La 21° Marcha del Silencio

RESISTENCIA Y MEMORIA

 

Ellos en nosotros, en una gélida noche. Foto: SdR / Eugenia García

Dicen  que fue tan numerosa como la 20ava. Dicen que el silencio fue más estremecedor. Dicen que el contingente de jóvenes presentes atestigua el redoble de la conciencia. Dicen que habrá marchas hasta que se termine la impunidad. Lo cierto: es imposibe seguir ignorando este combativo reclamo de verdad y justicia que apuesta al futuro. Muchos estudiantes de  Sala de Redacción estuvieron en 18 de Julio recolectando testimonios, observando para los lectores. Ofrecemos dos de esas visiones.

Políticos hablan sobre derechos humanos

AUSENCIAS ESTRIDENTES

Son las siete de la tarde y es otra vez 20 de mayo. El murmullo se eleva sobre miles personas. Cada acciòn compone la dignidad del silencio, el humo de cigarro de aquel militante, el pitido del celular de aquel distraído, la destartalada persiana de un comercio que chirría para marcar su indiferencia o la voz que bruscamente se destaca para llamar a otra: “estoy acá en 18 y Eduardo Acevedo, buscame”. Las miradas se concentran en los carteles que llevan los Familiares. La avenida principal de Montevideo se impregna de esperas. En las veredas algunos se señalan y saludan para adentrarse en el adiestrado caudal de gente. En las esquinas algunos autos esperan cruzar, sin bocinas, sin broncas. Sobre las cabezas se alzan los niños que están encima de los hombros maternos o paternos. Y allà en los edificios otros se asoman distraídos, o sospechosos con lentes de sol, o culposos, testigos que se saben lejanos. Cada persona se hace parte y naufraga en el silencio. El murmullo pronto cesa para denunciar, en la 21º Marcha del Silencio, la impunidad.

 

Foto: SdR / Eugenia García

Los rituales alrededor de las ocho se van apagando, el grito del “presente” luego que el nombre de un desaparecido en dictadura resuena en los parlantes, el himno nacional y su prolongado aplauso. Los que llevaron velas soplan lerdamente hasta extinguirlas. Los rostros quedan iluminados por los flashes de las cámaras. Algunos simplemente se retiran, otros resisten y forman pequeños grupos de encuentros.. El murmullo despierta, y es así como culmina la batalla contra el silencio. Poco a poco los grupos se van difuminando por la Plaza Cagancha. Entreverados en algunos grupos se encuentran Lilián Abracinskas, Marcos Carámbula y Rafael Michelini.

Luego de cantar el himno y retirarse de la marcha, el senador Marcos Carámbula opina que el Frente Amplio tiene que “ahondar y mejorar” las políticas sobre derechos humanos y sostiene que sobre el actual ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro hay ciertas reticencias en su partido. “Muchos en el Frente Amplio no están de acuerdo con respecto a que el ministro mantenga su cargo”, asegura.

En cambio, Lilian Abracinskas, bióloga y fundadora de  Mujer y Salud, se muestra crítica con respecto a la política del Frente Amplio Declara que “El frente ha perdido años donde ha tenido mayoría parlamentaria”, lo que define como una “deuda con la sociedad“. Opina que “ya es hora  de que el Frente Amplio utilice estos tres años que le quedan con mayoría parlamentaria para llegar a la verdad y a la justicia”.

Con respecto a la actuaciòn del ministro de Defensa, califica a Fernández Huidobro como “ una aberración”. Describe el accionar del ministro como aquel que va en “sentido contrario del esclarecimiento”. Justifica su postura al afirmar que ”el ministro no genera condiciones necesarias para que los militares brinden la información sobre dónde se encuentran los desaparecidos” y agrega que éste “opta por enmascarar y cubrir a los militares, sin juzgarlos”.Luego de saludar a algunas personas que cruzaban por allí, sentencia que ella es “de las que piensan que Fernández Huidobro se tiene que ir del ministerio”

Por su parte, el senador Rafael Michelini afirma que “el Frente Amplio siempre ha sostenido en alto la bandera de los derechos humanos, lo ha tenido en su programa y en su política”. Se muestra satisfecho con el accionar del Frente Amplio en sus tres periodos gubernamentales. Menciona la búsqueda de los desaparecidos en cuarteles como un logro y asevera que es “cosa que se nos había negado”. Por otra parte, afirma que “no hay frenteamplista que pueda frenar la investigación”. Con respecto a Fernández Huidobro asegura que “la presencia está marcada por el Presidente de la República” y que èl no puede discernir sobre “quién està y quién no”

En la esquina de Paraguay y 18 de julio unos niños se cuelgan de los postes del semáforo. En la avenida, el agrupamiento pierde su espesor. Uno de los niños se toma del palo amarillo del semáforo y comienza a girar para, distraídamente, gritar algo a los otros. Mientras los grupos de adultos que quedan siguen de charla, la voz del niño aún recita “presente”.

