En recuerdo de los muertos de la cárcel de Rocha

EL FUEGO DE LA MEMORIA

Plaza Libertad - En memoria de los 12 fallecidos en la cárcel de Rocha. Foto: SdR / Flavia Curbelo

“Recordar es fácil para el que tiene memoria, olvidar es difícil para el que tiene corazón”. (Gabriel García Márquez)

La impunidad sigue existiendo pese a que los tiempos cambiaron. En la plaza Libertad de Montevideo se recuerdan los seis años de la muerte de 12 reclusos de la cárcel de Rocha. Lo mismo sucede en la Plaza Independencia de la ciudad que fue testigo de un crimen que no encontró responsables y que pese al intento de la Justicia Penal en 2012 de archivar la causa, como tantas otras, sigue aflorando la motivación de muchos para que esto se esclarezca. Versa en la convocatoria que mientras esto se siga dando “habrá quienes no se cansen de luchar contra la represión e impunidad”.

Se convocó el viernes 8 de julio de forma simultánea en Montevideo y Rocha  a rememorar y reflexionar sobre el hecho, y se reclamó que mejoren las condiciones de encierro, la no violencia interna y vulneración de los derechos y dignidad humana.

En 2012, a pedido de la fiscalía, la causa fue archivada. La jueza Marcela López, señaló que el incendio fue un caso fortuito y que no fue por irresponsabilidad del Estado o de los efectivos. Sin embargo, en la carta leída en el acto de la Plaza Libertad escrita por los familiares de las víctimas, se sostuvo que este accidente -que se dio en la madrugada del 8 de julio de 2010 a raíz de un incendio provocado por la caída de una frazada sobre un calentador fabricado por los reclusos con un ladrillo refractario y un alambre- fue responsabilidad del Estado porque se podría haber evitado si se respetaban los derechos humanos y las condiciones de vida. El Estado no garantizó la vida de todos, “mató a 12 y arruinó la vida a 8”; también se mencionaron las malas condiciones de salubridad en las celdas y la superpoblación, ya que en el pabellón 12 estaban encerrados 20 hombres.

Además reclamaron acerca de una indemnización que no cambiaría nada de lo que perdieron, pero es un monto simbólico para que el sistema político se haga cargo de lo que sucedió.

El acto

Para las siete menos diez del día viernes, a la izquierda de la estatua de la libertad se encuentran unas 60 personas manteniendo conversaciones en grupos aislados bajo las tenues luces de la plaza. Había una pancarta y fotografías de los chicos que perdieron su vida en las llamas del pabellón número 12 de la cárcel de Rocha. Diez minutos más tarde llegan unos ocho estudiantes con otra pancarta, la despliegan para ser vista por las escasas cámaras de tv que documentaron el hecho.

Plaza Libertad – En memoria de los 12 fallecidos en la cárcel de Rocha. Foto: SdR / Flavia Curbelo
Las personas que circulan por la avenida solamente observan al tiempo que cruzan con su paso rutinario, nadie más se acerca. Se limitan a leer y enterarse a medias de lo que se esta recordando.

Ocho minutos tarda el recuerdo, ocho minutos en donde se expresa el sentir de las víctimas que ahora son los familiares, los que siguen en la lucha por las vidas que se fueron. Minutos más tarde, entre lágrimas que demuestran que lo que pasó fue real y que nada devolvería a sus muertos, comienzan a dispersarse en pequeños grupos.

Uno de ellos

Mario Barrios, padre de uno de los fallecidos en el incendio, conversó con Sala de Redacción. Su hijo Matías tenía 19 años cuando cayó preso por llevarle tres porros dentro de unos bizcochos a un amigo que estaba en la cárcel. Fue procesado con prisión por la tentativa de ingresar estupefacientes a un recinto carcelario. Su padre reconoce que estuvo mal y que debía cumplir la pena, que sabían que no sería muy prolongada.

Estaba preso desde el 29 de marzo. Cuando se cumplían tres meses casi, de haber ingresado, el 1 de julio sus padres solicitaron a la fiscal medidas sustitutivas de la pena; esta negó la petición y firmó la libertad para Matías, quien saldría 15 días más tarde.

Había veinte personas en una celda pequeña; esa noche había 2 grados bajo cero, las ventanas no tenían vidrios y estaban cubiertas con cartones. Para paliar el frío los reclusos fabricaron con alambres y ladrillos un calefactor precario. Si bien el artefacto no debía permitirse, los policías miraban para otro lado porque era la única forma de calefaccionarse. Una frazada caída sobre este artefacto tomó fuego y comenzó a incendiar las almohadas, colchones, frazadas, cartones. Acto seguido, entre gritos, los jóvenes pedían que abrieran la celda. Cuando por fin se abrió ya era tarde, ya se habían perdido 12 vidas.

Nunca había pasado un hecho de esta naturaleza. Fue la tragedia carcelaria más grande de Uruguay y, sobre todo, de Rocha. La cárcel no reunía las condiciones necesarias para actuar adecuadamente en estos casos, no tenía habilitación de bomberos, habían dos bomberitos sin carga, no tenían tomas de agua para mangueras, así como tampoco habilitación de UTE, ya que las instalaciones eran muy precarias.

Se hizo un juicio penal por la muerte de doce hombres. Mario comentó que los policíasm, al momento de declarar, aseguraron haber abierto la puerta en 5 o 6 minutos, pero que los ocho testigos que quedaron vivos aclararon que fueron 20 o 30 minutos. Si se abría a tiempo no pasaba todo lo que sucedió, explicó Barrios.

Seis o siete familias presentaron un juicio civil al Estado, que tiene responsabilidad directa, pero hasta el momento no hubo noticia alguna. Cuando faltaba la última audiencia, en octubre del año pasado, la jueza que estaba hacía tres años cambió, y desde entonces no han recibido ninguna llamada.

En memoria de: Matías Barrios Sosa, Mario Fernando Martínez, Maidana Edison, Javier Núñez Casuriaga, José María Pereira Pereira, Raúl Alejandro Gómez Recalde, Delio Alegre, Ariel Fernando Cardozo Velázquez, Jorge Luis Roda Acosta, Antonio Joaquín Cardoso Silvera, Julio César Da Silva Pereira, Luis Alfredo Bustelo López, Alejandro Adolfo Rodríguez Cabral

Flavia Curbelo