Entrevista con Julio María Sanguinetti

LOS JARRONES CHINOS

Sanguinetti con Vargas Llosa, a pesar de "lo despistados que son políticamente los intelectuales". Foto: Miguel Rojo / AFP

* “Falta a mi juicio una revisión del pasado para entender el presente”

* “Mujica fue un presidente con escasa capacidad de decisión. Su capacidad de decisión no se veía, porque iba para adelante y para atrás”

* “ Yo estoy en contra de juzgar tanto a los militares, como a aquellos tupamaros que en su momento cometieron crímenes y que no fueron presos”

* “El tema era mirar hacia adelante, hacia el futuro, y preservar la paz, por lo que la amnistía a los tupamaros llevaba a una amnistía a los militares”

La casa del expresidente ubicada en el barrio Punta Carretas, parece desde fuera una típica casona antigua. Una furtiva enredadera ocupa la mitad de la fachada, por lo que apenas se puede vislumbrar una puerta rústica de madera y dos ventanales. Llego más temprano de lo que esperaba, pero el portero amablemente me invita a entrar. A través de un pasillo desemboco en una especie de recibidor en donde aparentemente aguardaré, según me comunica el portero, hasta que el Dr. Sanguinetti culmine una reunión.

Mientras espero sentado me dedico a observar lo que me rodea. Toda la pequeña sala está cubierta en madera. Un cuadro cubista, también realizado en madera, decora armónicamente una de las paredes. Hacia mi izquierda se puede ver una veintena de biblioratos etiquetados con leyendas del tipo “Jefes de Estado: 1986″, “Francia”, “España”, “América Latina y Mercosur”, lo que evidencia un archivo bastante voluminoso y exhaustivo de los más diversos temas. Una vitrola, como una violenta flor de cobre, se ubica sobre una mesa, mientras que un ermitaño tallado en la ya desbordante madera me mira fijamente.

Pasados unos diez minutos el portero se me acerca y me comunica que “el doctor ya está disponible”, con lo que tomo mis cosas y lo sigo. El hombre que fueo presidente en dos ocasiones, y que gobernó el país durante la transición del régimen de facto a la democracia, estaba parado en un amplio living y mostraba, casi que como estampada, una afable sonrisa diplomática.

-¿Cómo andás? Pasá, pasá. Acomodate por donde quieras.

Le extiendo la mano, y tomo asiento en un largo sillón. Ubico mi grabador en una mesita esperando a que él tome asiento en un idéntico sillón enfrentado al mío. Después de las conversaciones de rigor, siempre un poco superficiales y artificiosas entre dos desconocidos, decido empezar a preguntar:

-A su entender, ¿cuál es la función de un expresidente?

-El expresidente es una figura particular. Como dice mi amigo Belisario Betancur (ex primer mandatario de Colombia durante el período 1982 – 1986), somos como los jarrones chinos o los pianos que había en las casas viejas: son muy lindos, muy decorativos, pero luego nadie sabe dónde ponerlos. Sobre el rol que jugamos, yo diría que depende de cada uno. Pero en todo caso, un ex presidente representa un caudal de experiencia. Aquella figura que ha ocupado la mayor magistratura y que ha pasado por lo que ella significa, puede aportarle a la sociedad la visión serena de alguien que no opina desde afuera, sino que tiene incorporado a su identidad y a su comprensión esa experiencia.

-El Frente Amplio (Fa) en estos dos períodos anteriores de gobierno, ¿lo ha consultado sobre alguna cuestión?

-En el primer gobierno, el Dr. (Tabaré) Vázquez consultó algunas veces. Lo hizo por ejemplo en el caso del conflicto con Argentina por la planta de celulosa en el río Uruguay, y durante aquellos debates recibió mi apoyo. El presidente (José) Mujica nunca consultó, nos ha llamado para acompañarlo cuando hacía algún discurso para alentar inversores, y quería demostrar la imagen de unidad de un país civilizado. Pero consultas no, no es su estilo tampoco.

-El cargo de presidente implica una posición de privilegio y un alto poder. ¿Cómo se maneja ese poder y cómo se dominan determinados egos?

-Esa inquietud asoma muchas veces en los políticos. Los aficionados a la historia sabemos que ésta no es un tribunal de justicia, y que con el correr de los años lo que se hace es un relato histórico, se ubica la perspectiva de cada tiempo. Naturalmente hay gente que puede sentir de algún modo “el peso de la historia”. He visto como algunos gobernantes se preocupan pensando lo que se dirá de él en su tiempo y creo que es un error, es un pensamiento sin sustento. Cada generación mira con su propia óptica, cada época va mirando distinto las cosas. Las figuras suben o bajan en función de eso. Estamos también en un tiempo de mucha aceleración histórica, y falta a mi juicio una revisión del pasado para entender el presente. La historia no es simplemente un pasado congelado, es un modo de entender la naturaleza humana, de mirar los procesos históricos a lo largo del tiempo. También nos sirve para saber que todos somos un producto de la historia, nos guste o no.

