Impeachment a Rouseff no es suceso aislado en América Latina

GOLPES BLANDOS

Las manifestaciones se multiplicaron después que Dilma llamó a luchar contra el golpe. Foto: Nelson Almeida / AFP

Mediante un impeachment que tuvo su parte final en el Cámara de Senadores el miércoles 11, el congreso brasilero resolvió suspender a su presidenta constitucional Dilma Rouseff por 180 días. En ese tiempo, la ex mandataria será sometida a juicio por la acusación de usar y maquillar las cuentas del Estado para financiar proyectos y presentar un mejor balance ante el electorado. Con esto se abren profundos interrogantes sobre el futuro de un país, hasta hace poco considerado como ejemplo mundial de economía emergente, y que con los gobiernos progresistas de las ultimas décadas consiguió sacar a millones de personas de la pobreza.

¿Como nació un proceso de este estilo en un país referente para todos los latinoamericanos? El impeachment es visto como consecuencia de una campaña promovida por el corporativo mediático Red Globo que contribuyó a desestabilizar el gobierno de la presidenta Roussef, acusándola de corrupción y enriquecimiento personal, en referencia al caso Petrobrás. Sin embargo no se ha comprobado, hasta el día de hoy, hechos de corrupción o de enriquecimiento personal de la ex mandataria, pero sí se han denunciado a quienes planificaron su destitución. Eduardo Cunha, el expresidente del Parlamento que propició el impeachment, está acusado de tener varias cuentas secretas y millonarias en Suiza, cargadas de dinero ilegal de Petrobras. Aécio Neves, su rival en las elecciones con el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), va a ser investigado por recibir sobornos mensuales; el actual presidente del Senado; Renan Calheiros, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), antiguo aliado del gobierno, tiene el récord de 12 procesos abiertos contra él; Romero Jucá, presidente nacional del partido y ministro en el recién estrenado gobierno, enfrenta seis investigaciones. Cabe destacar que no es la primera vez que la Red Globo participa en ese tipo de acciones; ha admitido su apoyo a la dictadura militar y el golpe de Estado de 1964.

 

Curiosamente, quien asumió la actual presidencia, Michel Temer, pertenece al Partido PMDB, el mismo partido del verdadero motor de la destitución de Rousseff, el senador Eduardo Cunha, quien fuera destituido de la presidencia del Congreso por corrupción y lavado de dinero. Temer, que según Wikileaks fue informante de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), fue implicado en un escándalo por financiamiento ilegal a cargo de una de las constructoras involucradas actualmente en la llamada operación “Lava Jato” , Y enfrenta una investigación abierta que también lo involucra en casos de corrupción relacionados a Petrobras. Con un look similar al de un mayordomo de película de Hollywood, y sin aires de ser un anciano inocente, a sus 75 años Temer estará acompañado en sus funciones por 23 ministros, de los cuales 12 son investigados por la Justicia brasileña, ocho de ellos vinculados al caso Petrobrás.

Después que le fuera comunicada oficialmente la decisión del Parlamento, Rouseff se pronunció ante la prensa y sus simpatizantes en la sede del gobierno en Brasilia, donde expresó que su presidencia había sido objeto de un intenso sabotaje. Consideró que el juicio político era injusto y juriíicamente inconsistente : “Ya sufrí el dolor de la tortura, ahora sufro una vez más el dolor, igualmente innombrable, de la injusticia”. A su vez, reconoció que pudo haber cometido errores, pero no delitos y con firmeza agregó que “Impeachment sin delito de responsabilidad es un golpe que amenaza la democracia y todo lo que el pueblo ha logrado en estos años”.

La moda de los juicios políticos

Lo sucedido en Brasil no es ajeno a la reciente historia política de la realidad latinoamericana. En varios países vecinos se ha tratado, desde los parlamentos, sacar del cargo a sus presidentes, algunos con motivos marcados, otros con motivos poco claros; algunos tuvieron resultados, otros quedaron en el camino. Se ha vuelto una moda, no es para festejar y es alarmante;  el mecanismo se consolida y permite especular que tal vez otra hubiera sido la historia si en las anteriores elecciones el Frente Amplio no hubiera conseguido mayoría parlamentaria; quizás el destino nos hubiera arrastrado a estos procesos que muchas voces señalan como “golpes blandos”, una nueva táctica para derrocar gobiernos progresistas de América Latina.

No lejano en el tiempo está lo sucedido en Venezuela, donde la oposición logró una victoria histórica en las elecciones legislativas de diciembre de 2015 y consagró una mayoría en la Asamblea General. Desde que esta Asamblea asumió funciones, la oposición ha tratado de todas las formas posibles sacar al presidente Nicolás Maduro del poder. Finalmente ha logrado prosperar un referéndum revocatorio, que constitucionalmente se puede iniciar cuando el jefe de Estado está en la mitad de su mandato, como lo está Maduro ahora. Si se juntan las firmas necesarias en el debido tiempo podría concluir en la destitución del sucesor de Chávez, convocándose a nuevas elecciones.

También cabe recordar la separación del cargo del ex presidente paraguayo
Fernando Lugo en el año 2012, momento en el que connfluyeroinuna serie intereses de la Corte Suprema Paraguaya y el Gobierno de Estados Unidos. En el juicio político el Senado le declaró a Lugo “culpable de mal desempeño de las funciones presidenciales”. El pretexto que utilizó el congreso para iniciar la suspension de Lugo fue la matanza de Curuguaty, una premeditada operación policial de desalojo en la región de Curuguaty que dejó 17 muertos el 15 de junio de ese año.

El suceso del año pasado en Ecuador también es relevante. En la víspera de la llegada del Papa Francisco al país, el presidente Rafael Correa consideró a toda una serie de manifestaciones orquestadas por sus principales opositores como un presagio de “golpe blando”. Tal maniobra apuntó a generar malestar entre la población, para luego deslegitimar al gobierno con editoriales que falseaban la realidad y con ataques en las redes sociales.

También lo sucedido en Honduras en el año 2009, cuando el presidente Manuel Zelaya fue víctima de un golpe de Estado planificado por Estados Unidos y la oligarquía hondureña, opuestos al acercamiento del gobierno de Zelaya con la izquierda latinoamericana en el marco de la Alianza Bolivariana realizada con Cuba y Venezuela . En la madrugada del 28 de junio de 2009, Zelaya fue sacado a la fuerza de su residencia y expulsado a Costa Rica. Este episodio marcó la profundización del deterioro de la situación hondureña, incrementándose la violencia y la desigualdad de forma constante hasta hoy en día.

¿Que será del futuro de Brasil?, todav{ia es imposible predecir. La destitución de Rouseff implicó un punto de inflexión. Cambios habrá en los acuerdos políticos, tanto nacionales como internacionales, en la economía y posiblemente en las políticas sociales; el anuncio de un ajuste fiscal es un primer paso. No obstante, no todo está perdido para Dilma, quien se manifestó estar orgullosa de haber sido la primera mujer presidenta de Brasil. Rodeada de una multitud que exclamaba: “¡Fuera Temer!” “¡Traición e Injusticia!”, Dilma se despidió de su pueblo pidiéndole que se mantenga unido y luche por la democracia. “Esta lucha no concluirá pronto, necesita nuestra dedicación; la lucha contra el golpe será grande, pero ganaremos”.

Eric Núñez