El proceso previo a la adopción en Uruguay

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Adopción, contracara del abandono.

Un niño, niña o adolescente puede ser separado de sus padres por diversas razones y es el Estado el que pasa a ser responsable de su bienestar. Comienza un largo proceso donde el niño atraviesa por diferentes etapas y vive diversas  emociones: desde el intento de volver con su familia de origen hasta encontrar un nuevo hogar donde crecer.

En  2012 Fabiana (se elude su verdadero nombre), a sus 45 años, tomó una decisión que cambió por completo su vida: comenzó el proceso de adopción. El deseo de ser madre pudo más que las circunstancias. Tres años después se encuentra viviendo con su hija, “muy feliz y completa”, asegura.

A pesar del buen presente que está viviendo la pequeña hija de siete años, su pasado ha sido complejo y doloroso como el de tantos otros niños que, día a día, esperan convertirse en parte de una familia. La niña fue abandonada por sus padres junto con sus cinco hermanos cuando tenía un año. Se sabe muy poco sobre los padres: fueron a visitarlos de forma intermitente durante el primer año y luego no hubo más contacto.  La hija de Fabiana vivió sus primeros años junto con muchos otros niños que estaban en una situación similar. Cinco años después se le decretó la adoptabilidad; sin embargo, pasaron dos años más los que pasaron antes que una nueva mamá entrara en su vida.

Desde el momento en que el niño se separa de sus progenitores hasta que pasa a formar parte de una nueva familia, “pueden pasar días, meses, años, o tal vez ese momento no llegue nunca porque no le encontramos un lugar”, explicó Beatriz Scarone, directora del Departamento de Adopciones del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU).

El cuidado del niño en esa espera, y la rápida búsqueda de una solución, pesan en los hombros del INAU, que tiene un riguroso y aceitado procedimiento para resolver estas situaciones en las que un niño, por diversos motivos, es separado de sus padres.

Llegar al INAU

Graciela Franco, directora del Hogar del Bebé, una de las casas del INAU, explica que un niño llega cuando se comprueba una “situación en la que los derechos son vulnerados”. Esta denuncia llega muchas veces de mano de organismos como las escuelas, los Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) o los hospitales. Según la ley 19.092, el juez tiene 24 horas para tomar alguna decisión con respecto a la denuncia. Una de ellas puede ser decretar la separación del niño de sus padres y “establecer el ingreso a INAU de forma transitoria para brindar protección al niño y empezar a trabajar para que el tiempo de institucionalización sea el menor posible, ya sea volviendo a su familia de origen o quedando en adopción”, aseguró la directora.

“Cuando se decreta la separación de los padres hay una historia previa de situaciones complejas que afectan la integridad y el normal desarrollo del niño”, destaca el psicólogo especializado en familia Jorge Cohen. Sobre esto trabajan los técnicos de los distintos hogares del INAU, aunque Franco aclaró que “hay una fantasía de que el niño viene desgarrado en llanto y eso no es así, se viene hablando y lo vamos integrando, a mejorar se aprende rápido”.

la psicóloga Beatriz Rama, supervisora del departamento de psicología del INAU, está de acuerdo: “La plasticidad del cerebro es para lo bueno y para lo malo. Tiene la posibilidad de adaptarse y, dependiendo del caso, lo logrará o no. Lo que las políticas públicas tienen que hacer es asegurarse de que los daños sean los mínimos posible”.

Lo que siempre está en el centro de la situación es la historia del niño, su bienestar. Uruguay está comprometido con las “Directrices de las Naciones Unidas sobre Modalidades Alternativas de Cuidado de los Niños” que marcan dos principios fundamentales: necesidad e idoneidad. El primero hace refiere a que “la separación del niño de su propia familia debería considerarse como medida de último recurso y, en lo posible, ser temporal y por el menor tiempo posible”. El segundo principio señala que “cualquier modalidad de acogimiento formal o informal debe responder a las necesidades de cuidado específicas y al interés superior de cada niño”.

En primera instancia el INAU debe trabajar para recuperar los vínculos con la familia de origen, volver a generar una relación positiva para que esta familia pueda hacerse cargo del cuidado y la protección del niño.

