Del baúl al mundo, títeres en el Solís

TUTILIMUNDI

Cuentan que debajo del Solís existe un mundo subterráneo que de tiempo en tiempo se convierte en albergue y hogar de otras épocas, de otras tierras. A veces, de historias de comienzos de siglo XX, de teatros italianos que viajaban por América llevando la ópera a cada rincón. Pero esta vez, al subsuelo del teatro lo habitaron unos seres pequeños, que aunque normalmente se asocian con la diversión de los niños y el baúl de los juguetes, son parte y figura de la escena. Los títeres se vistieron de gala y esperan ansiosos a que los visitantes se animen a dejar el piso de las columnas de mármol y la araña de cristal, para que desciendan a su encuentro.

Hasta marzo, caminar por los pasillos de la Sala de Exposiciones Estela Medina será como recorrer un cuarto de juegos. “Títeres de muestra” llegó al teatro a través de la convocatoria a proyectos expositivos que año a año realiza el Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas (Ciddae). Es el resultado del trabajo de veintiséis estudiantes de la Escuela Municipal de Artes Dramáticas Margarita Xirgu (Emad) y de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Algunos se encargaron de las fotos y otros de los volúmenes, y el 12 de noviembre inauguraron la exposición a cargo de la curaduría de Fernando Miranda y la producción de la docente de diseño Analía Brun. Para tal ocasión estuvo presente Susanita Freire, presidenta de la Comisión para América Latina de la Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA), quien dejó como obsequio la Enciclopedia Mundial del Arte de la Marioneta elaborada por el organismo.

Pero la historia de estos pequeños seres, en este caso inanimados, no comienza en el Solís. Nacieron en los salones de la Emad, en plena clase de la cátedra de transformación del objeto. “A los alumnos les planteo un cambio que va desde el objeto cultural al objeto escénico, eligiendo la configuración del títere”, cuenta Analía Brun. “De un diseño plano y todas sus observaciones plásticas se produce un volumen, que en este caso es textil. Cuando les muestro un títere, ellos piensan que son incapaces de tal construcción. Pero todo lo que ellos ven acabado se desmonta, y así se puede partir del dibujo que es lo más amigable, para luego pasar por el diseño y elaborar los moldes”.

A los alumnos de la Emad se sumaron con el registro fotográfico estudiantes del área de foto, cine y video de Bellas Artes, y antes de llegar al Solís viajaron, en 2014, con una pequeña muestra al Festival Internacional de Títeres de Maldonado. Fue en el Ciddae donde Analía y los estudiantes encontraron un lugar más para reivindicar la producción titiritera de Uruguay. Lo que se busca es “poner en el marco de las formalidades una cosa que muchas veces crece y se desarrolla fuera de los contextos más hegemónicos de la cultura. Quiero que se sepa la importancia del rescate de los oficios, de la producción de elementos plásticos a partir del desarrollo del trabajo artesanal. Por detrás de la construcción de un títere hay un mundo expresivo que es muy grande”, comparte la docente.

A los títeres de guante y marionetas se sumaron los alebrijes, unas figuras que nacieron de los sueños de terror de un artesano mexicano que encontró en la fabricación de los monstruos una manera de dominarlos; son figuras rígidas, pero al tener algunas articulaciones pueden salir a la escena. Las sombras generadas en las cavernas, las figuras asociadas a ritos y ceremonias religiosas en la antigüedad, son algunas de las teorías que giran en torno al verdadero nacimiento de estos seres, y para Analía “cualquier cosa inanimada construida exprofeso para generar ánima o vida es un títere”. En este caso no cobrarán vida: “son pensados para el diseño y no se ha generado el espacio para la acción dramática con ellos”, pero aun así, los pequeños seres tienen la posibilidad de movimiento y están prontos para convertirse en parte de la escena.

Texto y fotos: Rosalía Souza