Entrevista con Gary Isla, un utilero polenteado

SOMOS EQUIPO

Gary Islas, utilero, eslabón fundamental del Club Malvín.

En el básquet uruguayo se da la particularidad de rachas, de épocas gloriosas de cada club, de copas en las vitrinas. Desde la temporada 2006 – 2007, hay un equipo que no para de estar en la órbita de las definiciones de la liga, sus cuatro campeonatos obtenidos y sus sistemáticas participaciones en playoffs. El Club Malvín vive, sin lugar a discusión, su gran momento histórico. Detrás de los logros siempre hay un equipo de trabajo. Generalmente, en la memoria colectiva se recuerdan a jugadores, el técnico, hasta el presidente de la institución, que cosecharon tantos triunfos. Pero en el barrio, en el club, hay actores no visibles a la masas que dejan su firma estampada en los allegados, en los socios, en los hinchas de todo momento. El actual bicampeón no podía dejar de tenerlos. Gary Isla, miembro del equipo exitoso, es utilero de toda la parte de básquetbol, formativas y mayores, del club.

Llegó a la Avenida Legrand hace ocho años, en el momento justo, en 2007. A sus 29 años se ocupa principalmente del plantel principal, aunque da una mano en formativas. En las prácticas y en los partidos, se encarga de los materiales que necesiten para entrenar, de la hidratación de los jugadores.

-¿Es un trabajo full time?

-Sí, es bastante demandante el trabajo. Porque estoy a disposición, sea que el equipo vaya a entrenar o tenga partido. Si un día hay entrenamiento a las nueve de la mañana, a las ocho, a la hora que sea. Antes trabajaba más con un régimen de ocho horas, con un horario pactado, pero a partir de esta temporada empecé a trabajar a demanda de lo que el equipo necesite. Por ahora la vengo llevando bastante bien, tampoco es un laburo pesado, lo que sí, tenés que estar a disposición, eso a veces te corta muchas cosas, no te da la opción de planificar con mucho tiempo de anticipación; me voy manejando así.

Con poco conocimiento de básquetbol previo, una combinación de casualidad y causalidad, lo trajeron hasta aquí. “Entré por un amigo que tenía acá; por problemas médicos, estuvo unos días certificado y me pidió si le podía dar una mano, le pidieron a él si podía conseguir a alguien para que lo cubriera. Trabajé en utilería de la parte social, después estuve dando una mano un tiempo en el vestuario masculino. Al mes más o menos me dijeron que existía la posibilidad de empezar con el básquetbol de formativas, que necesitaban un utilero, dije vamos a probar, y acá estoy”

Malvín encontró a Gary y él encontró al club. Vivía en Suárez, Canelones, pero las vueltas de la vida, y su amigo, lo llevaron a tener su lugar, ese lugar. Solamente había pasado un par de veces por la puerta.

-¿Podes decir que es tu segunda casa?

-Sí, sin dudas. Y no sé si no es la primera. Lo siento así, no sólo por el tiempo que paso acá adentro, sino por el trato que tengo con la gente y por cómo me siento acá, la verdad, en ese sentido, no tengo ningún tipo de queja. Siempre, desde el primer momento, mis compañeros de trabajo, que fueron los primeros con los que tuve contacto, me recibieron bárbaro. Después, a medida que fuí conociendo a la gente, la relación se hizo aun mejor. Por suerte no tengo mucho problema en el relacionamiento, tengo una muy buena relación con todo el mundo.

-¿Qué sentís que te ha dado el club, y qué te ha quitado?

-Lo negativo es mucho menos que lo positivo, obviamente. En realidad, en el momento en que entré a trabajar en Malvín recién estaba empezando a hacer mis primeras armas en lo laboral, y me dieron mucha confianza. En este momento me siento importante para el club, me siento una pieza fundamental, en lo que es el funcionamiento de la parte de básquetbol. Y la verdad que eso a mí, el tema de la autoestima, al sentirse importante, te la levanta, me lo demuestran mis compañeros, me  hacen sentir así y porque veo que mi función es importante también. Muchas veces se dice que el utilero es el último orejón del tarro, pero yo no lo siento así. Y lo negativo, lo único que se puede decir, es el tema de los tiempos, que muchas veces los tengo que manejar en función de lo que el equipo necesita, y a veces me corta un cumpleaños, las vacaciones las tengo que planificar en función al equipo, pero mi vida hasta ahora está armada así, no sé si va a ser para toda la vida, pero me manejo bien con esta estructura. Conocí gente muy buena, y el mayor contacto que tengo en estos momentos es con la gente que conocí acá; después vienen las alegrías deportivas, eso son momentos impagables. Empecé a trabajar en el vestuario justo en el momento rn que Malvín salió campeón por primera vez y eso, la verdad, a pesar de hacer poco tiempo que tenía relación con el club, lo sentí como que era parte y  me caló muy profundo y me generó un sentimiento de cariño hacia el club, impresionante.

-Si tuvieras que elegir entre dos frases: ¿Malvín vieja barriada sin fin, o Malvín es familia?

-Malvín es familia. Porque lo siento así. Es mi segunda casa, y podría ser mi primera casa y media. Es familia sin dudas.

