QUE CANTEN LOS NIÑOS

Abusados, golpeados, desprotegidos. Foto: sipav.gob.uy

Paradojalmente, en una sociedad donde la inseguridad en la calle es un tema que está siempre sobre el tapete, el 93% de los casos de violencia contra niños, niñas y adolescentes fueron cometidos por miembros del ámbito familiar. Tal es lo que indica el informe de gestión del Sistema Integrado de Protección a la Infancia y la Adolescencia contra la Violencia (SIPIAV) sobre los casos de maltrato y abuso a menores de edad relevados en el año 2015.

En entrevista con SdR, María Elena Mizrahi, coordinadora del informe del SIPIAV, señaló que para los niños muchas veces “el lugar más inseguro es la casa”.

En lo que refiere a tipos de violencia, de los 1908 casos registrados, un 46% denunciaron maltrato emocional, 21% abuso sexual, 19% maltrato físico y 14%  egligencia. La coordinadora precisó que todos estos tipos de violencia tienden a coexistir y que el maltrato emocional está presente en todas las situaciones de violencia. A su vez, aclaró que los niños, niñas y adolescentes no solamente sufren cuando la violencia se ejerce directamente sobre ellos; cuando hay confrontaciones violentas entre parejas, los hijos también son víctimas y aprenden de este comportamiento. Mizrahi explica que “si nosotros nos educamos en un clima donde todos los conflictos se resuelven con violencia, cuando salimos al afuera no es sencillo que nos relacionemos de forma diferente”.

El alto porcentaje de casos de abuso sexual tiene que ver, para Mizrahi “con las raíces de la violencia, de que el abusador se considere dueño del otro”. Destaca también que este tipo de maltrato es el que más secuelas deja; puso como ejemplo su experiencia de trabajar con mujeres víctimas de acoso sexual, que recién alrededor de los 40 años de edad pudieron decir que habían sido abusadas por algún familiar. Es un hecho tan traumático que se hace difícil de enunciar; por eso el sistema, explica Mizrahi, intenta evitar que los niños, niñas y adolescentes tengan que presentarse a declarar y cuando el juez lo admite, un equipo trabaja con las víctimas para evitar que el proceso cause daños aún mayores. “Una vez que el niño hace la revelación, para nosotros alcanza”, dice la coordinadora.

Un obstáculo importante que los equipos de trabajo encuentran en las familias es que suelen acallar la violencia, negar o ignorar que existe un problema. Hablando puntualmente del abuso sexual, Mizrahi explica que es muy difícil que las víctimas hagan las denuncias porque saben “el impacto que implica en la familia”. Por otra parte, teniendo en cuenta que en la abrumadora mayoría de los casos registrados los abusadores son familiares directos,  se plantea el difícil ejercicio de ponernos en el lugar de un niño que piensa: “tengo que denunciar a mi papá” y los conflictos que eso supone; la persona que debe asegurar su bienestar es la responsable del daño. En muchos casos quienes denuncian casos de violencia son personas del ámbito educativo o de la familia de las víctimas, y en ese momento un equipo comienza a trabajar con el abusado, con el  agresor y con la comunidad. La coordinadora hace énfasis en que muchas veces los equipos comienzan a trabajar con una familia por denuncias de un tipo de violencia que abre la puerta a descubrir otros en el núcleo familiar. Mizrahi hace énfasis en el trabajo con la comunidad, ya que son quienes hacen un seguimiento de los casos registrados. La coordinadora afirma que lo que se intenta lograr es no tener que separar a las víctimas de violencia de sus familias, sino trabajar para reparar el daño causado y que la violencia no vuelva a suceder en el futuro.

La ausencia también es violencia

Un 63 % de los victimarios son hombres, pero los últimos informes del SIPIAV han registrado un gradual aumento de agresoras mujeres. Mizrahi anunció que esto va de la mano con el aumento de hogares monoparentales, donde todas las responsabilidades recaen en la madre y a veces esto causa que ellas sean violentas con sus hijos. Para Mizrahi, en muchos casos la piedra fundamental de esa violencia es la ausencia del padre. ”Los padres juegan un papel fundamental en la vida de los niños;que no estén es un problema, su ausencia también genera violencia”.

En datos de una reciente encuesta de prevalencia de INAU con el Instituto Nacional de Estadística (INE) para mujeres mayores de 15 años en poblaciones de más de 5000 habitantes, un 34% de ellas plantean que en su infancia sufrieron violencia. En etapas de vida primaria la violencia hacia los niños y niñas es similar: en datos del informe, un 55% son víctimas mujeres y un 45% son víctimas hombres. Pero a partir de la pubertad o adolescencia se comienza a apreciar una fuerte feminización en la violencia y en el abuso sexual. Para la coordinadora del informe esto se debe a que los varones empiezan a tener otras herramientas para defenderse, y deduce, por otra parte, que en el abuso sexual masculino se da un acallamiento todavía mayor que en el femenino.

De los 1.650 casos registrados, tres son de violencia institucional. Sin embargo, Mizrahi planteó que en esta área hay un subregistro y que la prioridad aquí es encontrar los mecanismos para que eso no suceda. Agregó que los niños y adolescentes deben tener garantías para defenderse cuando una institución los maltrata, y mecanismos para poder denunciarlo “que no siempre se dan y que el tránsito para plantear la denuncia es tan tortuosa que es preferible no hacerla”.

¿Cómo influyen los medios?

Desde el informe del SIPIAV se identifica a los medios de comunicación como parte del problema estructural de la sociedad, que genera esta violencia. Para Mizrahi sería positivo que los medios “pongan el tema sobre la mesa” y trabajen en la sensibilización. También advierte que en los medios existen mensajes sexistas que juegan un papel muy importante en el tema de definir cuál es la condición de las niñas. Mizrahi agrega: “nosotros desde los lugares que tenemos, transmitimos o hacemos que el mensaje sea diferente, pero sabemos que hay un mensaje hegemónico y que no es fácil cortarlo”.

Alana Constenla / Eric Núñez