La capilla instalada en el Hospital Militar reflota un viejo debate sobre la laicidad del Estado

LAICIDAD Y ESPACIO PÚBLICO: LAS CRUZADAS

El revuelo por la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, en el Hospital Militar. Foto: dnsffaa.gub.uy

El Hospital Militar de Montevideo, es una dependencia de las FFAA, constitucionalmente subordinadas al presidente por medio del Ministro de Defensa.

El capítulo 3, art. 5º de la Constitución nacional marca que todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay, pero que el Estado no sostiene religión alguna. A su vez que le reconoce a la Iglesia Católica el dominio de los templos que hayan sido construidos total o parcialmente con sus propios fondos, con excepción de las capillas ya sea en asilos, hospitales, cárceles u otros establecimientos públicos.

Nadie debería sorprenderse de éstos conceptos ya que datan de principios del siglo pasado, introducidos en el recordado gobierno de José Batlle y Ordóñez.

Sin embargo, desde el 23 de Setiembre del año pasado, funciona en el Hospital Militar una capilla, a cargo del capellán Genaro Lusararian (ex coronel, actual sacerdote y amigo personal del comandante en jefe del ejército Guido Manini Ríos). Aquél día fue inaugurada por el arzobispo de la ciudad de Montevideo, monseñor Daniel Sturla, en una ceremonia que tuvo a decenas de militares en actividad y retirados, y la presencia entre otros de María Auxiliadora Delgado, primera dama y connotada católica, como su esposo, el presidente Dr. Tabaré Vázquez.

Paralelamente se inauguraba la capilla, Manini Ríos creaba para nuestras fuerzas armadas la unidad de Asuntos Religiosos dentro de la Sanidad Militar, y nombraba al frente de la misma a Genaro Lusararian, no queda clara la finalidad de esa unidad, ni mucho menos la razón para poner un sacerdote a cargo de ella. No parecen posturas para nada acordes a la laicidad las del Ministerio de Defensa, enviadas a través de Manini Ríos, con la venia de Fernández Huidobro (ministro de Defensa) y no podemos olvidar a Vázquez, al que ambos responden en el orden jerárquico, el único orden para los militares. Los tres son católicos, pero eso probablemente no tenga nada que ver, ¿o no?

Más allá de lo inconstitucional de la capilla, todo esto deja en una posición incómoda o hasta vulnerable a los soldados que no compartan esa inclinación religiosa, que seguro hay muchos y se atienden en ese mismo hospital. Pero siguiendo la lógica jerárquica que los organiza, probablemente no les conviene levantar la voz en éste tema al ver la postura que tienen sus altos mandos porque eso podría perjudicarlos.

El Diálogo Interreligioso Uruguayo naturalmente no ve esto con buenos ojos y emitió un comunicado manifestando sus discrepancias, alegando que se está violando la laicidad, y no hay razón para poner la fe católica sobre las demás. A esto se sumó la Masonería que también mediante un comunicado expresó ideas similares, (¿en qué lugar queda Vázquez en ese choque Iglesia/ Masonería?)

Otros lugares han despertado en el último tiempo discusiones sobre las figuras religiosas en el espacio público, recordar la polémica generada por la propuesta de instalar una imagen de la Virgen María en la Rambla del Buceo (sobre la que aún no hay resolución). La Rambla a varios kilómetros de allí tiene también una estatua de Iemanjá que no debería estar, siguiendo con el mismo criterio. No olvidemos la cruz gigante de Bulevar Artigas, aunque por ser conmemorativa de la visita del Papa, nuestra normativa la toma como legal.

Si bien la constitución marca que las cárceles deben estar también libradas de religión, algo más plural y heterogéneo es lo que sucede en el COMPEN, ex cárcel COMCAR, donde hay doce religiones distintas que gestionan un centro interreligioso. En el Uruguay existen más de sesenta cultos distintos, probablemente doce sean insuficientes pero uno es muy poco.

 

Ignacio Díaz