El análisis del sociólogo Luis Eduardo Morás acerca de lo sucedido en el barrio Marconi

EL MIEDO TIENE CARA DE JOVEN

 

Ilustración: Gentileza de Santiago Márquez

Consultado por SdR, el sociólogo Luis Eduardo Morás, investigador de la Udelar, expresó que Marconi, como otros barrios de Montevideo, se caracteriza por una profunda situación de exclusión social. Manifestó que son considerados como territorios peligrosos, “fuente de todos los males” y por lo tanto se los rechaza.

Morás explicó que la sociedad uruguaya está viviendo un proceso relativamente reciente de segregación, al que definió como ”la voluntad explícita de que la otra persona no forme parte del colectivo social, esa idea de tenerlo lejos, de que no entre”.  Expresó que en definitiva es un mecanismo psicosocial que termina profundizando las brechas económicas y de servicios ya existentes. Según el sociólogo este fenómeno profundiza todavía más la exclusión y la marginalidad, ya que hay un fuerte rechazo por una parte de la sociedad -que está integrada- a mantener contactos estrechos con personas que provienen de otras zonas.

Expresó que estos territorios generalmente son habitados por gente joven, con ciertas características sociales y económicas, lo que hace que ”el miedo tenga cara de joven, de adolescente”.

Según explicó el sociólogo Sebastián Aguiar en su artículo “Dinámicas de la segregación urbana/ Movilidad cotidiana en Montevideo”, publicado en el año 2011 en la revista de Ciencias Sociales, en la capital existen fronteras imaginarias que delimitan los barrios influyendo directamente en la calidad de vida de las personas que los habitan, y que instalan, así, oportunidades altamente desiguales. Aguiar explica que el miedo y la inseguridad son la causa principal para limitar el movimiento y segregar, creando un proceso denominado “freno urbano”.

Morás plantea que este proceso de segregación trae como consecuencia la legitimación del “gatillo fácil”: “Se ve en los comentarios anónimos en la prensa, donde permanentemente se habla de ´uno menos´, o cuando hay un ajuste de cuentas ´mejor, que se maten entre ellos´”, comentó. Explicó que existe cierta demanda de la sociedad por resolver conflictos como la violencia y los delitos a través de la justicia expeditiva alentando a la represión policial por la fuerza, incluso aunque se viole el marco normativo.

Sociólogo Luis Eduardo Morás. Foto: universidad.edu.uy

Cuestionó la actuación de la justicia en lo sucedido semanas atrás en Marconi, porque solo se tuvieron en cuenta los testimonios policiales. Reveló que existe una versión distinta del Concejal de esa zona, Juan Carlos Silva,  que se encontraba presente en el momento que ocurren los hechos: “los gurises cayeron de la moto prácticamente en la puerta de su casa y él vió como los funcionarios policiales les pegaban patadas y los escupían cuando estaba tirados en el piso, uno de ellos ya sin vida”.

En mayo, en el barrio Fraternidad, ocurrió un hecho que también causó controversia por la actuación de la justicia. En esa oportunidad un comerciante asesinó a dos jóvenes de 17 y 19 años que pretendían asaltar su local comercial. Estas muertes fueron declaradas por el fiscal Gustavo Zubía como en legítima defensa. Morás subrayó que fue un pésimo mensaje a toda la sociedad, transmite  que se puede matar a dos personas que pretenden realizar una rapiña y que las consecuencias solo sean este tipo de fallos judiciales.

Sistema educativo ineficiente

El sociólogo analiza que “el gran bloqueo” que tiene Marconi como otras zonas de Montevideo, es que posee un sistema educativo que no está adaptado a las necesidades y a las posibilidades de los jóvenes de la zona, además de un mercado de trabajo que tampoco les brinda oportunidades. Según la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud, dos terceras partes de los jóvenes consiguen su primer empleo a través de conocidos, Morás se pregunta: “ ¿Qué red de contactos puede tener un gurí que vive en el Marconi? De repente estudió y terminó el ciclo básico, pero si no tenés redes de contacto no tenés acceso a la primera experiencia laboral”; y agregó: “ Si decís que vivís en el Marconi ¿quién te va a dar trabajo? De esta manera se entra en un círculo vicioso”.

Expresó a SdR que el año pasado realizó un censo -cuyos resultados aún no ha publicado- a los adolescentes que se encuentran privados de libertad en el Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA). Relata que observó que más del 70 por ciento de los jóvenes había tenido alguna experiencia laboral, y enfatizó: “Mentira que no quieren trabajar los gurises, en algún momento tuvieron interés en trabajar, lo que pasa que estamos hablando de que la mayoría son trabajos informales”. Planteó como alternativa: “ Hay que darles posibilidades educativas con propuestas atractivas, adecuadas a sus características y la posibilidad de que todo aquel que quiera trabajar pueda acceder a una primera experiencia laboral”.

Lo que se muestra y cómo se muestra:

Morás opinó que la difusión que hacen los medios de comunicación de los archivos de las cámaras de videovigilancia, donde muestran específicamente los hechos ilícitos, no contribuye a la convivencia social y logra el objetivo contrario: aumentar la paranoia. Expresó dudas acerca de la efectividad de este mecanismo para disminuir los delitos y manifestó la sospecha de que genere una necesidad de tener “ la cámara propia” y estar vigilado las 24 horas, creando la comercialización de un producto a través de los medios.

Además manifestó, que en general los medios “más masivos” utilizan una lógica que reproducen en casi todos los casos: “Cuando aparece un hecho llamativo lo ponen en la tapa, en el primer plano; después de que pasó lo descartan totalmente. Generalmente no hacen una construcción compleja de todo lo que está detrás de la problemática”. Concluyó que en la mayoría de los casos los grandes medios consumen las versiones oficiales, no reconstruyen en el lugar de los hechos la realidad compleja y no recogen las diferentes versiones que tienen los distintos protagonistas.

Aiara Camacho