12 años de la permanencia de la Minustah en Haití

JUEGOS DE LA PAZ

 

Foto: SdR / Eugenia García

Los juegos de caja marcaron para muchos una etapa de su niñez. Nombres como el War (la guerra) o el Monopoly (el bancario), probablemente traigan a la memoria tardes interminables con amigos. El primero se trataba de invadir y ocupar; el segundo, consolidarse como el único poseedor de diversos inmuebles de plástico. En el primero, no titubeábamos al momento de mover algún ejército, coloridas representaciones del terror. En el segundo, el banquero se encargaba de regular las transacciones entre los distintos jugadores; ponía a su disposición los recursos del Banco, dándoles la oportunidad a los desahuciados de corregir su economía; y en última instancia, hipotecaba. Quizás fue la inocencia lo que llevó a ignorar que se estaba “jugando” a la guerra y al monopolio; pero también se puede pensar que ya desde una temprana edad había en nuestra conciencia una extraña atracción por la estrategia geopolítica y de mercado. La gran mayoría de estos niños crecieron y los juegos de caja quedaron en el pasado. Unos pocos, ya grandes, siguieron jugando.

 

La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah) se instala en Haití en abril de 2004, luego de que el presidente Jean-Bertrand Aristide partiera al exilio. Bajo el argumento de “facilitar un proceso político, fortalecer las instituciones y proteger los derechos humanos”, se desplegó la Minustah. Se dispuso un periodo inicial de seis meses, que fue sucesivamente renovado, con dos elecciones presidenciales de por medio.

Pero a lo largo de estos 12 años, a Haití le tocó caer en los casilleros equivocados. Tras un terremoto devastador en 2010, la presencia de Naciones Unidas se incrementa, con el fin de “ayudar a la recuperación y estabilidad rápida del país”. La epidemia de cólera que sobrevino afectó a más de 680.000 personas y mató a unas 8.300. El pueblo ha exigido a la ONU que reconozca su responsabilidad (se ha determinado que el cólera fue “introducido” por tropas de ONU) e indemnice a los afectados, pero no se han obtenido resultados. El caos que sobrevino al terremoto facilitó el aumento de la prostitución infantil y la corrupción, así como la represión de manifestaciones sociales.

En repudio a estos hechos, y a las consecutivas prórrogas de permanencia de la Minustah en Haití, este primero de junio se realizó una Jornada Continental de solidaridad con el pueblo haitiano. En nuestro país, la Coordinadora por el Retiro de las Tropas en Haití, envió una carta el Presidente Tabaré Vázquez, exigiendo que se aplique lo expuesto en el artículo n°3 de la ley firmada en diciembre de 2015. Por la misma se le otorga la potestad al Poder Ejecutivo, para efectuar el retiro total e inmediato de las tropas uruguayas en ese país. Ante la falta de respuesta, se convocó a una concentración frente al edificio de Torre Ejecutiva.

Andrés Olivetti, integrante de la Coordinadora, contó a SdR que ésta nació como una organización actuante a partir de la visita en 2006 de Didier Dominique, dirigente de la organización haitiana Batay Ouvriye. “Llegó a Uruguay como parte de un recorrido por varios países latinoamericanos, para informar sobre la verdadera situación que estaba atravesando Haití a partir de la presencia de la Minustah”.

Mónica Riet, también integrante de la Coordinadora, explicó que “Estados Unidos ha tenido que cambiar las fórmulas de dominación y colonización: primero fue la presencia del ejército colonial; luego las dictaduras, y ahora las Misiones para la Estabilización”. Según datos oficiales de Naciones Unidas, en el mundo hay en curso 16 operaciones para el mantenimiento de la paz. “La diferencia con Haití es que han integrado a esta fórmula a los gobiernos latinoamericanos del período progresista”. Sin embargo, asegura que se trata de un experimento fallido, ya que “pensaron que con esto iban a tirar 20 años por lo menos. Pero el pueblo empezó a darse cuenta y a reaccionar frente a eso”, aseguró Riet.

La integrante de la Coordinadora estuvo en Haití entre 2014 y 2015, y los hechos le mostraron una realidad muy distinta a la presentada por el discurso oficial de Naciones Unidas, discurso que en Haití se repite a través de los medios de comunicación, al igual que acá. Andrés Olivetti, explicó que se trata de “la clásica ideología del colonizador sobre el colonizado, el discurso es de proveer ayuda y civilización. Mientras que en verdad se está sometiendo”. Agregó que cuando llegaron las fuerzas de Naciones Unidas, gran parte del pueblo pensó realmente que iban a ayudar. “Cuando se enfrentaron a una realidad distinta se llevaron un golpe terrible”, aseguró Riet.

La perla negra

Foto: SdR / Eugenia García

A lo largo de su historia, el pueblo haitiano resistió todo tipo de ocupaciones, sin importar quien fuera el colonizador de turno. Lo demostró con Francia, al adquirir la independencia en 1804, a través de una de la revolución anticolonialista y antiesclavista. Con Estados Unidos, la resistencia fue la expulsión a fines de los 80 de los Duvalier, quienes encabezaron una sucesión de dictaduras digitalizadas por Estados Unidos. En los noventa asumió la presidencia Jean-Bertrand Aristide c on un gran apoyo popular, pero fue derrocado en un golpe de estado financiado por Estados Unidos.