Nadia Amesti

Foto: SdR / Eugenia García

“La impunidad es política de Estado”

CUANDO LAS BOCAS CALLAN Y LAS MIRADAS GRITAN

Normalmente Montevideo a las 18.30 horas de un día de semana, es una ciudad ruidosa. Los comercios apuran sus últimas horas de trabajo, las personas comienzan a caminar más rápido para llegar a sus casas y las bocinas parecen sonar más fuertes y amontonadas. Todos los días son así, salvo los 20 de mayo, hace 21 años. El sol bajaba y el frío, más invernal que otoñal, se hacía sentir. Poco a poco cientos de uruguayos se fueron acercando a Jackson y Rivera, hasta convertirla en una esquina llena de gente y escasa de ruidos.

Casi 300 carteles con fotos de los desaparecidos durante la dictadura militar (1973-1985) esperaban ser alzados por alguien para hacerlos marchar: “Ellos en Nosotros. Contra la Impunidad de Ayer y de Hoy. Verdad y Justicia”, era la consigna para la 21° Marcha del Silencio. “Están con nosotros, gritan revolución” expresaba una pancarta que colgaba.

Una atmósfera de respeto hacía del lugar un sitio quieto, de muchas miradas y pocas palabras. “Hay que hacer la marcha porque todavía hay muchas cosas que no se saben”, susurró una señora a la muchachita que la acompañaba, y no dijeron nada más: es que el reloj marcaba las 19:00 horas en punto y la marcha se daba por iniciada.

Una montonera de gente de la más amplia gama de edades comenzaba a caminar rumbo a 18 de julio, escoltada por otros tantos que al costado de la calle y tomados de la mano, observaban y parecían proteger el borbollón.

Foto: SdR / Eugenia García

Por la avenida más ruidosa de nuestro país, solo se escuchaba el sonido de los zapatos sobre el asfalto y alguna bocina que sonaba más molesta y estruendosa que en cualquier otra ocasión. Después, solo se hablaba con las miradas y algún otro cartel que reafirmaba lo que esas miles de personas estaban expresando: “El silencio ahoga”, “La impunidad es política de estado”.

Poco antes de las 20:00 horas, el silencio se rompe para nombrar uno a uno a las víctimas de terrorismo de estado durante esos 12 años, acompañado del grito “¡Presente!”.

Diego Vieites, miembro de la organización, expresó que todavía no hay verdad ni justicia porque de los más de 200 desaparecidos, solo de cuatro han sido encontrados sus restos, porque muchos militares no han sido juzgados y porque considera que no hay voluntad política. Waldemar Taroco, otro de los organizadores, además manifestó que mientras haya impunidad corremos el riesgo de se repita la historia.

Mariana Marrero, integrante de la FEUU dijo que “no hay verdad porque la gente que sabe no habla, y no hay justicia porque con lo poco que se sabe no se han tomado medidas”, además considera que es un tema que debe ser gestionado por el Estado. Remarcó la importancia de la Marcha del Silencio por ser un espacio de resistencia y una oportunidad de hacer memoria sobre nuestra historia reciente.

La marcha tuvo como punto de finalización la Plaza Cagancha. Nuevamente el ambiente se tornó quieto y mudo. Las caras reflejadas por las luces de la ciudad creaban una dolorosa fotografía que la prensa se encargaba de captar. Pero la marcha, ahora en pausa, era una foto en sí misma: los ojos llorosos, la boca tensionadamente cerrada, los músculos de la cara tiesos, las manos apretadas, los carteles en alto, las fotos de ellos, también mirando en silencio; todo conformaba una imagen de tristeza y resistencia, de un vacío que aún, a más de 40 años, no se logró llenar.

La actividad finalizó con el canto del himno nacional, y repitiendo la acción de protesta que se hacía durante el período de dictadura, se enfatizó la estrofa “Tiranos Temblad”. Un grito de “Viva la democracia” concluyó el momento y miles de palmas sonaron al mismo tiempo, como liberando tanto silencio acumulado durante todas esas cuadras, y durante todos estos años.

Aiara Camacho