25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género

HONRAR LA VIDA

Durante una movilización de Feministas en Alerta y en las Calles en setiembre. Foto: Rebelarte

“Noviembre, mes de lucha contra la violencia hacia las mujeres. Sin excusa para la violencia”, es una campaña organizada desde la Intendencia de Montevideo (IM), con propósito de la conmemoración del Día Internacional contra la Violencia de Género, celebrado el 25 de este mes. En ese marco, se convocó a participar de diversas actividades de sensibilización como talleres, charlas, espectáculos musicales, cine, obras de teatro, entre otras propuestas.

Para el 25 de noviembre habrá dos actividades centrales. Una de ellas es la ya conocida marcha que organiza el colectivo Mujeres de Negro, partirá a las 19 horas desde la Plaza Independencia hasta la Intendencia de Montevideo. Este año la marcha se denomina “Familias Unidas para Honrar la Vida”, y será en recuerdo a las víctimas de violencia de género. La otra actividad, quizás la que más expectativas genera, tendrá lugar en la mañana del mismo día, de 10 a 13 horas, en la Sala Azul de la IM, donde se presentará el Plan de acción 2016-2019 por una Vida Libre de Violencia de Género con una mirada generacional. “Este plan da un giro, modifica el primer plan de violencia doméstica para pasar a pensar en clave de violencia de género”, dijo en entrevista con SdR Daniela Sena del Instituto Nacional de las Mujeres (InMujeres).

Se trata de “un plan concreto de las tareas del Estado y del compromiso que asume para este período. También recoge algunas recomendaciones internacionales y algunos de los debes que como Estado uruguayo tuvimos en los últimos años con respecto a la temática”, sostuvo Sena. Magdalena Furtado, coordinadora de ONU Mujeres en Uruguay, declaró a SdR que se trata de “un plan operativo” porque agrupa a diferentes organismos con competencia en el tema y cada uno tendrá un plan de acción propio “con sus objetivos y metas para erradicar o reducir los índices de violencia”.

Por su parte, Sena reconoció que la erradicación de la violencia hacia las mujeres es un objetivo difícil de cumplir. “Seguramente, pese a los esfuerzos, a las mejores campañas y al mayor compromiso institucional no lleguemos a cero casos. Pero el Estado debe garantizar las herramientas de prevención necesarias, la calidad en los servicios de atención, que la justicia y la persecución del delito sea oportuna y actué con celeridad. Además se debe proteger a las víctimas y dar una respuesta frente a los varones que ejercen violencia a sus parejas y ex parejas”. Para Furtado el camino que se sigue es el correcto, “pero el problema es que la demanda supera a la oferta. Entonces hay que mejorar los servicios en calidad y cantidad”.

Qué es violencia de género

La violencia de género es una violación de los derechos humanos y la consecuencia extrema de las desigualdades sociales entre mujeres y hombres en nuestra sociedad. Según explicó Sena, en Uruguay es identificada y trabajada a partir de tres manifestaciones: la violencia doméstica, la trata de mujeres con fines de explotación sexual y laboral y el acoso sexual laboral. En el ámbito doméstico esta violación presenta diferentes tipos que son reconocidos en la Ley 17.514 de Violencia Doméstica de 2002: violencia física, psicológica, sexual y patrimonial. La violencia física es cuando hay una agresión o maltrato físico, pero también cuando hay una invasión brusca e intimidatoria del espacio. La psicológica es la que menos se ve, pues ocurre cuando desvalorizan o descalifican a la mujer, burlándose de ella, insultándola, gritándole y por medio de amenazas; además también implica un intento de control o aislamiento de sus amistades y/o de su familia. La violencia sexual sucede cuando alguien, inclusive su pareja, la obliga a mantener relaciones sexuales, la acosa sexualmente o la instiga a que acceda a prácticas sexuales que no sean de su agrado. Por último, la violencia patrimonial ocurre cuando se apropian del dinero de la mujer, le esconden sus documentos o, incluso, la echan de su casa.

