Manifiesto por una civilización democrática: la propuesta del pueblo kurdo que cuestiona el Estado Nación

EL SUEÑO DE ÖCALAN

Durante la charla. Foto: Belén Casalás, gentileza de la FEUU

Son las 6 de la tarde del sábado y Montevideo está quieto. Los ómnibus y transeúntes que en la semana abruman el tiempo y el espacio de la principal avenida dejan paso a una calma inquietante. A una cuadra de la desolada 18 de Julio, la Facultad de Ciencias Sociales luce lúgubre, algún veterano se acerca y pregunta: “Disculpá, ¿la charla es acá?”. La respuesta es afirmativa. Cruza el hall central y desciende por una escalera al subsuelo del edificio rumbo al salón de actos. Es entonces cuando la llamada del camino del héroe es recibida, ese que en el inframundo cruza el Aqueronte para encontrar aliados, enemigos, una prueba que, luego de éxitos y fracasos, culminarán con el ascenso y regreso del héroe que ha adquirido los conocimientos necesarios para ayudar al mundo de los vivos. En ese inframundo que configura el salón de actos, Sivan Zerdesti presentó Orígenes de la Civilización, el primer tomo del Manifiesto por una civilización democrática de Abdullah Öcalan.

Unas cincuenta personas están en el salón de actos, a la izquierda se despliega una mesa con libros sobre la cuestión kurda. Un joven mira el libro de Öcalan y pregunta: “¿A cuánto tenés este?”. “Trescientos pesos”, responde una voz en un español forzado. Luego de adquirir el ejemplar, se da vuelta con torpeza y empuja a un veterano de buzo rojo, “perdón”, le dice. El hombre resulta ser Roberto Markarián, rector de la Universidad, que también hacía fila para acceder al libro. En el estrado central hay una mesa donde se encuentran Sivan Zerdesti, militante kurdo que presenta Orígenes de la Civilización, y Raúl Zibechi, periodista y escritor uruguayo, ambos panelistas de la presentación, además de Francisco Claramunt, que oficia de moderador. Detrás de ellos luce una pancarta de la Coordinadora en solidaridad con el pueblo kurdo.

Un pueblo sin estado

Asentados al este de los Montes Taurus y al noroeste de Zagros, la cadena montañosa más importante de Medio Oriente, el pueblo kurdo desarrolla su vida desde, por lo menos, el siglo X AC. Una etnia con lengua propia y una cultura particular, que luchó y se sobrepuso al esclavismo de los faraones del antiguo Egipto y a los imperios persa, greco-romano, otomano, bizantino y mongol. Desde la caída del imperio otomano y la constitución del Estado turco en los albores del siglo XX, los kurdos han sido perseguidos y desplazados. 40 millones de personas dividas entre los actuales Estados de Siria, Turquía, Irán e Irak componen la nación sin Estado más importante del mundo.

Medio Oriente es hoy la zona más conflictiva del mundo. No es casualidad que uno de los últimos territorios a los que llegó el modelo de Estado moderno, donde confluyen diversas etnias, culturas y religiones, sea un polvorín en pleno siglo XXI. Estados totalitarios con monarquías instauradas como Arabia Saudita y Jordania, teocráticos como Irán, y democracias como las de Turquía, Irak y Siria configuran el panorama de lo que se conoce como Kurdistán (tierra de los kurdos).

En 1978 se fundó en Turquía el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), cuyo líder es desde ese momento Abdullah Öcalan. En 1980, el PKK fue la principal fuerza de combate al golpe de Estado que dio inicio a una dictadura militar en Turquía. Del choque, 600 mil kurdos resultaron encarcelados. En 1984, ya en plena dictadura, la guerra del PKK contra el gobierno militar terminó con 30 mil kurdos asesinados y desplazamientos de miles de personas, además del arrasamiento de 4 mil pueblos y aldeas. En 1999 el líder kurdo, Öcalan, fue arrestado en la embajada griega en Kenia y trasladado para un juicio orquestado por el gobierno de Turquía. El resultado: cadena perpetua y aislamiento en la isla de Imrali en el mar de Mármara. Desde esa cárcel en la que está recluido desde hace diecisiete años escribe Orígenes de la Civilización. El libro “es hijo de la lucha del pueblo kurdo”, manifiesta Zibechi al inicio de su presentación.

