto de Computación. Hoy sigue estando ahí, no de director, pero sigue ahí.

— ¿Cómo te encontraste con el libro?

— Alguien me lo trae y me dice que son compañeros que no se sintieron bien guardándolo por 35 años. Entonces como yo he venido trabajando con la memoria hace años -con Vivir en libertad, el Almanaque y Nunca en domingo- me lo tiraron y me dijeron “a ver qué podés hacer con esto”. Empecé a investigar y llegué a saber que dentro del Penal se había hecho ese tapiz.

— Perdón, este libro, ¿qué viene a representar?

— Eso es el recuerdo de un mensaje que vino desde Europa y entró al Penal de Libertad

—¿Esto entró al penal?

—Sí. El tapiz es consecuencia de libro. A mí me llego primero el libro, me explicaron qué había pasado.

—¿Por qué estaba guardado?

—Estaba guardado porque eso en Europa fue un trabajo clandestino que le encargaron a tres compañeros que tenían que hacer su tarea. Y acá la historia tiene caminos oscuros y la memoria está bravísima. La gente se acuerda de algunas cosas y después hay que enfrentarlo a algunas realidades. Yo estoy absolutamente seguro de que ese libro como tal nunca entró al Penal ni nunca pudo haber entrado, ni siquiera remotamente porque la tapa no condice con lo que dice el libro, tiene un título distinto. Y si hubiera entrado al penal, en la página 30 o 34 tendría un sello de censurado, entonces nunca entró, empecé a investigar eso.

—¿Qué dice?

—El libro es un contenido de lo que pasaba en Europa pero tal vez mucho más con informes personales. Seguramente haya más informes con seudónimos sobre lo que se estaba viviendo. En fin, la investigación da que se hizo un libro, que se mandó al Penal, fue rechazado, y como respuesta a eso se hace una cuadernola, completamente vacía. Con la particularidad de que la tapa tenía ese diseño. Eso está confirmado que sí entro al Penal y sí se leyó. Pero este libro los compañeros de Suecia lo guardaron como respaldo del trabajo que habían hecho.

—¿Cómo llegó a hacerse esto si se sospechaba que el tapiz no había llegado al exterior?

—Se hizo con este juguete popular de Suecia. Es lo que usan los niños suecos para dibujar. Los niños hacen dibujos con eso y después los padres le pasan una plancha y queda todo consolidado. Yo me hice traer uno. Pero, ¿cómo pueden armar esto si no conocían aquello? Para que alguien pudiera decodificar eso, se usaron dos vías. Primero: la visita, incluida la visita de niños para que recordaran tres palabras de seis letras: MARKOS, DINTEL, JUPVHF.

Un compañero, el Chichí Cámpora, después de mucho andar por el Penal, se va en libertad. Se le dijo la clave, la memorizó y se fue a Alemania. En el transcurso, en jefatura, lo escribió en un papelito. Cuando va en el viaje de jefatura al aeropuerto con el embajador alemán, vio complejo el panorama y se tragó el papel, ahí se compromete del todo. Llega a Alemania, estuvo internado varios meses con tratamiento psiquiátrico y… se olvidó de la clave. Después de un tiempo, ya recuperado, andando en un tren de Europa recuerda la clave y la anota. Entonces confecciona él mismo ese informe, elige tres compañeros que pensaba que eran de confianza, a uno le hace pasar a colores la clave y a otros a hacer esto: el libro.

— ¿Quiénes eran?

—Estaban todos en Suecia en el exilio. Uno es González, ya fallecido, Dubra, la hermana de Arturo, y Bolívar Enciso, que es el que se encarga de pasar el informe a colores. Había que pasarlo a offset, fotografiarlo, separar los colores para mandarlo a imprimir y en esa época recién empezaba. Uno de ellos trabajaba en una imprenta y logró hacerlo. Ahí hay dudas, yo tengo dudas, porque el offset es justamente para hacer cientos de impresiones por minutos, y ellos precisaban una. Yo presumo que se hizo en la clandestinidad, que se quedaba después de hora en la imprenta donde trabajaba…

—¿Y si no? ¿Qué otra teoría tenés?

