Instituciones del barrio Capurro construyeron con la comunidad un mural inclusivo en la plaza Pareja

TODOS PARA EL MURO DE TODOS

Foto: Agustina De Vera

Cerca de cien personas se congregaron en el espacio libre Miguel Ángel Pareja del barrio Capurro para disfrutar de la construcción conjunta de un mural inclusivo. En los días previos al evento aumentó la intensidad de los preparativos. Los miembros del colectivo Grupo Rojo llegaron a la plaza para terminar de acondicionar el muro para ese fin de semana, después de que la alerta roja y las intensas lluvias impidieran que se concretara el anterior domingo 17. Para el trabajo en ese espacio, ubicado sobre la calle Francisco Urdaneta, entre Agraciada y Uruguayana, contaron con el apoyo de otras tantas instituciones. Inclusive, una vecina llamada Ana colaboró particularmente con su experiencia en la manufactura de elementos reciclados y en el trabajo sobre el mural. Con la pared ya limpia, blanqueada y con los esbozos del diseño trazados, ya estaba todo listo para recibir a la gente en ese gran día.

El tan esperado domingo 24 las nubes se mostraban amenazantes, pero eso no amilanó a estos emprendedores. La ansiedad y la motivación provocaron que el transporte de las herramientas se realizase temprano en la mañana, desde el Centro Cultural La Cuadra, para concretar los últimos detalles antes de que el público empezara a llegar. La gente fue invitada a concurrir desde las once a través de las redes sociales y folletos que fueron distribuidos en la vía pública e instituciones educativas. Alrededor de las nueve de la mañana llegó un camión del municipio C con los baños químicos (incluido uno accesible para ingresar con sillas de ruedas) y con los implementos para clausurar la calle Francisco Urdaneta e instalar un escenario. De a poco se fueron acondicionando los espacios para los distintos talleres y juegos inclusivos, así como la preparación de la pintura y los instrumentos para ofrecer a las personas que iban arribando al lugar. La gente llegaba y consultaba para comenzar a intervenir sobre el muro. Los referentes facilitaban los pinceles, esponjas o instrumentos adaptados para que todo el que quisiera participar lo hiciera de acuerdo a su necesidad y capacidad.

Foto: Agustina De Vera

Los talleres también empezaron a rodar con algunos referentes de Grupo Rojo a cargo, y tanto niños como adultos de diversas edades se aproximaron a ellos. Estos espacios fueron pensados para descongestionar el mural, hacer más dinámica la actividad y generar una instancia de reflexión, más allá de la simple diversión. Por un lado estaba el básquetbol en sillas de ruedas, facilitadas por Promotores de Inclusión de la Intendencia de Montevideo. Esta actividad atrajo mayormente a niños y adolescentes (aunque algunos adultos también se animaron), utilizando la calle cerrada como cancha, tratando de anotar en aros que apenas superaban la altura de sus cabezas, próximos a cada cordón. Las sonrisas y las carcajadas afloraban de los participantes que ponían su mejor empeño para adaptarse ante la experiencia de practicar un deporte que es bien conocido para Uruguay, pero sin utilizar las piernas.

El popular juego Memory también tuvo su lugar, pero con una versión adaptada para personas con discapacidad visual. Sobre una mesa se puso una tela con reparticiones y encima unas fichas cuadradas de madera (del tamaño de una mano aproximadamente) que tenían en una de sus caras una determinada textura. El objetivo de este pasatiempos consiste en encontrar los pares de texturas entre los dos jugadores. Para esto, el referente encargado les cubría los ojos a ambos participantes con un pañuelo, a fin de que solamente dependieran del sentido del tacto y de la ubicación espacial. Esta propuesta fue muy bien recibida por niños y algunos adultos que se divertían al intentar reconocer las texturas para poder describírselas a su compañero.

