A 27 años de la muerte de Raúl Sendic

GRISES DESGASTADOS

El recuerdo renovado de Sendic. Foto: SdR / Nadia Amesti

Los cementerios son el lugar predilecto de la ausencia. Poblados de árboles, de mármol, de flores, de dioses y de agnosticismos, se someten plácidamente a la muerte y a su vínculo inquebrantable con el silencio.  A las diez y media de la mañana del jueves 28 de abril, en las puertas del cementerio de la Teja diez personas arremetieron contra ese silencio. Homenajeaban la muerte de un compañero, un amigo, un familiar, un símbolo.

Hace veintisiete años que Raúl Sendic Antonaccio yace en una de las fosas del cementerio.

Cada año, un grupo compacto de personas se reúne en el cementerio tejano para dejar flores, recuerdos o para  remarcar que la lucha de “el Bebe” necesita ser más fructífera o más recordada.

A medida que pasan minutos aumenta el frío. Poco a poco las personas entran al cementerio. Caminan hasta la tumba, frente aun parlante y un micrófono. Cuando se hacen las once, las diez personas se transforman en cincuenta. Lo que en un principio eran grupos separados, van formando lentamente un semicírculo.

Algunos recorren todos los grupos y saludan, otros se quedan parados a ofrecer mate a quien pase, algunos fuman con sus conocidos y responden saludos asintiendo. Todos se turnan para dejar flores  frente al mármol blanco que escuetamente dice “Raúl Sendic”. Dos placas conmemorativas se divisan sobre los pétalos. Una perteneciente al MLN y otra al Movimiento por la  Tierra, ambos colectivos en los que militó Sendic.

Las tertulias estaban salpicadas de melancolías. Una mujer comentaba que su tía vive en el mismo edificio que su torturador. Los interlocutores asentían y le cebaban mate, incluso alguno se atrevió a comentar: “imaginate verlo todos los días en el ascensor”. Un hombre a pocos metros hablaba sobre la vez que llevó a Sendic hijo a la cárcel a ver a su padre. Actuaba como niño mientras comentaba: “ le agarre la mano, lo lleve. Y ahora…”.

Poco a poco, las colillas de cigarro se suman a los arrugados papeles donde antes estaban los racimos de flores.

De repente en el parlante resuena una voz agradecida y el público se llama a silencio. Una mujer tenía en su mano izquierda una carpeta de color anaranjado y a medida que  acercaba al micrófono resonaban las palabras de Engler, compañero del MLN. La carta estaba dirigida a Sendic. Le pedía disculpas por no estar allí.

A medida que el tiempo transcurre el público se abriga con silencio. Las personas ponen su mirada en todas direcciones. Una mujer deja caer las cenizas de un cigarro entero sin aspirar. Lo que en un momento parecía ser un saludo a un amigo físicamente ausente se transforma en una cordial conversación entre dos amigos. Las palabras de Engler tiñeron de presente el pasado: “Raúl, vos no conociste el Internet. Los jóvenes pasan mirando sus celulares. Allí hay personas inteligentes, también. A las cuales les puedes preguntar cosas e informarte.” .

Cuando llega el turno, Gustavo Delfin, militante del actual Movimiento por la Tierra, trae a colación la extranjerización de la tierras, la actual situación de UTAA, los movimientos centralizados en la barra de Valizas, Soriano, Tacuarembó, contra la sobreexplotación de recursos naturales. El público se distrae hasta que Delfín menciona la importancia de seguir promoviendo, a pesar de la ausencia de Sendic, sus “pilares de lucha más importantes”. Repentinamente lanza una mirada hacia al público que se detiene en algunos rostros a los que les pide que “los viejos militantes se unan a los nuevos”.

Los saludos, desde todas partes del país, siguen rompiendo el silencio del cementerio. Viejos militantes y nuevos militantes pasan al frente para encontrarse en su lucha con su símbolo. Algunos con su presencia, otros a través de las cartas que se leen. Una joven de CELTA-FEUU, saluda, remarca su lucha y la de Sendic y concluye así el homenaje.

Pasados unos minutos, las personas siguen reunidas. Las risas siguen rompiendo el silencio en el cementerio de la Teja. Otra risa, otro abrazo, otro mate consumado, arremeten contra el silencio hasta convocarse para el próximo 28 de abril.

Nadia Amesti