El Código de la Niñez y la Adolescencia establece en el artículo 12 que niños y adolescentes tienen derecho al disfrute de sus padres y familia. El Estado tiene la obligación de proteger a esa familia, tal como dijo Consuelo Raggio, asistente social y exdirectora de la División Familia del INAU: “Es la articulación con el Estado, a través del Ministerio de Desarrollo Social y el INAU, lo que logra que esta familia salga adelante”.

Para asegurar la unión con su familia, cuando el niño es ingresado en un hogar comienza un trabajo de la mano del equipo técnico (psicólogo y trabajador social) junto con la familia, en caso de que se sepa cuál es. Cuando esa familia no está presente o está imposibilitada de hacerse cargo, el equipo realiza una investigación psicosocial que consiste en entrevistas con los referentes, visitas domiciliarias y la búsqueda dentro de la familia extensa.

Según Franco, mientras se hace esta investigación (según la ley mencionada debe durar un máximo de 45 días para los menores de 2 años y de 90 para los mayores) hay visitas de los padres, que “son dos veces por semana y resultan muy importantes porque allí trabajamos el fortalecimiento del vínculo”.  Por ejemplo, a una pequeña niña la va a visitar su mamá al Hogar del Bebé, ubicado en Millán y Luis Alberto de Herrera (Montevideo), tres veces por semana. Esto lo tiene permitido porque se está avanzando mucho en “la unión de esa madre con su hija y en la superación de los problemas que llevaron a la separación”, aclaró la directora. En estas visitas, los padres participan de la rutina diaria de sus hijos: juegan, los alimentan, escuchan sus vivencias; en resumen, comienzan a generar un nuevo vínculo.

Sin embargo, no todas las historias son como la de esa niña. Aurora Reolón, de la Asociación de Padres Adoptivos del Uruguay (APAU), explicó que “se trabajan los problemas para salvar, si es que la familia tiene algo que salvar. No se puede reconstruir algo que nunca existió”. Este es el caso de muchos niños que no logran volver a su familia de origen: “con esos niños trabajamos mucho la desvinculación de sus padres”, explicó Franco.

A la luz de la ley

En 2013 se aprobó la ley 19.092 que modificó el Código de la Niñez y la Adolescencia con el fin de acelerar los tiempos de espera de los niños. A partir de ese año, el juez tiene 24 horas para tomar una primera decisión cuando le llega una denuncia; es decir, tiene ese plazo para definir si el niño vuelve con sus padres, es separado de ellos o se le da la condición de adoptabiliadad.

Con estos límites lo que se busca es que el niño pase el menor tiempo posible en la espera. Para Fabiana, esto no funciona tan bien como debería: por ejemplo, su hija tuvo que esperar cinco años para que se le diera la condición de adoptabilidad y dos años más para que estuviera con ella.

Ante esta situación, Rama piensa que “no se cumplen los plazos cien por ciento, y eso es una espada en la cabeza de todos, todo el tiempo. Hay burocracia, porque son instituciones, pero no es el único factor, son cosas que llevan mucho tiempo porque es muy complejo”. Para Rosario Suárez, abogada y docente de derecho civil, “el juez tiene que demorar. Es una gran responsabilidad que tiene y debe tomarse tiempo para evaluar el proceso”. La calidad del futuro del niño depende de las garantías que se le puedan dar durante este proceso, y muchas veces las largas esperas están justificadas para asegurar un vínculo entre futuros padres e hijos que sea sano y duradero.

Tanto Scarone como Franco concuerdan en que desde la aplicación de la ley se dio un impulso muy fuerte en las adopciones, y que era lógico y esperable el descenso que se presentó En 2015. Hasta el 30 de noviembre hubo 67 adopciones, mientras que en el 2014 el total fue de 109 y un año antes 115, según datos del INAU.

Otra de las modificaciones que introdujo la ley es la capacidad de decisión que tiene el INAU. Hasta entonces solo podía advertirle al juez que revisara el caso de algún niño en particular. A partir de la modificación, el INAU tiene el poder de recomendar una solución; según Reolón, puede “darle al juez todos los argumentos para que ese niño sea adoptable”.