Foto: Agustina De Vera

Un espacio de expresión plástica fue otra de las propuestas, del que los niños sacaron mucho provecho y realizaron dibujos muy bonitos, con los diseños más diversos que luego se llevaron a sus casas. Quienes asistieron tuvieron la posibilidad de expresarse libremente sobre el mural, en un sector en blanco que fue utilizado por muchos para imprimir allí un dibujo, una palabra, un mensaje, dejar su propia huella.

Desde las 15 horas la música comenzó a sonar en el escenario instalado sobre la calle Urdaneta, con bandas para todos los gustos. Esta serie de espectáculos fue coordinada por la Cooperativa Cultural Capurro y la apertura estuvo a cargo de un grupo de rock llamado “Satori”. A continuación se escucharon canciones del género funk de la mano de “La Señal”, para pasar después a un grupo de hip hop, luego a una comparsa (que aportó un plus de alegría y baile) para culminar con otra banda de rock denominada “Diamante en bruto”.

El mural, protagonista de la jornada y síntesis perfecta de la concepción general de la convocatoria, muestra a las claras su esencia fundamental: ser accesible y disfrutable para todos. Fiel a esa premisa, no se le incorporaron solo estímulos visuales: todos los sentidos debían estar presentes. El tacto está integrado a través de las texturas con tapas de plástico que cubren parte del diseño. El olfato participa mediante plantas aromáticas, como romero, colocadas en un cantero amurado a la pared. El oído se estimula a través de una campana de aire (popularmente conocida como “llamador de ángeles”). Por último, la visión se despierta, lógicamente, mediante los colores y las líneas del diseño. El mural muestra a la ciudad de Montevideo que descansa sobre una rambla con figura de mujer en un extremo y de hombre en el otro; en la parte superior, la pintura culmina con colores cálidos y fríos difuminados, que emulan la transición de la tarde a la noche.

Foto: Agustina De Vera

La búsqueda fundamental es la armonía del mural con la estética general de la plaza, buscando además un impacto visual para el paisaje del barrio y que sea un incentivo para la participación colectiva. Esta pared, con esta iniciativa, deja la pasividad para adoptar un cariz interactivo con el público que recorre la plaza Pareja. Además de la estimulación de los sentidos, como parte de ese muro hay juegos inclusivos como un tubo de PVC de unos tres metros de largo para comunicarse de un extremo al otro, colocado a baja altura. Como otra opción aparece un ábaco, construido en base a metal con argollas de madera pintadas de cuatro colores diferentes. Un puzzle de madera aporta otra dinámica con diferentes tipos de superficies y relieves, casi íntegramente compuesto por materiales reciclados, aspecto presente en otras partes del mural. Con nueve cuadrados corredizos, el objetivo es deslizarlos con las manos para formar un triángulo en el centro, resaltado con madera en relieve, con una superficie plana en su interior, guiándose al palpar las texturas que la rodean.

Esta actividad surgió como parte de un proyecto presentado para el Fondo de Iniciativas Juveniles (FIJ) en la modalidad de red, por parte de los grupos de Promotores de Inclusión de la Intendencia de Montevideo y del Instituto Nacional de la Juventud (INJU).  Luego, otras instituciones y colectivos, además de los ya mencionados, se adhirieron al emprendimiento como Red Capurro, el centro cultural El Picadero, la cooperativa cultural Capurro, el Concejo Vecinal Nº16 y la Secretaría de Accesibilidad para la Inclusión de la Intendencia de Montevideo, que trabajaron en conjunto para abarcar los diferentes aspectos de este proceso.

La jornada terminó por ser un éxito por la concurrencia, por la eficacia de la construcción conjunta y por lo que generó en la comunidad, desde la integración, sensibilización y concientización acerca de la discapacidad. Ahora esa pared, fruto de la cooperación colectiva, es un recordatorio de la movilización de la comunidad y de lo que eso genera. Ese muro, ahora, le pertenece a todos.

Maximiliano Silva