Zibechi durante la charla. Foto: Belén Casalás, gentileza de la FEUU

“Una de las tesis de este libro es la lucha entre la civilización estatal, focalizada en Estados nación, y la civilización democrática, no estatizada. La otra, pone en duda verdades de la izquierda occidental, desde el Estado nación hasta el rol de la ciencia”, destaca Zibechi, quien, a pesar de no estar de acuerdo con la tesis, piensa que “es fundamental escuchar atentamente y sin prejuicios sus motivos porque son personas que luchan y ofrecen su vida por una causa. Un pueblo sin Estado como el kurdo, el mayor del mundo, está en condiciones de cuestionar el papel del Estado nación en la lucha emancipatoria”.

Una nueva esperanza

A media hora de iniciada la presentación tomó la palabra Sivan Zerdesti, traductor de Orígenes de la Civilización al español. En una extensa exposición con un tosco pero entendible español, Zerdesti subraya la importancia de la presentación de la experiencia kurda en Latinoamérica para acercar a los pueblos y contribuir a la solidaridad internacional. Recuerda también que el sistema de explotación que vivimos representa solo un 2 por ciento de la historia de la humanidad y se anima a advertir que el tiempo anterior estuvo signado por una sociedad natural y democrática.

Según plantea, en la zona del Kurdistán del norte, en lo que conforma el arco fértil de los ríos Tigris y Éufrates, existió en el período neolítico “la autoridad democrática de la diosa madre”. El trabajo de arqueólogos e historiadores dice que 16 mil años atrás se realizó una revolución neolítica en ese lugar, donde se instauró “una sociedad matriarcal, donde no había castigos, no había decapitados, no había explotados ni obligados a querer a su diosa”.

A lo largo de su exposición siempre está presente el rol de la mujer en la propuesta kurda. Es que el Confederalismo Democrático, principal plantemiento de la propuesta de Öcalan, le da un lugar preponderante a la mujer alejándola de “la opresión y el desplazamiento que tiene en los Estados nación”. El modelo contrahegemónico que tiene su aplicación en la región del Kurdistán sirio, en lo que se conoce como Rojavá y en el que además de kurdos participan árabes, armenios y sirios, se basa en asambleas populares y en un régimen de copresidencia , la que es integrada por una mujer y un hombre y se encarga de llevar adelante la dirección de la confederación en base a lo resuelto por las asambleas. Si constitucionalmente reconocen la existencia del pueblo kurdo, la transición será pacífica y democrática. No obstante, si no reconocen los derechos del pueblo kurdo constitucionalmente, en ese caso el pueblo unilateralmente implementará su sistema de confederalismo democrático, como ya se está haciendo en Rojavá”, explica Zerdesti.

Zerdesti durante la charla. Foto: Belén Casalás, gentileza de la FEUU

Las críticas y cuestionamientos del modelo kurdo no se cierran solamente en el típico Estado nación capitalista, sino que van más allá y abarcan también al socialismo real. Zibechi cita a Öcalan textualmente: “El marxismo no pasa de ser el ala izquierda del liberalismo…”, se detiene y lanza un “¡pam!” al aire mientras golpea la mesa, tras lo que continúa con la cita: “…y la herramienta más útil del sistema ya que esta corriente subordina su método y todo su proceso de conocimiento al materialismo histórico”.

En la discusión, Zerdesti dice que la crítica al marxismo se basa principalmente en su “reduccionismo económico”, y continúa: “patrón y proletariado solo representan al 10 por ciento de la población. ¿Dónde encaja más del 90 por ciento de la sociedad? ¿Dónde encajan los campesinos y la mujer, la nación más oprimida del mundo?”, se pregunta, mientras reflexiona sobre esta perspectiva marxista que descuida otros regímenes de subordinación y explotación del hombre por el hombre.

Luego de un escueto espacio para intervenciones del público, el moderador cierra la charla con un cerrado aplauso, que se hace uno con el de los presentes. Al final, algunos asistentes se acercan al estrado para conversar con los presentadores. La gente se va, se difumina por la oscura y silenciosa capital. Mientras, Öcalan sigue cumpliendo una condena en la que los derechos humanos parecen haberse abolido. A pesar de los diecisiete años de prisión y los trece meses sin noticias, el pueblo kurdo confía en su líder como una guía para llegar a la liberación.

Iván Fernández