Dos candidatos con diferencias en las formas y similitudes en el programa para el balotaje de Perú

NO QUEDA ALTERNATIVA

Durante una marcha contra la candidatura de Keiko Fujimori el 31 de mayo. AFP PHOTO / CRIS BOURONCLE

Mañana 5 de junio el país andino elegirá su presidente entre los dos candidatos más votados durante la primera vuelta: Keiko Fuyimori y Pedro Pablo Kuczinsky. En esa ocasión Fujinori obtuvo el 32.64 por ciento y Kuczinsky el 17.23, dejando en un cercano tercer lugar a Verónika Mendoza del Frente Amplio con el 15.35 por ciento. El resto de los partidos no superó el 5 por ciento del electorado. Además, los votos en blanco y nulos, juntos, superaron el 18.

Algunos aspectos se desprenden en una mirada de esta primera vuelta de las elecciones generales. La primera de ellas es que el Partido Nacionalista Peruano (PNP), en el gobierno, no presentó candidatos, pese a que cinco años atrás fue la esperanza de cambio de los peruanos.

Otro elemento es la fuerte votación que obtuvo la novel candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza. El Frente Amplio es un partido de reciente creación con integrantes provenientes en su mayoría del PNP, separados por discrepancias con su política económica y represiva. Su base de apoyo es el combativo sur del país que ha sostenido fuertes levantamientos contra la presencia de multinacionales dedicadas al extractivismo.

El otro elemento que no se pasa por el alto es que la hija del expresidente Alberto Fujimori haya sido la más votada. El mandatario de la década de los 90 impulsó un golpe de Estado para perpetuarse en el gobierno, lanzó una fuerte represión contra el movimiento popular peruano que incluyó varios crímenes y actualmente se encuentra en prisión por su responsabilidad en delitos de asesinato con alevosía, secuestro agravado y lesiones graves. Además fue condenado por apropiación de fondos públicos, entre otros. Lo sorprendente es que Keiko Fujimori representa a una corriente política “fujimorista” que reivindica el gobierno de su padre y defiende su continuidad.

El segundo candidato más votado, opositor de Fujimori en esta segunda vuelta, es un fuerte defensor de la apertura del país a la inversión de los grandes grupos económicos, ha ocupado cargos en gobiernos que desarrollaron las políticas neoliberales recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y también años atrás tuvo que refugiarse en Estados Unidos por ser acusado de derivar fondos a una multinacional de petróleo, filial de la Standard Oil, cuando era gerente del Banco Central de Reserva del Perú.

Así las cosas, esta segunda vuelta deja a los peruanos con poca posibilidad de maniobra. Pero vamos por parte.

Los candidatos

Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, nació en Lima en 1975. Cuenta apenas con 41 años. Durante 1992, mismo año en que su padre dio un “autogolpe”, viajó con sus hermanos a estudiar a Estados Unidos. Dos años después se convirtió en primera dama de Perú, al separarse sus padres y ser la primogénita. De esa manera entró en la vida política durante el gobierno de facto de su padre. Al ser destituido, en el año 2000 volvió al país del norte. Años después egresó de la Universidad de Boston con la licenciatura de Administración de Empresas. Está casada con el empresario norteamericano Mark Villela.

Volvió a su país para dedicarse a la vida política. Tras la renuncia de su padre asumió el liderazgo del fujimorismo, reivindicando el gobierno de su padre durante la década del 90. En las elecciones de 2011 terminó en segundo lugar tras el actual presidente Ollanta Humala. Con su partido Fuerza Popular vuelve a intentarlo en este 2016. Este partido está siendo investigado por el Ministerio Público por la relación entre su financiación y el lavado de activos.

Pedro Pablo Kuczinsky, candidato de Partido Por el Kambio (PPK), nació en Lima en 1938. Con sus 77 años tiene una larga trayectoria política en varios gobiernos de su país. Pero, así como Keiko Fujimori, tiene una temprana formación en los países del hemisferio norte. Hijo de un alemán y una suiza, desde niño estudió en Inglaterra y Suiza. Estudió filosofía, economía y política en la Universidad de Oxford, y una maestría de Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos.