En el 2004, Aristide volvió al país y ganó nuevamente una elección democrática con un porcentaje superior al 60%, y una participación ciudadana del 80%. “Por el contrario, las elecciones organizadas bajo la presencia de la Minustah, registraron un orden de participación ciudadana del 20% como máximo”, aseguró Mónica Riet. Algunas justificaciones apuntan a que los haitianos son despolitizados o no entienden. “Pero esto no es así: cuando hubo elecciones creíbles, el pueblo fue a votar”, explicó Riet. Tras un nuevo golpe de Estado, Estados Unidos, Francia y Canadá, pidieron al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la intervención de Fuerzas de Paz para la estabilización de Haití. “La desestabilización era la gente peleando en la calle, porque les habían dado un golpe de estado, secuestrando al único presidente que los había representado verdaderamente”, afirmó Riet.

Para la integrante de la Coordinadora, esta situación debe comprenderse dentro del plan geoestratégico de Etados Unidos con respecto a todos los países de América Latina. “Hace poco descubrimos declaraciones del Jefe de Comando Sur norteamericano, donde se deja constancia que en el año 2003, la gran amenaza para Estados Unidos, era el peligro de los populismos radicales en América Latina, refiriéndose a los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela y de Aristide en Haití”, aseguró.

Se ha argumentado, que el gobierno oficial de Haití pidió a Naciones Unidas la permanencia en ese país de la Misión de Paz. Pero para Andrés Olivetti, hay que tener en cuenta que “se trata de una ocupación militar política, en la cual se ha sustentado el gobierno oficial. El gobierno de Michel Martelly (quien dejó la presidencia en 2016) apoyaba la presencia de la Misión de Naciones Unidas, porque su sostén político estaba determinado por la ocupación”.

Opiniones divergentes

El presidente de Comisión de Defensa, enador Javier García, dijo a SdR que los balances de la misión son positivos, aunque no se cumplió con todos los objetivos. “Hay problemas estructurales que están haciendo que la situación no se resuelva, entre otros las mafias vinculadas al narcotráfico”, afirmó. Para Luis Puig, diputado del Partido para la Victoria del Pueblo (PVP), este es un argumento falaz, como muchos otros que se han utilizado para justificar la presencia de las tropas en Haití, y señaló que “si el problema es el narcotráfico y la violencia, Naciones Unidas tendría que mandar una “Misión de Paz” a México”.

García estuvo en Haití años atrás, donde participó en un reconocimiento de la misión. Para él se trata de un país con carencias casi absolutas en materia institucional: “Hubiera sido imposible que allí se desarrollara una vida medianamente en paz sin la presencia de Naciones Unidas”. En cambio, Puig manifestó que este argumento de que Haití es un estado fallido, incapaz de desarrollar su propia democracia, es falso y discriminatorio: “Estados Unidos desde hace tiempo ha tenido injerencias sobre Haití, y la presencia de la Minustah, lejos de consolidar una situación de paz y estabilidad, se constituyó como una violación más a los derechos humanos. Dejó secuelas como el cólera, así como continuos procesos de fraude electoral” . Con respecto a la epidemia del cólera, García comentó que “no hay fuentes certeras para afirmar que la epidemia se desató a partir de la presencia de Naciones Unidas en Haití. Además de que la epidemiología es muy particular, y que se trata del Caribe”.

Naciones Unidas proyecta que la Minustah termine sus actividades en Haití para el 2017. Para García, “esto es fruto de presiones de organizaciones no gubernamentales, así como de algunos posicionamientos políticos y se trata de un error, porque todavía no están dadas las condiciones para el retiro”.

La participación de Uruguay en la Minustah se determinó durante el gobierno del ex presidente Jorge Batlle, en 2004. En ese momento, desde la oposición, el Frente Amplio manifestó su negativa a la participación en este tipo de Misiones de Paz, con el argumento de que se servía a objetivos imperialistas. Cuando Tabaré Vázquez asumió el gobierno en 2005, las sucesivas prórrogas de la permanencia del Contingente Militar en Haití, evidenciaron un cambio de postura. “Era muy fácil para el FA, desde la oposición, decir que no. Una vez que se llegó al gobierno se dieron cuenta que era un instrumento de política exterior importante, así como de solidaridad con los países latinoamericanos”, sentenció García.

A lo largo de estos 11 años fueron varios los sectores dentro del Frente Amplio, que se manifestaron en contra de la participación de Uruguay en este tipo de Misiones de Paz. Puig explicó que en los últimos años el PVP votó en contra, y que si es necesario van a manifestar su negativa nuevamente. Además, diputados como Gonzalo Civila (Partido Socialista, PS), Oscar Andrade (Partido Comunista), y el integrante de la Asamblea Popular, Eduardo Rubio, también se mostraron contrarios. La permanencia de la misión se prorrogó hasta el 31 de diciembre de este año; “plantearon que era la última vez que votaban, veremos si eso se concreta”, dijo Puig.

Hacia nuevos caminos

El pueblo haitiano vivió años muy convulsionados, de grandes manifestaciones sociales. Una de las medidas concretadas fue la organización de una comisión investigadora de las elecciones. La integrante de la Coordinadora por el Retiro de las Tropas, Mónica Riet, afirmó que “Luis Almagro, secretario general de la OEA, fue a Haití con el objetivo de presionarlos para que se realizara la jornada de balotaje, y así poder consagrar al nuevo presidente”. Pero las presiones también vinieron desde arriba: “El imperio ha llegado a amenazar con que si no se concreta esa jornada electoral, se van a cortar los fondos que liberan a través de instituciones como el FMI”.

Recientemente el Comité Electoral haitiano reconoció el fraude electoral, lo que obliga a realizar nuevas elecciones. “Se concreta así un fuerte triunfo del pueblo en la búsqueda de nuevos caminos constitucionales”, afirmó Andrés Olivetti. Para Mónica Riet se trata de un momento ideal para dar el respaldo pedido: “Hay que ayudar a retirar la fuerza de la Minustah, y a dar a conocer a todos los pueblos de latinoamérica, la lucha de los haitianos”.

Eugenia García