Las tareas del comunicador se diversifican en una realidad vertiginosa

COMUNICACIÓN DINÁMICA

 

Durante la mesa Comunicación de Gobierno. Foto: Gerardo Barbieri

Los lugares que ocupan los profesionales de la comunicación en una realidad de constante cambio fue el eje central del II Seminario del Observatorio de las Profesiones de la Comunicación. En la apertura, Guilherme Canela, consejero de información y comunicación de UNESCO para el Mercosur y Chile, invitó a pensar este oficio inserto en los planes estratégicos desde que se empiezan a diseñar, en lugar de que estén reclamados al final de los procesos. Sara Castro, integrante del área de diseño comunicacional de la Comuna Canaria, puso un ejemplo de eso en la mesa Comunicación de gobierno que en el Plan Estratégico Canario participó desde el inicio y su colaboración influyó en los logros obtenidos. Esta visión de la comunicación la ubica en la tarea de articuladora, lo que Washington Uranga explicó como la capacidad de vincular diálogos de diferentes actores en el espacio público. Para ese profesor de la Universidad de Buenos Aires se ubica así al comunicador en el centro de un montón de conflictos, en un lugar de mediador que no toma el sentido de conciliador sino el de creador de un nuevo espacio: “nuestra profesión también es garantizar la expresión de los otros y es fundamental pensar cómo desarrollamos habilidades para la escucha”.

El semiólogo Fernando Andacht coordinó la mesa “Los oficios del comunicador: fragmentación, precarización y ¿reconocimiento?”. Allí, el profesor José Fernández (FIC-UdelaR) planteó el problema de “la construcción de la autoridad profesional en el campo de la comunicación”, y preguntó: “¿cómo generar una nueva perspectiva frente a la multiplicidad de disciplinas?”. Fernández consideró fundamental que los comunicadores se pregunten si son artistas, cientistas sociales o técnicos. Desde el público, una participante consideró que para lograr una definición de comunicador que ofrezca mayor autoridad profesional debe tenerse en cuenta su relación con la cultura, debido a que todas las especializaciones se relacionan con ella.

Omar Rincón (Universidad de los Andes, Colombia) recomendó a los comunicadores enfocarse más en el medio, por ser el hábitat natural de la comunicación, y reparó sobre el rol del mediador. Basado en Jesús Martín Barbero definió al mediador como lo que está “entre” la gente y los medios, y lo destacó como un articulador entre lo popular, lo industrial-comercial y lo político. Concluyó que “el oficio del comunicador no es repartir morales sino brindar criterios”.

Diego de Charras, director de la carrera de comunicación de la Universidad de Buenos Aires, destacó las tensiones constantes en las que participa la comunicación, desarrollada por Uranga en la mesa Comunicación de gobierno. A su entender, la tensión fundamental es la que se produce entre el profesionalismo y la militancia, debido al universo ético que implica, para lo que consideró necesario cuidar “la línea del medio”: que la vocación militante no absorba el rigor de la labor profesional y que el profesionalismo no absorba la vocación transformadora.

Otras tensiones latentes son la innovación estética y la banalización, la innovación tecnológica y el fetichismo tecnológico, los nuevos oficios y la polivalencia como un modo de precarización del trabajo, la “todología” y la especialización, y por último el relato textualizado ante los nuevos formatos transmedia.

“Hormigas somos todos, solo cambia el hormiguero…”

Omar Rincón durante la mesa "Los oficios del comunicador: nuevos escenarios y narrativas". Foto: Gerardo Barbieri

La realidad cambiante de la comunicación fue el otro tema ampliamente abordado durante el seminario. Los productores Pancho Magnou y Virginia Bogliolo, en representación de la Asociación de Productores y Realizadores de Cine del Uruguay (ASOPROD), trasladaron sus experiencias de producción audiovisual y su relación con los nuevos escenarios digitales. Concluyeron que actualmente las producciones son transmedia, convergen en varias plataformas, requieren varios soportes para concretarse y competir en el mercado.

Rincón realizó de forma clara y concisa una presentación que tituló “Nuevas narrativas y nuevos oficios de la comunicación”. Explicó que los escenarios, narrativas y oficios atraviesan una realidad cambiante. Los escenarios sufren una mutación cultural producto de la crisis de la occidentalización. La mutación de las narrativas es comunicativa y la definió como una “narrativa Frankenstein”, asociada al concepto transmedia, donde el relato se adapta a diferentes pantallas y se encuentra en constante interacción. Los oficios no son ajenos a los vaivenes de esta realidad y atraviesan una mutación de la subjetividad y la agencia, donde los contenidos tienen cabeza propia y resulta fundamental darle espacio al ciudadano para lograr nuevos formatos narrativos.

Ese constante cambio hace que la comunicación sea percibida por quienes no la practican de forma profesional como “vedette” y “villana”, “lo accesorio” o “lo central”, señaló Laura Modernel, coordinadora de comunicación de la Dirección Nacional de Medioambiente. Con una vasta experiencia en comunicación estatal, consideró que en la última década se pasó de una oficina de prensa a un rol más central en las instituciones, con funciones que tienden a la asesoría. Finalizó su presentación enfatizando que la gestión siempre es comunicación y es necesario que exista un buen vínculo entre estas dos, que la tendencia electoral no se gesta en la campaña sino en la gestión, y que no toda comunicación es política, pero toda política es comunicación.

Observando la realidad

Durante un corte, en el hall de Prodic. Foto: Gerardo Barbieri

Durante el seminario fueron presentados datos recabados por el Observatorio de las Profesiones de la Comunicación. En la mesa “Los oficios del comunicador: fragmentación, precarización y ¿reconocimiento?”, Martín Martínez y Eduardo Alonso presentaron una encuesta realizada a egresados de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. De un universo de 531 casos, el 90,8 por ciento trabaja actualmente y el 7,5 por ciento no, pero se encuentra buscando. De las encuestas se infirió también que existe la necesidad de construir o reforzar colectivos de trabajadores de la comunicación.

Durante la última mesa de la jornada, Comunicación y políticas públicas, Gabriel Kaplún, coordinador del Observatorio, confirmó la presencia de un 43 por ciento de trabajadores de la comunicación en el ámbito público y un 57 por ciento en el privado. En el ámbito estatal, el área que emplea mayor cantidad de profesionales es la organizacional (67 por ciento), seguida por la educativa y comunitaria (36 por ciento), el periodismo (30 por ciento) y las demás áreas que reflejan una paridad en torno al 20 por ciento.

Otros datos comparativos entre el ámbito público y privado muestran que, en el primero, los comunicadores tiene más posibilidades de diferenciar su especialidad, sueldos levemente superiores, no son tan jóvenes como en el ámbito privado y tienen mayores exigencias de titulación.

En el cierre, Federico Beltramelli, director del Instituto de Comunicación de la FIC, destacó la importancia de pensar lo profesional desde la UdelaR para romper con la permanente división entre el campo académico y el campo profesional, que influye en todos los debates de formación dentro de la Universidad. Señaló la importancia del Observatorio para formar en innovación y que el profesional no sea un simple reproductor, teniendo al menos la capacidad metodológica de anticipación para su campo.

Texto y fotos: Gerardo Barbieri