—Y no tengo otra… que hicieron unas pocas y tiraron el resto. Porque una no se puede hacer, en offset no. Por lo menos dos había, una de respaldo y otra que mandaron. Ahí, si vos miras aquello -el tapiz y esto, el libro- hay un contenido de negros u oscuros mayor. Porque al rehacer la clave hay un error, que lo detecta el que lo lee en el Penal. Cuando se da cuenta de que no lo puede leer y está 15 días de corrido buscando cómo podía ser la clave, hasta que la encuentra y logra leerlo. Aparentemente se trataría de que, como son 6 colores y en offset es muy difícil hacer colores, había que empezar a sobreponerlos y era un lío. Pueden haber elegido, esa es la versión, dos o tres puntos negros en la vertical.

Bueno, encuentro el tapiz en la casa del compañero que lo confeccionó y que se supone que se mandó a Europa. Mi primera pregunta es cómo está acá de vuela, y si salió, cómo volvió.

—¿Te consta que haya salido del país?

—Lo que me consta en mi investigación es que nunca se leyó. Porque al que llevó la clave le pregunté sobre el tapiz y cómo lo había encontrado. “¿Qué tapiz?”, me contestó. Y, “¿cómo qué tapiz?”, le dije. “Vos te llevaste una clave para leer un tapiz”. “No, yo nunca leí ningún tapiz, vi ningún tapiz, nunca nada”, me contestó. Entonces si el que llevaba la clave nunca lo leyó y el tapiz está de nuevo acá: de acá no salió nunca. La vía que se iba a utilizar para sacarlo era la hermana de un compañero, que era de otra organización política, que estaba completamente de punta con el MLN.

—Pero su hermano era del MLN…

—Exactamente, el hermano es el autor del tapiz y es el que pone, para darle un respaldo, “ahora soy yo el que manda” para que hubiera una relación personal, y la otra dijera en definitiva; “sos mi hermano”.

—¿Y la hermana de quién era?

—Ricardo “la Gata” García fue el que hizo el tapiz, lo sacó y me lo dio.

—¿Lo hizo solo?

—Lo tejió él, pero el informe era entre cuatro o cinco, que estaban en el segundo piso. Dentro del penal -a su vez dentro del MLN- había diferentes tendencias, diferentes enfoques divididos por la autocrítica. Este informe está hecho por los más ortodoxos. Lo escribieron, este compañero pasó primero el informe a colores en un papel cuadriculado y después empezó a hacer ese tapiz porque hacia tapices con lana y arpillera. Es complicadísimo, por eso el asunto de hacer un libro. Y además es en cierta medida, después de 35 años, leer un informe que nunca fue leído afuera del Penal. En cierta medida son elementos que entran y salen pese a toda la seguridad del Penal sin que las autoridades lo puedan detectar.

—¿Cuáles fueron las dificultades?

—La única dificultad fue que hubo un primer libro que fue rechazado. Era difícil, hay un primer tropiezo, tratar de entrar un libro que no entró. La cuadernola entró porque era una cosa vacía, que fue destruida después.

—¿En qué parte del segundo piso estaban?

—Ese informe se hizo en el segundo ‘A’, con celdas de a dos.

—Tenía un compañero de celda, ¿también participó?

—No, el compañero de celda estaba excluido de esto. La parte de pasarlo a colores fue la más difícil, pero en lo demás, estaba haciendo sólo un tapiz.

—¿En el segundo piso estaban sólo tupamaros?

—Bueno, no, depende la época. Estuvieron Turiansky y Jaime Pérez. Muchos de la dirección del partido los llevaron ahí para tratar de dividir. Estuvieron un tiempo, los sacaron y en realidad fue peor, porque se daba una buena relación sobre todo con Turiansky, la autocrítica avanzaba mejor con esas dos patas. No tanto con Jaime Pérez, pero porque él no andaba bien.

—¿La idea del contenido del tapiz es una autocrítica del MLN para encontrar las causas de por qué habían caído?

—Eso por un lado y por otro, una proyección al futuro, de lo que habría que hacer. Hay una cosa muy subjetiva, dentro del MLN y dentro del Penal no se dice que hay que tomar las armas y hacer una guerrilla. Se dice que hay que hacer trabajo político en los barrios y en los comités. Se dice que hay que apoyar a la CNT y trabajar en la CNT. Es interesante que adentro no hubiera una opción por seguir con la guerrilla cueste lo que cueste.