Fuertes cifras

Según un informe, que se presentó el 25 de setiembre, el 70 por ciento de las mujeres uruguayas mayores de 15 años sufrió violencia de género. Estos datos surgen a raíz de la primera Encuesta de Violencia Basada en Género y Generaciones que se realizó en 2013. Hasta el momento las cifras con las que contaba el país provenían únicamente de denuncias, servicios de atención a la violencia o encuestas parciales. “Para Uruguay estas cifras fueron bastante impactantes porque no teníamos un antecedente de medición a nivel nacional de lo que es la prevalencia de la violencia, es decir la ocurrencia del fenómeno”, expresó Furtado.

Sin embargo, Sena señaló que a quienes tratan este tema, como InMujeres, los datos no los “sorprendieron demasiado”. Lo interesante de la encuesta es que recepcionó aquellas situaciones de violencia de género que se pueden denunciar y las que no constituyen delito, como el acoso sexual callejero. Los datos “más lastimosos” para la coordinadora de ONU mujeres surgen de la conclusión de que “los mayores índices de violencia se encuentran en los vínculos afectivos mayores”. Una de cada dos mujeres declaró que vivió situaciones de violencia con alguna de sus parejas a lo largo de su vida. “Y en 2013, el 24 por ciento de las mujeres que estaban en pareja dijo que sufrió algún tipo de violencia”.

Según los datos revelados por la encuesta, las consecuencias psíquicas y emocionales de la violencia de género en la mujer son “malas desde todo punto de vista. Genera muchas secuelas. El 55 por ciento declaró sufrir depresión, angustia, tristeza o miedo. El 38 por ciento dificultades en el sueño. El 33 por ciento presentó agresividad o malhumor. El 28 por ciento problemas o alteraciones alimenticias. Y lo más fuerte, el 21 por ciento tuvo ideas o deseos de morirse o suicidarse”, indicó Furtado. Por otra parte, añadió que también repercute a nivel económico, “porque una mujer que padece todo esto, si tiene que ir a trabajar todos los días no va a rendir lo mismo, entonces es un impacto para la empresa o el organismo en el cual trabaja”. En la salud las marcas también se hacen sentir, “porque seguramente la mujer debe tomar pastillas tranquilizantes y el resultado en su sistema de salud no va a ser bueno”.

Magdalena Furtado manifestó que los resultados sacan un mito y demuestran que la violencia de género “no es un fenómeno solo de las mujeres pobres. Nuevamente se comprueba que no importa el nivel educativo o socioeconómico, la violencia ocurre en toda la sociedad, aunque sea con diferente intensidad”. Sena concluyó que “estos son números fríos, atrás hay una y mil situaciones de mujeres, como cualquiera de nosotras, que sufren esto día a día en los distintos ámbitos”.

Trabajar con el agresor

A su vez Sena contó que se está definiendo una forma de trabajar con el agresor tomando como base el modelo del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) de Chile. “Muchas veces lo repite con otras parejas, por eso la importancia de trabajar con los varones. Como nos decía uno de los consultores chilenos que nos asiste en el tema, estamos acostumbrados a pensar que la violencia de género es un problema de las mujeres, y hay que darle la vuelta, es un problema de los varones para las mujeres. Esto es clave como una forma más de prevención, de reducción de daños”.

Desde InMujeres, luego de recoger experiencias a nivel internacional, llegaron a la conclusión de que el trabajo con los agresores es complejo y con pocas posibilidades de éxito. Un ejemplo es el sistema de las tobilleras, del que Sena explicó que es delicado evaluar si es posible llevarlo a cada rincón del interior del país “porque la tobillera da aviso de determinada cercanía del agresor a la víctima y, por el tamaño de ciertas localidades del Interior, el lugar de circulación donde se ofrecen servicios de asistencia es muy chico, entonces no tendría sentido. Habría que buscar otra manera de protección para las mujeres de ese espacio”.

Noelia Martínez