-¿Y la seducción del poder?

-Eso es parte también. Vos tenés la aspiración de hacer cosas, no la seducción del poder por el poder mismo, eso es lo patológico. La política siempre es una batalla para el ejercicio del poder, y lo podés ejercer de distintas formas. A veces el poder lo tenés con la palabra, o bien podés influir con la movilización política o con el poder parlamentario, esas son modalidades también. En la política siempre estás administrando algunas modalidades de poder, que insisto, en la democracia son muy limitadas y muy rebuscadas. Desde afuera se piensa que hay una especie de aura que rodea a los presidentes, pero en un país democrático como el nuestro no es así.

-¿Las decisiones que toma un presidente deben estar basadas en la experiencia, en el conocimiento y la intuición?

-El hombre de Estado debe tener una visión de la sociedad. Esto no significa que tenga que ser un académico, un erudito, porque el mayor erudito no es el mejor presidente. Basta ver lo despistados que son políticamente los intelectuales. A la vista está que no han tenido mayor éxito en la vida política ni (Mario) Varga Llosa ni (Gabriel) García Márquez, por citar solo algunos. El saber que debe tener un jefe de Estado incluye conocimientos pero también intuiciones, ya que la política no es matemática y los procesos sociales no tiene resultancias inevitables. La intuición es fundamental ya que los resultados no están seguros nunca.

-¿La intuición es importante entonces para no caer en una duda permanente?

-Ese es el problema, el presidente no puede ser tan dubitativo que no ejerza el poder. Es un equilibro, no se puede ser ni apresurado ni estático. Hay presidentes que han sido un poco apresurados, y hay otros demasiado dubitativos.

-¿Cómo cuáles?

- Por ejemplo a (Fernando) de la Rúa se le atribuía eso. También creo que (José) Mujica fue un presidente con escasa capacidad de decisión. Tuvo la suerte de transitar una época con tal bonanza que el problema no era administrar sino simplemente distribuir. Su capacidad de decisión no se veía, porque iba para adelante y para atrás.

-Usted dice que los militares fueron perdonados dos veces, aludiendo al referéndum y al plebiscito, ¿no cree que para algunos implicados es más difícil el perdón? Usted dijo en su momento que los crímenes de sangre a su entender no prescribían, pero argumentó que el pacto que lo llevó a perdonar a los tupamaros lo forzó a perdonar también a los militares.

-El tema no era simplemente filosófico, sino que era un tema esencialmente político, debíamos volver a las instituciones democráticas y no recaer en elementos de conflicto. Teníamos a los tupamaros que estaban presos, pero también a otras personas que estaban encarceladas injustamente, fundamentalmente los comunistas, ya que ellos no habían participado en la violencia o la guerrilla, por lo que evidentemente eran presos políticos. Los tupamaros no lo eran, estaban presos durante la época democrática, por delitos cometidos en democracia, y encarcelados por jueces independientes en base a delitos establecidos en la Constitución. El tema no es lo que pensaban los tupamaros, sino lo que hacían los tupamaros, no eran las ideas sino los actos. Inicialmente pensé que había que discriminar entre los delitos de sangre y los delitos ordinarios, y de hecho se lo contempló de un modo técnico en la ley. Pero en cualquier caso, al retornar a la institucionalidad lo primero que se intentó fue preservar la paz, y ella pasaba por una actitud generosa de perdón, que salieran los tupamaros de la cárcel. No podíamos mantener un factor de conflicto cuando la sociedad tenía la sensación de que esa gente había sido maltratada, y que de algún modo merecía una consideración especial. Esas son las razones por las cuales de dictó la amnistía.

-¿Hasta qué punto entonces cree que se debe hacer un revisionismo sobre el pasado reciente?

-Yo creo que éticamente y moralmente no se debe seguir intentando condenar y juzgar. Otra cosa es la búsqueda de restos desaparecidos, porque eso es un deber sagrado de la sociedad. La otra situación es si vamos a juzgar, y ahí yo estoy en contra de juzgar tanto a los militares, como a aquellos tupamaros que en su momento cometieron crímenes y que no fueron presos.

-Se podría decir que muchos tupamaros pagaron con creces sus delitos pero muchos militares aún no.

-Con los militares se pensó que no había grandes acusaciones, luego aparecieron. Y allí está el tema de siempre, se había amnistiado a unos, ¿qué se hacía con los otros? El tema era mirar hacia adelante, hacia el futuro, y preservar la paz, por lo que la amnistía a los tupamaros llevaba a una amnistía a los militares. El valor justicia es muy importante, el valor paz es muy importante, ¿cuál vale más que el otro?, yo diría que todo depende de las circunstancias y ninguno es absoluto.

Facundo Carrasco