—¿Cuánto tiempo llevó?

—Y,  llevó como un año o más. Vos imagínate que charlar de una autocrítica en una hora de recreo, uno a uno. Y eso cuando los dos coincidían en el recreo, que podía darse que no. Tiene un proceso muy lento que a su vez sirve porque se consolidaron y sintetizaron cosas. Cuando llegaron a esas conclusiones, las escribieron, leyeron varios y estuvieron de acuerdo.

—¿Cuál es el nivel de complejidad del código?

—No había computadoras, por lo que para ese momento era un código que tenía cierta complejidad. Si mirás unos pocos años antes, en los códigos de la exposición del Cóndor, en las actas de fundación, en la invitación hay una clave. Lo escrito en minúscula es en mayúsculas una letra directamente. Es diez mil veces más sencilla. Tenías a los militares mandándose cosas por TED-X con una clave y por otro a los tupamaros mandándose una cosa en clave por ahí. Esta clave era mucho más compleja que la que se ve que usaron los militares.

El asunto era el estar preso, el ocio. Eso es lo que no terminan de entender aquellos que tienen presa a la gente. Si vos das ocio, la imaginación vuela por todos lados, siempre hay una solución para algo, una conspiración. Como se dio en todos nosotros.

—Cuanto más incomunicado estás, más vas a buscar las formas de comunicarte…

—Claro, por ejemplo, las presas de la Cárcel de Mujeres inventaron un lenguaje, un alfabeto con las manos para mirar desde el piso y comunicarse con las manos. Esas son soluciones que se dan cuando dejás al hombre aislado y quiere comunicarse y tiene tiempo.

—Llevado al contexto de hoy, sobre todo para quienes siguen perteneciendo al MLN, ¿puede salir esto a la luz sin que alguno salga a oponerse?

—Desde Vivir en libertad, cuando lo escribimos, dice atrás la lista de todos los que pasaron por el Penal. Cuando lo hicimos en 2002, avisamos, sin pertenecer al MLN, qué le parecía a la dirección. Nos dijeron “sí, sí”, y después nos mandaron a decir que “no, no”. Y ahí nosotros dijimos, “sí, sí”, lo publicamos y explicamos que eso era una cuestión pública, que la sabían los milicos y no había sentido que no la supiera el pueblo.

Una cosa que hace Juan José Cabezas es poner todo el resultado que da la computadora en el informe, porque él dice: “si alguien lo quiere interpretar de otra manera, acá tiene esto y que me diga qué dice”. Yo tuve que interpretar cosas que él no sabía porque no había estado preso, tuvimos que poner signos de puntuación que no estaban. Les llevé el informe a los cuatro que están vivos, y me dijeron que era eso. Nada más confirmatorio que pequeños datos para ver que eso es real.

—Y esta vez, ¿avisaron también a la directiva del MLN que salía este informe?

—No, ya no. Porque no tiene nada que ver. Yo estoy trabajando para la memoria. Lo único que me resta es ver a dónde va a ir a dar eso, yo no me lo voy a quedar, es parte de la memoria. Como el almanaque la Unesco lo declaró patrimonio, tratamos de buscar una institución que lo proponga como patrimonio y a su vez que lo preserve.

—Está en mejor estado de lo que pensaba…

—Está un poco apolillado, se perdió un 10%, como dice el informe.

—¿No les surge pensar que quizás hayan más cosas perdidas en el olvido?

—Mirá, yo soy una playa donde le vienen a dar cosas. Soy el receptor involuntario de la cosas. Claro, después que hay alguien que se dedica a eso, y que no se lo guarda para el sino que lo difunde, todos aquellos que tienen algo vienen y me lo traen. Analizar una gran derrota no es fácil, estando metido en la derrota, incomunicado y con las cuestiones personales. Si por alguna razón alguien dijo dónde estaba fulano o mengano, no lo iba a ver más en su vida, aunque confesara que fue por la tortura. No había vuelta atrás. Y pasó durante muchos años el estigma de la traición. Hasta que te das cuenta de que no fue la traición la derrota del MLN y no fue Amodio tampoco. Fue una derrota porque era algo más grande de lo que pensábamos.

Sofia Umbre