En 2009 también se modificó el Código de la Niñez y la Adolescencia a través de la ley 18.590. Se cambiaron las condiciones para adoptar: a partir de entonces, el estado civil es indistinto a la hora de formar una familia adoptiva.

El Código de la Niñez y Adolescencia establece: “El único órgano competente para la selección y asignación de familias adoptivas es el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay”. Tanto Scarone como Reolón están de acuerdo y dicen que es una garantía para todos que el Estado sea el responsable. Sin embargo, dentro del ámbito político han surgido voces que plantean lo contrario. Una de ellas es la de la senadora Verónica Alonso, del Partido Nacional, quien en declaraciones al diario El País opinó que el encargado de las adopciones no debe ser el INAU. “Los resultados de esa mala ejecución están a la luz”, puntualizó la senadora en octubre de 2015.

“El INAU no puede tener el monopolio de las adopciones. Tiene que haber otras instituciones que deberán cumplir con las debidas garantías y estar controladas por el Instituto”, afirmó la legisladora al medio.

Ante esta posible alternativa, Reolón plantea que la propuesta de Alonso se reduce a pasar al sistema estadounidense, donde “existen agencias de adopciones y se da el niño al mejor postor”. Esto, según la integrante de APAU, provocaría una “violación a los derechos del niño porque se lo tomaría como mercancía”.

No tenemos niños Johnson

Cuando el juez decreta la adoptabilidad, algunos niños  rápidamente formaN parte de una nueva familia, pero hay otros que llegan a pasar años en los hogares del INAU.

Los “no adoptables” son los grupos de hermanos, ya que “se intenta no separarlos porque forman parte de la identidad del niño y es más complicado que una familia quiera cuatro niños juntos”, afirmó Scarone. Por otra parte, tampoco son adoptados los niños de más de 7 años (desde el 2001 a la actualidad de los 855 niños adoptados solo 30 eran mayores de 7 años, según informes del INAU) ni aquellos que tienen problemas de salud. Según Raggio, no hay una fuerte adopción de niños discapacitados en Uruguay: “Por lo general terminan en hogares especiales que funcionan como pequeños hospitalitos”. Según la trabajadora social, en Uruguay no está la cultura de la adopción solidaria, como en otros países europeos que deciden incorporar a sus familias niños con determinadas enfermedades o carencias para brindarles un hogar mejor, “acá la adopción está más motivada por cumplir un deseo de los padres”.

En el Hogar del Bebé hay dieciséis niños en condición de adoptabilidad, y la mayoría de ellos hace tiempo que esperan una familia, algunos hace años.

Scarone afirmó que “los padres no pueden elegir pero sí presentan condiciones, especifican que no pueden asumir el cuidado de niños grandes, de niños enfermos y eso forma el proyecto adoptivo. A la larga están limitando las situaciones de adoptabilidad”. Según la directora del Departamento de Adopciones del INAU los padres siempre llegan “abiertos a todo” pero a medida que van transcurriendo los talleres y las entrevistas personalizadas los evaluadores y los mismos postulantes se van dando cuenta de que hay ciertas situaciones que se les “escaparían de las manos” y en eso surgen los diferentes limitantes.

Reolón remarcó esta postura que tienen muchos padres al poner varias condiciones para obtener su hijo: “Siempre que el niño no pudo estar con su familia de origen es porque algo pasó, de lo contrario no se hubiera separado. Si buscás un hijo sin antecedentes deberías probar en el supermercado, porque acá no hay”, comentó la integrante de APAU.

Por eso también se hace fundamental el tiempo de espera por el que pasan los padres; sirve para procesar todos los posibles pasados que su hijo puede cargar en la espalda y evaluar cómo lo van a tratar, sobre todo darse cuenta de si están preparados para enfrentarlos.

Para Suárez el problema es que “los padres buscan al ‘niño Johnson’ [en referencia a las publicidades de la marca Johnson's Baby] dentro del INAU y ahí no está, por lo que deben enfrentar ese primer golpe y asumirlo”.

