Miles de personas marcharon contra la violencia machista bajo el lema Ni una menos

LA HORA DE LAS CAMPANAS

Son 12 mujeres las que han perdido su vida en Uruguay por violencia machista en lo que va de 2016. En 2015 la cifra llegó a 39, lo que dejó a nuestro país con una de las tasas más altas a nivel mundial. El asesinato de mujeres perpetrado por hombres es identificado con el neologismo feminicidio, una figura que se instaura en el vocabulario popular y que hace referencia a los asesinatos motivados por la misoginia y el sexismo.

De a puñados, hombres y mujeres de todas las edades se acercan a las 18 horas a la explanada de la Universidad de la República. Un grupo de mujeres vestidas de blanco y otro totalmente de negro llaman la atención de algunos. Pancartas completan el panorama previo a la marcha que transitará 18 de Julio desde Tristán Narvaja hasta la Plaza Cagancha.

Un círculo humano toma 18 de Julio. En su centro, las mujeres vestidas de blanco hacen sonar sus campanas, la llamada de atención para una sociedad dormida. El público observa en silencio. Caen al suelo, como tantas otras han caído. Las campanas no paran de sonar. Y los fotógrafos luchan por quedarse con la mejor postal de una puesta en escena que tiene un reclamo claro: no más mujeres muertas por violencia de género.

Una lata de pintura hace las veces de bombo mientras a través de un megáfono se grita por todas las que ya no tienen voz. A lo largo de la marcha llevan la batuta y marcan el ritmo de los cánticos que llenan las esquinas de la principal avenida. Un cartel reza: “Cuando matan una mujer trans también es #Niunamenos”. Un joven lleva en una cartulina verde la frase “ni machos ni fachos”, mientras una muchacha levanta en alto una cartulina blanca en la que una chala acompaña la frase: “La naturaleza es sabia, el macho no pega”. Los cánticos son cada vez más fuertes. El canto de “somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar” se entona como grito de guerra que recuerda la salvaje cacería de mujeres que llevó adelante la Iglesia Católica en el medioevo, en lo que podría considerarse el feminicidio más grande de la historia de Occidente. Antes y después, un grito se hace una sola voz: “Tocan a una, tocan a todas”.

Ni una mujer menos, ni una muerta más

El 3 de junio de 2015 fue la la primera marcha Ni una menos. En simultáneo, Argentina, Chile, Uruguay, México y Colombia salieron a la calle a plantarle cara al patriarcado. Es que hay una necesidad real de desencajonar la discusión, sacarla del Parlamento y hacerla un sentir social vivo que genere un cambio.

“Decir ni una menos significa decir basta, en un sentido amplio, a la violencia a la que estamos expuestas las mujeres. Significa gritar juntas, poder decir lo que no queremos callar más. Significa que nos duelen mucho cada una de las mujeres que han muerto y que sabemos que seguirán viniendo más”, expresa María Noel Sosa, vocera de la Coordinadora de Feminismos del Uruguay.

La marcha que en Uruguay es convocada por la Coordinadora de Feminismos congregó más de dos cuadras de personas y tuvo réplicas en los departamentos de Canelones, Colonia, Durazno, Paysandú y Soriano. En la antesala de la marcha circuló por las redes sociales un artículo de la revista Miss 15 que daba consejos a las adolescentes para hacer que sus novios dejaran de perseguirlas, interrogarlas e investigarlas como si fueran detectives privados. Sobre este caso que levantó polvareda en internet y que llevó a la Intendencia de Montevideo a observar la política editorial del magazine, Sosa dice: “Si te pueden decir desde chiquita que no bailes con un pibe porque tu novio se pone celoso y tenés que adecuar tu vida a lo que le parezca a tu pareja, seguimos contribuyendo a esta violencia”. Recalca que la opresión no es solo simbólica, sino material, ya que por igual tarea los hombres ganan más dinero que las mujeres, lo que hace que para comprar productos básicos “una mujer tenga que trabajar tres horas más que un hombre”.

En la Plaza Cagancha fotógrafos y camarógrafos de distintos medios esperan la llegada. Nuevamente se forma un círculo en 18 de Julio. Están todas en el suelo. Quietas. Una niña mira cómo un pincel delinea su silueta con pintura blanca. Es la escena del crimen. La huella de las que ya no están. Para cerrar la manifestación, el público lee a coro la proclama donde se recordaron los feminicidios, que en total en los últimos dos años ascienden a 41. Esos números olvidan a las mujeres que todavía abortan en la clandestinidad, a las que mueren en situación de violencia obstétrica y a las que aún hoy siguen desaparecidas por las dictaduras genocidas.

Texto y fotos: Iván Fernández