La imposición del Windows 10

NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO

 

Espejitos de colores. Foto: microsoft.com

El nuevo sistema de Microsoft, Windows 10 llegó para quedarse en todas las computadoras y para seducir a los amantes de los sistemas de Bill Gates. Su lanzamiento llevó casi un año y es llamado así por su intención de correlatividad y unificación con los otros sistemas anteriores.

Parece ser que poco lo ha logrado bajo el consentimiento de los usuarios, un poco desalentados por la versión anterior (Windows 8.1). Se les da la posibilidad de obtener la nueva versión, actualizando su sistema en uso en cada ordenador o desde el sitio oficial, sin costo alguno. Teniendo como único condicionante el poseer ya una licencia del sistema en cualquiera de sus anteriores versiones.

Por desgracia, para el Windows 10 y sus creadores ha sido realmente difícil romper con el dulce magnetismo entre consumidores y Windows 7. Actualmente el uso del sistema se encuentra entre un 55% y 60% de los usuarios totales de Windows.

Esta nueva entrega de Microsoft trae consigo toda una innovación que intenta desarrollar a sus sistemas antecesores, unificando no solo el sistema en sí, sino también aquellos medios por los que se accede: ordenador, tablet, celular y otros mejunjes tecnológicos del mismo índole. Volviendo a las raíces, con la adjudicación de un botón de inicio como lo tenía el Windows 7, Windows 10 articula una mejor utilización del espacio a partir de multiventanas, administradas de manera beneficiosa en función de una excelente visualización de las aplicaciones que se están manejando en el momento.

Con una interfaz más limpia y un sistema de arranque aparentemente cuasi igual a sus dos anteriores versiones, este Windows (10) implementa, también, un acceso directo a las aplicaciones más usadas y archivos relevantes; acceso fácil a la acción de apagar el computador; un asistente virtual llamado “Cortana”, símil el asistente “Siri” de productos Mac y la integración de redes sociales como aplicaciones del mismo sistema.

El poco éxito que obtuvo Windows 8, desde el 2012 hasta el año pasado, se debió a la eliminación de patrones que orientaban al usuario, como el botón de inicio o la aparición de “live tail”(Modern UI). Esto generó “cuadritos” de colores, concentrando su énfasis en dispositivos táctil, y trajo confusión a la gente. El producto recibió fuertes críticas, inclusive hasta el día de hoy, por su mal funcionamiento y el poco soporte de sistema que brindaba ante programas un tanto retrógradas que aún se mantienen en uso.

Las grandes interrogantes giran en torno a los movimientos de Microsoft, de por qué la empresa brinda su sistema gratis, por qué empuja con tanto énfasis a sus clientes a cambiar de versión, y cómo gana dinero aún brindando el servicio sin recibir ni un solo dólar. La respuesta es, realmente, simple.

Detrás de esta ingeniosa estrategia de mercado, se encuentra Satya Nadella, actual CEO de Microsoft, quien mantiene en ecosistema los servicios de la misma empresa, unificando no solo el uso, sino también la posibilidad de extender y mejorar en aplicaciones o en nuevas versiones de las mismas. Las búsquedas con Cortana impulsan el mercado en Bing (buscador web de Microsoft) y One Drive que respalda todo en la nube rompiendo la barrera de lo estático, de depender de una computadora o dispositivo puntal.

Además de poder comprar mas espacio si se necesita, The Video, Groove Music y Xbox alientan a los usuarios a incursionar en nuevas opciones de entretenimiento y, como no podía ser de otra manera, a través de Microsoft. Inclusive las herramientas gratis de Office condicionan a suscribirse para poder utilizar el paquete completo.

Microsoft ha encontrado la manera de incentivar a sus usuarios ofreciéndoles un sistema gratis como quien mira por la cerradura de una puerta, para luego condicionarlos a pagar por la llave. Si se quiere el acceso completo a ese sin fin de aplicaciones, animaciones, juegos, herramientas de producción, se obtiene también, una alianza monetaria, entre productos Microsoft y el exhausto usuario.

Sofía Sánchez