Entrevista a Santiago García, estudiante de medicina que realiza su internado en Dolores tras el tornado

INTERNADO EN DOLORES

El hospital de Dolores.

La generación que realiza el último año de la carrera de Medicina, correspondiente al internado, es muy numerosa y varios estudiantes optaron por terminar sus estudios universitarios en distintos puntos del interior a donde nunca se había llegado, como la ciudad de Dolores, en el departamento de Soriano.

En abril pasado la ciudad fue arrasada por un tornado que dejó un saldo de cinco personas muertas y más de 250 heridos. Los daños materiales y edilicios fueron abrumadores: centros de enseñanza destruidos, residencias y viviendas particulares destrozadas por completo, gente en situación de calle y el hospital –con notorios daños en su estructura- se vio totalmente sobrepasado por la cantidad de heridos. Tras conocerse la noticia, muchos estudiantes decidieron acercarse a ayudar, como es el caso de Santiago García, de 26 años de edad, quien eligió esa ciudad para realizar la última parte de su gesta como interno.

-¿Por qué elegiste realizar el internado en Dolores?

-El internado es el último año de la carrera de  Doctor en Medicina, y se deben elegir cuatro lugares para rotar durante tres meses en cada uno de ellos. Ya había rotado en Montevideo, Maldonado y San José, y a la hora de elegir mi cuarta y última rotación, tenía pensado optar por un lugar que fuera más en el interior del país que mis anteriores destinos, ya que eso me permitiría realizar un régimen de guardia de 36 o 42  horas de servicio continuo, dejándome varios días libres que usaría para estudiar y preparar la prueba de residencia. Dolores, además, ofrecía la posibilidad de hacer block quirúrgico y ser ayudante del cirujano como parte de la actividad del internado. Como tengo orientación quirúrgica, que se permita realizar ese tipo de actividades, fue decisivo para que elija esa ciudad.

-¿Dónde estabas cuando ocurrió lo del tornado?

-Me encontraba en el centro “Alpargatas” – lugar físico donde se realiza la selección de las rotaciones- y acababa de elegir el destino para la última etapa del internado. No pasó mucho tiempo hasta que un amigo y colega, me mostró una foto de lo que estaba sucediendo en esa ciudad: fuertes vientos y turbonadas, entre otras cosas. Enseguida comenzó a correrse el rumor de que un tornado azotaba Dolores, cosa que confirmamos ahí mismo con fotos que después se harían virales y recorrerían todos los medios. De camino a casa vi los videos del tornado y quedé perplejo. No podía creer que eso estuviera sucediendo en Uruguay. No podía creer la magnitud de los destrozos, los cuales, una vez allá, me parecieron aún de mayor magnitud.

-¿El suceso del tornado hizo que te replantearas la decisión de elegir Dolores como la última parte de tu internado?

-Objetivamente, sí. Me comuniqué con una compañera que ya se encontraba realizando la rotación en la ciudad y que estaba de guardia durante el episodio del tornado; ella me contó que el hospital había sido afectado. El block quirúrgico, al igual que la sala de emergencias, fueron  los lugares más dañados dentro del hospital. Con el block cerrado, asumí que no podría realizar las prácticas de ayudante que me habían motivado a optar por Dolores como tramo final en mi carrera. De todas maneras, ya no podía elegir otro lugar. No había vuelta atrás. En pocos días tenía que viajar a la ciudad para comenzar el internado. En el plano subjetivo sentía las fervientes ganas de ir a dar una mano. Estoy contento de seguir haciéndolo hasta el día de hoy.

-¿Con qué panorama te encontraste cuando llegaste?

-Desolador. Fue realmente impactante. Ya durante el viaje, en el que el ómnibus va realmente lento por la condición de los caminos, mis nervios eran notorios. Irme a un lugar nuevo, sabiendo de antemano que estaba destruido, me generaba una ansiedad igual de insoportable que el viaje en cuestión. Cuando llegué a la ciudad me impactó ya de entrada la oscuridad que reinaba. Llovía, y mientras caminaba tratando de encontrar el hospital, veía una sucesión de cables colgando y postes de luz caídos. El panorama se fue ampliando a vidrios rotos, arboles doblegados y arrancados de raíz desparramados en las calles, escombros y más escombros.

-¿En qué condiciones encontraste el hospital?

-Llegue minutos antes de la media noche, horario en que arrancaba mi primera guardia. El block quirúrgico estaba muy dañado y a la sala de emergencia se le había derrumbado el techo. Improvisaron una nueva, donde antes hubo una sala de hombres. El tamaño era mucho más pequeño que la original. En total, según me comentaron los médicos y demás funcionarios y colegas, se estaba utilizando un tercio del hospital  -cosa que yo mismo comprobaría durante mi experiencia.

