En Uruguay, miles de personas que padecen miopía no pueden operarse por motivos económicos

OJOS QUE NO VEN, BILLETERA QUE NO SIENTE

Médicos cubanos de la Operación Milagro

La operación de miopía en Uruguay siempre fue una posibilidad casi inalcanzable debido a sus altos costos. Esta solución definitiva implica un esfuerzo económico desproporcionado, que no todos pueden costear. Esto comenzó a cambiar a partir de 2008, cuando llegaron a nuestro país los oftalmólogos cubanos. Decreto ministerial mediante, se autorizó a estos médicos para que pudieran realizar las pericias técnicas necesarias a los pacientes del sistema de salud pública, bajó la órbita de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) para operarse sin costo en Cuba. Esta situación generó mucha polémica y división en la interna de los diferentes actores involucrados (partidos políticos, gremiales médicas, empresarios del sector, ASSE, mutualistas y público en general). Mientras se defienden y justifican públicamente las distintas posiciones, se deja de lado el verdadero problema de fondo, la posibilidad de solucionar una patología que afecta a un inmenso número de uruguayos.

La miopía

La miopía es una afección hereditaria, que afecta a 120 millones de personas en el mundo Es un defecto de la visión, donde los rayos luminosos procedentes de objetos situados a cierta distancia del ojo forman foco en un punto anterior a la retina. Según un boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2012, “Los errores de refracción son un trastorno ocular común que provoca visión borrosa, y que se manifiesta principalmente de cuatro formas: miopía (pérdida de visión lejana), hipermetropía (pérdida de visión cercana), astigmatismo (distorsión de las imágenes) y presbicia (visión cercana defectuosa, que en muchos casos impide leer sin lentes)”.

Estas discapacidades visuales, producto de errores en la refracción no corregidos, se encuentran entre los casos de discapacidad visual más fácilmente corregibles y la visión normal se puede restablecer a las pocas horas mediante cirugía refractiva. De los afectados, el 90% vive en países de bajos o medianos ingresos, y se calcula que hasta el 80% de los casos de discapacidad visual y ceguera en adultos son prevenibles o tratables. Esta situación genera problemas de acceso al mercado laboral para un alto porcentaje de personas que aún están en edad de trabajar.

En la declaración de la 66° Asamblea Mundial de la Salud, se aprobó un plan de acción destinado a reducir las discapacidades visuales en un 25% para 2019. Este es un objetivo alcanzable que requiere la colaboración de gobiernos, organismos de desarrollo, sector privado y ONGs.

A pesar de ser una patología tan común en el mundo, se hace muy poco desde el sistema de salud uruguayo para facilitar el acceso del usuario a un tratamiento correctivo por medio de la cirugía refractiva.

Un cambio necesario, pero insuficiente

En nuestro país carecemos de estudios oficiales, serios y exhaustivos sobre la temática, ni hay datos concretos ni aproximados sobre el número exacto de uruguayos que padecen este tipo de afecciones. A partir de 2005, durante el gobierno del Frente Amplio, se incrementó la preocupación a nivel de los organismos oficiales, en la búsqueda de soluciones a esta problemática. Ese mismo año, luego de que nuestro país restableció las relaciones diplomáticas con Cuba, se firmó un acuerdo binacional, denominado Operación Milagro, un plan que Cuba venía implementando desde el 2004 en otros países, ofreciendo atención médica gratuita a más de 700.000 pacientes de unos 30 países de América Latina y el Caribe, con el objetivo de operar a seis millones de personas en 10 años. En esta primera etapa hubo 31 vuelos hacia Cuba y se beneficiaron 2.027 pacientes con la operación de cataratas, a la que no hubieran podido acceder en sus respectivos países de origen debido a los altos costos económicos.

Para el cambio Institucional producido en la infraestructura hospitalaria y edilicia del antiguo hospital Saint Bois, y su impacto en el status quo reinante en el sector, Uruguay aportó la estructura edilicia, recursos humanos y Cuba la tecnología y el personal capacitado para el manejo, mantenimiento, adiestramiento y capacitación de los técnicos uruguayos. Todo el equipamiento, que sólo existía a nivel privado en el país, hoy se encuentra a disposición de los usuarios de ASSE.

Si bien en el discurso de los organismos internacionales de salud, tales como la OMS, está implícita la obligación y responsabilidad de los gobiernos para atender a la demanda de asistencia de sus habitantes, y sobre todo de los que están en una situación de mayor vulnerabilidad social y económica, la respuestas a estos problemas, sobre todo en el caso de la operación de miopía para todos aquellos que lo necesiten, sigue estando en el debe del gobierno nacional.

Los servicios de oftalmología se deberían incluir en el acceso universal a la atención de salud”, sostiene la OMS, aunque si bien el sector público a través de ASSE ha logrado importantes avances, la realidad en nuestro país demuestra que la atención oftalmológica del sistema mutual privado es más bien deficitaria en este aspecto concreto. Cualquier paciente que deba hacerse una operación de miopía deberá terminar indefectiblemente en algún prestador privado de servicios quirúrgicos oftalmológicos, pagando un costo aproximado de unos 1.500 dólares por cada ojo.

Entre el corporativismo y la solidaridad

Desde un punto de vista ético, el conflicto por la llegada de los médicos cubanos generó un debate muy intenso, marcando un antecedente inédito en nuestra sociedad y dejando entrever una serie de intereses corporativos latentes poco cuestionados y visibles hasta el momento. Dentro de estos hay que destacar la postura intolerante y agresiva que se manifestó en la interna del sindicato médico, por parte de los oftalmólogos asociados. Esto se pudo constatar en violentos y continuos intercambios a través de la prensa, entre las Sociedades Anestésico-Quirúrgicas de Uruguay -que además nuclean a la Sociedad Uruguaya de Oftalmología-. El 23 de mayo de 2006 denunciaron y demandaron a tres médicos cubanos por ejercer “ilegalmente” la medicina en nuestro país, los cuales sólo hacían revisiones de control y un relevamiento de los pacientes que viajarían a Cuba para operarse,  desembocando en un enfrentamiento judicial laudado posteriormente con un decreto del Poder Ejecutivo que respalda la validación de los títulos de los médicos extranjeros  y autoriza su ejercicio dentro del marco legal vigente, al menos por un plazo de dos años -prorrogables nuevamente por dos más- y vinculado a la renovación del contrato de servicios firmado por ambos gobiernos.

Situación actual

Pasados ya casi diez años de aquellos incidentes, al día de hoy la cifra de pacientes operados con éxito y de forma gratuita asciende a más de 50.000. Actualmente se pueden operar sin costo para el paciente en el Hospital de Ojos “José Martí”, los jubilados y pensionistas del BPS con ingresos menores a 10 Bases de Prestaciones (BPC), que equivale aproximadamente a unos $ 25.980, trabajadores de menores recursos o pequeños empresarios con ingresos de hasta 5 BPC (aproximadamente $ 12.990), cooperativistas sociales a través del MIDES, productores ruraleso familiares registrados en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), monotributistas, integrantes de empresas unipersonales que no aportan IVA, trabajadores por la cuenta y pequeños empresarios.

Al día de hoy, el déficit de cobertura dentro del sistema integrado de salud se mantiene, a excepción de los afiliados a ASSE, que podrán operarse sin ningún costo, mientras que para el resto de los usuarios del sistema, la expectativa de una posible solución en el corto plazo sigue sin aparecer. Por lo tanto, aquellas personas afectadas por problemas de miopía no se podrán operar, a menos que puedan costearse los planes quirúrgicos ofrecidos por el sector privado.

Daniel Galán