Para Reolón hay una realidad que es innegable: los padres buscan bebés porque deciden adoptar cuando no pudieron concebir. “El sueño del bebé está intacto, pero hay que ir trabajando la espera para que no se haga interminable”, asegura la madre adoptiva, quien recibió a su hija a los doce días de nacida.

Una alternativa “temporal” que dura años

El INAU define el acogimiento familiar como “el cuidado transitorio brindado por parte de una familia a un niño, niña o adolescente, que por diferentes razones no puede permanecer en su familia de origen”. Para la ejecución de esta alternativa se creó el Programa de Acogimiento Familiar, que implementa la modalidad de “familias amigas”.

El objetivo central del programa es evitar el tiempo de institucionalización que puede “afectar al niño porque no es lo mismo criarse con una familia que en una institución donde se generan ciertas paredes que limitan el natural desarrollo”, aclaró Raggio. Para la directora del Hogar del Bebé, en su institución no falta afecto pero “es innegable que despertarte con una persona, que otra te vaya a buscar a la escuela y otra te acueste provoca cierta inestabilidad, además del hecho de tener que compartir todo con otra cantidad de niños”, afirmó Franco.

El programa presenta grandes ventajas para los niños ya que les permite tener una atención individualizada y les brinda un entorno protector en una casa, con un número acotado de niños y un solo referente particular. Además, las familias amigas ofrecen la posibilidad de mantener unidos a grupos de hermanos y obtener así lazos fuertes formados en un entorno familiar.

Con las familias amigas el INAU intenta que ese tiempo de espera del niño -hasta que vuelve con su familia de origen o sea adoptado ocurra en un ambiente de cuidado y protección. Para Rama: “No hay la cantidad de familias de acogida que se precisan pero es la modalidad a la que más se apunta. Hay lugares en el interior, como Florida, en donde ya no hay hogares de niños, pasan directamente a una familia, porque lograron que el acogimiento sea muy grande”.

Además de las familias amigas que apoyan al INAU otras organizaciones como Aldeas Infantiles SOS funcionan dándole al niño un ambiente familiar. Esta organización en particular tiene la figura de “Tía SOS” quien es un “referente afectivo estable”. Para Raggio el trabajo del Aldeas Infantiles ayuda “muchísimo al trabajo del INAU”, aunque el hecho de que esté involucrado con las embajadas de cada país miembro del proyecto lo inclina hacía la política y eso “no está tan bueno”.

Según Raggio el programa de familias amigas del INAU “funciona excelentemente cuando se logra el compromiso de los cuidadores en la inserción del niño en su familia de origen, cuando el objetivo de esa familia es la pura solidaridad”.

Cohen cree que “en el ideal” el programa es una buena idea pero se lamenta cuando recuerda “horrores” que ha visto en familias amigas que están motivadas únicamente por el ingreso económico extra que el Estado brinda para ayudar con los costos del niño. “Muchas veces hay una relación confusa en cuanto a lo vincular con los niños, hay personas que los ven como hijos cuando no lo son y otros que ni siquiera los ven como personas. Todas las situaciones exigen una supervisión muy detallada”, observa el psicólogo especializado en familia.

Reolón recordaba el caso de Mía, una pequeña bebé que vivió desde su nacimiento en una casa amiga y en el 2012, con quince meses, fue adoptada por una joven pareja. Los tutores de esa familia amiga armaron un revuelo mediático reclamando que la bebé se quedara con ellos, pero al no tener ningún sustento legal la jueza determinó que se fuera con la familia adoptiva. “La nena debió ser divina y por eso la querían. El problema es que esa gente tenía el deseo de ser padres y eso es contradictorio con la idea de un hogar temporal. Cuando los dueños de casa se creen padres ahí se complica”, reflexionó la madre integrante de APAU.

Se remarca fuertemente la idea de transitoriedad, tanto al niño como a los tutores. “El niño debe tener muy en claro que se va a ir, generalmente no es un problema porque sigue viendo a sus padres mientras vive con la familia amiga”, afirmó Raggio

Debido al importante papel que juegan las familias amigas en la vida de los niños, su proceso de selección es muy exigente. Los postulantes deben pasar por varias etapas estipuladas en el “Protocolo de selección de familia ajena” del INAU. La primera etapa es la evaluación donde un trabajador social y un psicólogo examinan la capacidad e idoneidad de las personas y familias para recibir a un niño en su hogar. La segunda etapa consta de una capacitación de las familias amigas. Por último, llega la fase de selección de una familia para un niño donde se toma en cuenta la compatibilidad de ese núcleo familiar con la historia del niño.