En primeras nupcias se casó con la hija de un integrante de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Divorciado de esta se casó con su actual esposa, también norteamericana, quien lo acompaña en la campaña electoral.

A lo largo de su vida ha trabajado para variadas empresas multinacionales. Se destaca su participación durante los años 80 del Club Bilderberg, grupo selecto con funcionamiento secreto de las personas más influyentes ligadas a los grandes grupos económicos con el fin de promover políticas corporativas.

Como parte de su vida política en la década del 60 fue gerente del Banco Central de Reservas del Perú. En esa ocasión es acusado de derivar fondos a una filial de la Standard Oil y huyó a refugiarse a Estados Unidos.

En 1980 volvió a Perú para ocupar el puesto de ministro de Energía y Minas, y promovió una Ley que concedía exoneraciones tributarias a empresas petroleras extranjeras. Desde el año 2000 fue ministro de Economía, puesto que utilizó para promover acuerdos con el FMI e impulsar medidas que generaron un cismo económico y político en toda la región. Por la privatización de la empresa eléctrica, en 2002 se suscitaron fuertes protestas, incluyendo levantamientos masivos en el sur del país, que lo obligaron a renunciar.

Volvió a la vida política en las elecciones de 2011, ocasión en la que se colocó en tercer lugar. Una curiosidad es que ese mismo año, en la segunda vuelta entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori, Kuczinsky apoyó a esta última, su actual contrincante.

Los programas

Con estos claros antecedentes que acercan a los candidatos más que separarlos, el debate programático ha buscado encontrar las diferencias que los puedan colocar en mejores condiciones para la batalla electoral.

Los opositores a Keiko Fujimori han logrado colocar el centro del debate en la disyuntiva entre democracia y dictadura. Según esta mirada, la hija del expresidente representaría el último de estos polos.

La candidata propone el aumento de penas a los infractores, un incremento considerable del número de policías y las Fuerzas Armadas como parte de la seguridad interna. Lo contradictorio es que propone el aumento de las penas mientras sugiere que intentará indultar a su padre que cumple una pena de 25 años.

PPK representaría la democracia. Sería la garantía para el respeto a la institucionalidad. Aunque esto incluya como motor económico la inversión extranjera para explotar recursos naturales. Sin embargo, en el resto de los contenidos programáticos es difícil rastrear diferencias de fondo.

Cercanías porcentuales

En las últimas horas las encuestas mostraron un cambio en la voluntad electoral de los peruanos. Lo que era una ventaja considerable a favor de Fujimori pasó a ser un empate técnico entre ambos candidatos.

Algunos acontecimientos de última hora pudieron influir en este escenario. Tal vez, el que tuvo mayor visibilidad sea la investigación que pesa sobre Joaquín Ramírez, uno de los principales financiadores de la campaña de Fujimori y dirigente de su partido, por enriquecimiento ilícito y lavado de activos, motivo por el cual también es investigado por la DEA norteamericana.

Al hacerse pública esta situación, sus adversarios comenzaron a advertir sobre los riesgos de que Perú se convierta en un narco-estado, en caso de que gane la candidata fujimorista.

También puede estar influyendo en esta cercanía porcentual el debate entre ambos candidatos, la masiva movilización contra Fujimori desarrollada en Lima, bajo la consigna “Marcha por la democracia” y, para concluir, el sorpresivo apoyo recibido por PPK de parte del Frente Amplio, liderado por Verónika Mendoza, luego de que ambos cruzaran fuertes acusaciones.

Así las cosas, los peruanos se enfrentan el domingo a la elección presidencial entre dos candidatos que no le ofrecen alternativas programáticas. Entre la hija de un expresidente de facto y un agente de las multinacionales.

Bruno Lasa