La historia del médico del Marconi, que no pudo llegar a trabajar

LA PIEDRA EN EL ZAPATO

Policlínica Misurraco. Foto: ASSE

Es viernes y hay muchos pacientes esperando en la sala. Desde el mediodía los murmullos se hacen uno: hay lío en el barrio. Comentan que cayeron los milicos. Que mataron a uno y ahora la gente se defiende tirando piedras (véase nota central “Voces del Marconi”). A las 13 horas comenzaba el turno de Eusebio, médico de familia y comunidad en el Centro de Atención de Salud Dr. Rubén Misurraco o Policlínica Santa Rita, como la conocen los vecinos, la referencia para el primer nivel de atención en salud en la zona.

En la sala de espera, algunos pacientes esperan inquietos la consulta. “¿Viene hoy?”, preguntan. A las 12:50 los funcionarios de la policlínica deciden cerrar el centro por falta de garantías ante la situación que se inició en Aparicio Saravia y Pedro Trápani y que ahora se vive en todo el barrio. Hablan con “Neca”, una de las matriarcas del barrio y le plantean que se van, que le abran el paso en medio de las barricadas formadas por contenedores ubicados sobre Enrique Castro porque ellos no tienen nada que ver. En ese contexto se desaloja la policlínica, siempre cumpliendo con el protocolo: los pacientes primero, los funcionarios después.

Mientras tanto, Eusebio se desplaza por Enrique Castro rumbo al centro de atención que está a unas cuatro cuadras de General Flores. Nunca llega. A mitad de camino, entre General Flores y Aparicio Saravia, a unas 8 cuadras del epicentro del conflicto, un corte de calle le impide continuar el tránsito con su Suzuki Alto. Se detiene, ensaya un giro con el volante para cambiar la dirección y rodear la situación. De repente otra barricada. Un grupo de personas avanza hacia él. En reversa, para volver a esquivar, da contra algo, o algo se da contra él. Una piedra, estiman todos. Después, todo se vuelve oscuro. Quienes avanzaban en su dirección lo retiran del auto. Eusebio no ofrece resistencia, el golpe en el lado izquierdo de su cabeza lo dejó knockout. Ya en el suelo, recibe algunos golpes. Un vecino que no participaba de la golpiza, lo reconoce, lo retira de la escena y lo lleva a su casa. Mientras o luego, el auto de Eusebio se prende fuego en el cruce de Pedro Trápani y Aparicio Saravia.

Nadie sabe muy bien cómo ni de donde, una ambulancia del SAME 105 pasa por el lugar. Esa que demora treinta minutos cuando la requieren de la policlínica y nunca da señales cuando la llaman los usuarios, trasladó a Eusebio desde el Marconi hasta el CTI del Hospital Maciel, donde se recupera. El primer diagnóstico médico dice que ha perdido la audición en un oído y presenta una parálisis facial. En breve se espera que sea trasladado a su casa para pasar al régimen de internación domiciliaria. Mientras, la Policlínica Misurraco permanece cerrada. Las autoridades intentan dar la señal política de que el centro sigue en funcionamiento pero los funcionarios, compañeros de Eusebio, decidieron que en estas condiciones no brindaran más sus servicios en ese lugar.

Iván Fernández