Suárez aclara que “la ley establece que la familia es transitoria mientras espera la adopción; si nunca llega la adopción, el niño crece en esa familia”. Incluso en el Protocolo se especifica que la familia de acogida “es de carácter temporal hasta la resolución de la situación, que puede ser el reintegro familiar, la adopción o el acogimiento permanente”.

Ese es el caso Ricardo (no es su verdadero nombre), allegado de Suárez. Ricardo, desde que era un niño muy pequeño fue separado de sus padres y llevado a un hogar de acogida. Fue un niño ejemplar: buen estudiante, compañero y solidario. “Debería haber sido adoptado enseguida”, piensa su exprofesora de Derecho. No obstante, Ricardo llegó a sus 18 años sin conocer otra familia que no fuera la familia amiga designada. “Él cree que su color de piel y los antecedentes de su familia son la razón por la que nunca lo adoptaron”, comenta Suárez. Cuando cumplió 16 años se comenzó a hablar del futuro porque se le acababa el tiempo bajo ese techo amigo. A pesar de los intentos de los tutores en que todo siguiera igual, la ley es clara: a los 18 años eres tu propia responsabilidad. Ante la imposibilidad de los padres de seguir manteniéndolo sin la ayuda estatal, Ricardo decidió empezar a trabajar y convertirse él mismo en un tutor para brindarle a algún otro niño lo que recibió durante tantos años.

Leticia Castro

CUNA DE ABANDONO

Un clasificador encontró a una bebé recién nacida en un contenedor de Pocitos el 16 de junio pasado. Esto trajo a colación una serie de informes por parte de los medios sobre los niños abandonados en el Hospital Pereira Rossell -que cuenta con la maternidad más grande del país- donde se subrayaba la cantidad de niños viviendo allí.

Una situación similar se dio en noviembre de 2015 cuando el informativo de Canal 10 de Montevideo, Subrayado, publicó en su portal web la noticia de que había trece bebés abandonados en el Pereira Rossell y que permanecerían internados allí a falta de lugares donde derivarlos. Ante esta situación, el director del hospital, Dr. Federico Eguren, declinó brindar declaraciones, pero la presidenta del INAU, Marisa Linder, afirmó que se abrirá un llamado destinado a que alguna ONG pueda hacerse cargo de una situación que es “sistemática”.

Sin embargo, para Beatriz Scarone, directora del Departamento de Adopciones del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), tanto en el 2015 como el mes pasado hubo un “muy mal manejo de la información”. Scarone explicó que la realidad es otra: “Esos trece niños no existieron, en el año puede haber un promedio de trece niños abandonados en el hospital. Cuando a un bebé le dan la condición de adoptabilidad, a las 24 horas ya estábamos contactando a una familia”.

Aurora Reolón, de la Asociación de Padres Adoptivos del Uruguay (APAU), explicó que los bebés pasan “muy pocos días en el hospital, porque rápidamente se dan en adopción y les consiguen familia”. Además, para Rosario Suárez, abogada y docente de derecho civil, la información también debe tener “algún error” porque el juez tiene 24 horas para tomar una decisión;“sería raro que pasaran semanas en el hospital”.

Graciela Franco, directora del Hogar del Bebé, una de las casas del INAU, explicó que la situación de esos niños puede estar demorada por falta de cupo en los hogares, pero le parece extraño, porque todos los hogares tienen la obligación de aceptar niños; por ejemplo “El Hogar del Bebé es un convenio por 77 niños pero están viviendo 82”.

Incluso cuando los hogares del INAU están trabajando a su máxima capacidad hay convenios con otras organizaciones, como es el caso de Aldeas Infantiles SOS, a donde esos niños pueden ser derivados. Esta organización trabaja junto con el programa de Acogimiento Familiar del INAU para darles hogar a los niños que han perdido el cuidado de sus familias.

LC