-Descríbeme a Pablo López.

-Pablo López es una de las personas que mencionaba como hermanos. Cuando recién vine acá me llamaron para  una reunión y me fueron a presentar. Êl estaba en la cancha de afuera con juveniles y le cortaron la práctica.Pidió un aplauso para mi, no entendía nada. A partir de ahí se generó una relación muy buena, como un hermano mayor para mí. No es difícil, estando acá en club, ponerse a hablar con él y conocerlo. Mucha gente lo ve como un entrenador que le pone mucho amor al básquetbol, mucho entusiasmo y mucha intensidad. Pero saliendo de eso es un tipo excepcional, siempre está dispuesto para dar una mano en lo que sea, tiene una humildad enorme. De mi parte nunca tuve un problema, si algo no funciona de la manera que él prefiere, no se pone en tono de jefe, lo hace en tono de compañero. Cuando me ve muy cargado con varias cosas a la vez, me dice `déjame que te ayude, soy tu compañero´, nunca se pone en tono de yo estoy por arriba tuyo; la verdad que es una persona excepcional. No tengo la menor duda de que es el mejor entrenador de acá, y parte de la historia de Malvín.

-¿Qué tan cierto es la frase que Pablo impuso: “Defensa nos pone campeón”?

-A la vista está que es tal cual, es así. Un equipo, como dice él, un equipo ganador se construye desde la defensa, a pesar de que yo no soy el más calificado para hablar en lo técnico. Aparte si se quiere se puede llevar a todos los ámbitos de la vida, más que a lo estrictamente basquetbolístico. La defensa para campeón en la cancha tiene que ver mucho con la unidad del equipo, y también se puede aplicar fuera de la cancha.

-¿Tenés alguna maña o jugarreta que adquiriste con los años?

-Sí, por ejemplo cuando los partidos están muy calientes y hay que ir a secar la cancha, a veces cuando ves que nos conviene bajar el ritmo del partido, estamos muy enloquecidos, voy y lo hago muy despacito. Pero nosotros tenemos confianza en lo que hacemos, trabajamos para que los jugadores hagan lo que tienen que hacer, y salga todo bien adentro de la cancha sin que tenga implicancia lo de afuera.

-¿Tenés alguna cábala antes de los partidos?

-Ahora estos últimos partidos cuando vengo para el club, me venía escuchando todos los días el mismo CD, pero tampoco es una cábala, lo uso para activarme yo, para polentearme digamos, me gusta mucho Trotsky Vengarán. Es un hábito más que cábala.

-¿Cómo ves las formativas de Malvín?

-Se trabaja bárbaro, y estando acá me doy cuenta por qué. Se arman grupos de entrenadores y de profesionales muy buenos. Acá los jugadores no solo disponen de entrenadores, disponen de médicos, de nutricionistas, de psicólogos, de fisioterapeutas, para que puedan desarrollar sus capacidades lo mejor posible y tratar de llegar al mejor nivel. No todos van a ser Bruno Fitipaldo, no todos van a ser Marcelo Capalbo, pero hay muy buen material porque se trabaja bien y mucho. El trabajo acá es la base de todo y a la vista está.

-¿Cómo ves el crecimiento del club en estos años? ¿Qué le faltaría?

-El crecimiento ha sido exponencial. Desde que estoy, me pongo a repasar y es mucho. El tema de infraestructura del básquetbol ha sido muy buena, los materiales siempre se trata de conseguir lo último y de mejor calidad, y el área social también han habido cambios que son muy buenos. Capaz que lo que faltaría al club, que se está trabajando en eso, y que no va a faltar mucho para que lo tenga, es un poco más de espacio físico. Capaz que se necesita otra cancha de básquetbol, ahora se está trabajando para mejorar la cancha abierta, ponerle un mejor piso. Tenemos tantos chiquilines que tienen que entrenar en la de afuera para que se pueda trabajar de la mejor manera. Y después espacios físicos para otras actividades sociales, como otro gimnasio multiuso. Pero sé que hay proyectos y bienvenidos sean. Sin duda le sirve al club, a gente del barrio, y a gente que no es del barrio.

-¿Algún anhelo con respecto al club?

-Mi anhelo más grande que tenía ahora era salir campeones del sudamericano, que lamentablemente no se nos dio clasificar a la final. Sin dudas se va a renovar, Malvín ha demostrado que está a buen nivel, y en ser uno de los clubes más importantes del continente, ahora es el principal anhelo.

-¿Cómo te ves en un futuro cercano?

-Nunca fui de imaginarme mucho más adelante, si te puedo decir que de acá a dos años ojalá me siga yendo bien, y a nivel personal estoy empezando a formar mi familia, el sentimiento de felicidad y de alegría que tengo en este momento no se puede negar, ni se me puede empañar con nada, estoy feliz. Hace un mes y once días nació mi hijo Felipe y me tiene flotando en las nubes. Me imagino tratando de darle lo mejor a él y a mi compañera, tratando de hacer lo mejor posible en mi trabajo. Voy a seguir tratando de hacer lo mejor, tanto a nivel personal como profesional, para que todo se vaya dando bien, y se pueda avanzar en todos los aspectos de la vida.

Diego Coumas