Ramón Labañino comenta su experiencia en prisión y la actual realidad cubana

A LA VUELTA

 

Con la placa conmemorativa que le entregó la FEUU. Foto: SdR / Belén Casalas

Cuando llegó, por la puerta lateral del salón, su espalda estaba cubierta por una campera color rojo vivo que dictaba “Cuba” en letras blancas. Al sentarse, su rostro delineó una sonrisa enigmática, mientras la parte delantera de su campera llevaba inscripta la bandera de Cuba del lado derecho y un puma blanco en pleno salto del lado izquierdo. Al relatar los sucesos movía incesantemente las manos. Las luces enfocaban su rostro sudoroso. Ramón Labañino, “héroe cubano” desde el año 2001, relató en tono anecdótico sus años en prisión en cárceles de Estados Unidos

En el salón L5 de la Facultad de Ciencias Sociales había aproximadamente 30 personas. El público se mostró receptivo durante la jornada organizada por la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay. El economista cubano Ramón Labañino, uno de los “cinco héroes cubanos”, tras sus 15 meses de libertad, dialogó sobre su experiencia en prisión norteamericana y la nueva realidad de Cuba.

En 1998, luego de que residiera en Estados Unidos ocho años, el héroe cubano fue apresado. Junto a sus compañeros, que se hacían llamar “Red de Avispas”, le habían encomendado la misión de investigar a un grupo de terroristas de su misma nacionalidad, quienes se presumía que pretendían atacar a Cuba. El estado norteamericano interpretó que Ramón Labañino y sus compañeros eran un peligro para Estados Unidos. Y así fue cómo el FBI irrumpió en sus residencias en Miami. Luego de ser dictaminada su culpabilidad, Labañino fue condenado a cadena perpetua y 30 años de prisión. “Me tendría que haber muerto y revivido para cumplirla”, comentó.

Entre risas y extensos silencios, comentó el operativo “hollywoodense” del que él y sus compañeros fueron testigos. Las entrevistas sucesivas en el FBI y la mediatización del juicio fueron calificados por el cubano como métodos “ideológicos”. Labañino hizo hincapié en que los juicios contra ellos eran una “forma de castigar a Cuba”.  Afirmó que las pruebas que presentaron, acerca de que la investigación que realizaban en Estados Unidos y que apuntaba a un grupo de terroristas cubanos, fueron precisas. Sin embargo, sentenció que estas “no fueron suficientes”, pese a que aportaron fotos de los terroristas cubanos con armas y declaraciones de agentes policiales estadounidenses que respaldaban la versión de los “héroes cubanos”. Por otra parte, afirmó que el interés de los medios de comunicación fue en principio crear un “show mediático”. Cuando cayó el interés,  “la CNN, FOX, entre otros, no aparecieron cuando mostrábamos la documentación de nuestra investigación”.

El relato de su liberación no estuvo exento de comentarios humorísticos. El economista relató el reencuentro con su familia y sus compañeros. Afirmó que “no había perdido su optimismo”, y tras ver la documentación con la firma del presidente estadounidense, Barack Obama, confió en que pronto estaría en Cuba. Aseguró que la condición impuesta para su excarcelación de que “jamás vuelva a Estados Unidos” no le perturbó.

Sin embargo, encontró una Cuba distinta. Interpretó que su liberación fue un “fracaso del imperialismo” y agregó: “mi patria ya no es una dictadura comunista para ellos”.

Nadia Amesti