-¿El hospital y su funcionamiento se vieron superados en alguna situación?

Según me contó una de las médicas responsables, en el momento del tornado no había manera de responder de forma efectiva y equitativa ante la cantidad de pacientes que llegaban. Eran casi 200 personas, entre niños, adultos y ancianos. Además de esa doctora, había solo una interna –la misma con la que me comuniqué para saber la situación del hospital después del suceso-  y dos enfermeros. Imagínate la situación, cuatro personas haciendo lo posible para palear y sacar adelante una situación por demás inusual y con tan graves consecuencias.

-¿Se llevó a cabo algún protocolo en particular para tratar de enfrentar la situación y las carencias de profesionales de la salud?

-Una medida que se tomó en forma inmediata fue la de suspender las policlínicas, haciendo que los funcionarios que se encontraban en ellas y en otros centros de atención, aunarán fuerzas para sacar adelante la situación. De esta manera, el personal de la salud que se encontraba en Dolore, se concentró en la  sala de emergencia improvisada del hospital, lo que significó una ayuda bastante importante para intentar responder de la forma más óptima posible a las víctimas de la catástrofe. Además, no se realizaron –ni se están realizando- operaciones de ningún tipo. Los pacientes que la necesitan, al igual que otros heridos de gravedad, fueron -y son- derivados a otras ciudades.

-Después de pasada la primera semana del tornado, y tú  ya realizando las actividades correspondientes a tu carrera: ¿se constataron patologías generales entre los habitantes?

-Sí, mucha gripe. Era una constante en la población: dolores de garganta y cabeza, tos y fiebre. Esto se vio potenciado en un alto nivel de contagio, ya que se daban grandes hacinamientos de personas, sobre todo en gimnasios y lugares cerrados. Lumbalgia y fatiga estuvieron a la par. Recuerdo el caso de un muchacho joven que se ofreció voluntariamente a realizar tareas: levantaba escombros todo el día, dormía poco y estaba expuesto al frío. Padecía un agotamiento bastante importante por la sobreexigencia física y mental. Como él, muchos. Abundaron también casos de estrés agudo. La gente concurría aturdida al hospital. Fuertes migrañas y baja presión acompañaban a una angustia tremenda que padecía la mayoría, y padece hasta hoy. Hubo gente que perdió todo: desde seres queridos hasta bienes materiales. No les quedó nada, y en el caso de que les hubiese quedado algo, hacían guardia a la intemperie, cuidándolo. En este sentido, un vecino me contó, cuando fue a hacerse examinar, que no sólo se ponía mal por él, sino también por sus vecinos y por la realidad fulera en la que estos se encontraban. Muchas personas llegaban al hospital y nos planteaban que no tenían donde quedarse. Nos pedían una mano. Pacientes que consumen medicación psiquiátrica de manera crónica, que se terminaron de descompensar con el episodio del tornado, que ofició como disparador en casos de esa índole.

-Uno piensa en los niños y los ancianos como los más vulnerables a la hora de sufrir enfermedades o recaídas de algún tipo. Sin embargo, y teniendo en cuenta las duras condiciones a las que las personas estuvieron expuestas: ¿se presentó un rango etario más general?

-Fue general. La afectación se encargó de todas las edades. Es una cadena: el niño se enferma, la madre se angustia, el padre se sobrepasa, los abuelos se sienten estorbos y todos recaen una y otra vez. Es una situación compleja, todo se hace jodido. Por lo tanto, los problemas de salud de diversa índole, te lo puedo asegurar, no discriminaron edades.

-¿Cómo es la situación actual del hospital?

-Es la misma que hace dos meses, que es el tiempo en el que me encuentro realizando funciones ahí. Hay tres o cuatro albañiles que no dan abasto con todo lo que hay para hacer en el centro de salud. Ahora están tirando lo que queda del techo de la sala de emergencia. Entre nosotros, los funcionarios, a medida que los días pasaban, fuimos tapando los vidrios rotos con cartón para repeler el frío que entraba y así hacer del hospital el lugar más cálido posible. Eso, aunque parezca poco, hizo una gran diferencia. Aparte de eso, no ha cambiado nada. Si llegan pacientes que presentan gravedad, son derivados a Mercedes, Fray Bentos u otras ciudades. Seguimos sin poder operar. No contamos con los instrumentos, ya que desgraciadamente fueron desapareciendo con el correr de los días. Los hurtaban del hospital. Tampoco  precisás de mucho para palpar la traba que existe en la ciudad y  que impide el óptimo desarrollo en los arreglos de infraestructura. No hay una actitud proactiva, y eso también te lo comentan los vecinos que van a consultar. Esas trabas están haciendo que se pierdan recursos: alimentos, para ser más precisos, ya que se encuentran guardados en galpones y  no son repartidos en tiempo y forma.

César Duarte