Con Adriana Marrero, socióloga especialista en educación

“NO SABEMOS LO QUE QUIERE WILSON NETTO”

Adriana Marrero. Foto: Sofía Sánchez

 

Desde la mirada sociológica, la magíster en Educación y doctora en Sociología, Adriana Marrero, dialogó con SdR sobre la relación entre el Ministerio de Educación y Cultura y los sindicatos de la enseñanza, las carencias de la formación docente en el Uruguay y el lugar que ocupan los estudiantes en el actual escenario educativo. Para la especialista, “el problema” de la educación “es que ahora no hay un rumbo claro” y “la responsabilidad es de Wilson Netto (presidente del CODICEN) o de los que lo pusieron ahí”.

-¿Cómo ves el actual panorama de la educación?

-La vez pasada la ministra de Educación y Cultura dijo que el ministerio no tiene competencia en materia de educación, y eso es correcto desde el punto de vista constitucional en la medida de que existen otros organismos que son técnicos y que son autónomos como el CODICEN y la Universidad. Entonces, la ministra en ese tipo de cosas no tiene injerencia, y se da una tensión muy fuerte entre una ministra de educación y un presidente del Consejo Directivo Central, que es la verdadera cabeza pensante de la educación preuniversitaria. Creo que efectivamente cuesta entender las razones por las cuales la doctora María Julia Muñoz fue puesta en esa cartera. Es evidente que la educación no tiene nada que ver con su formación, ella es una persona experta en cuestiones de la salud, y por otro lado es una persona fuerte para enfrentar ciertos tipos de reivindicaciones. Sin embargo no ha concretado, porque vemos que la actitud del gobierno ha sido más bien la de ceder, lo que es muy confuso y muy contradictorio. También hay que tener en cuenta que los reclamos a la ministra no existirían si desde el CODICEN hubiera una dirección eficaz. El problema es que estamos en una situación muy desesperada en relación a cómo va avanzando Primaria y Secundaria: no sabemos lo que quiere Wilson Netto, porque viene del período anterior, y no ha mostrado tener un plan concreto, de modificación de las circunstancias actuales de la educación. Y voy a decir lo que realmente creo: en este gobierno no ha habido nadie con un programa de reforma educativa claro, entonces las ideas que hay son totalmente inconducentes. Aun así, en este panorama desértico en materia de propuestas hubo un contexto muy favorable desde el punto de vista económico: hay que recordar que ANEP tuvo durante los gobiernos frenteamplistas una enorme recuperación salarial y grandes fondos dedicados a la educación que se ven en la multiplicación de edificios, el mobiliario, el equipamiento, ha habido una transformación cualitativa de las condiciones materiales. Pueden ser  insuficientes, pero hubo un salto hacia adelante y paradójicamente a pesar de ese salto, la conflictividad creció.

-¿Por qué creció la conflictividad?

-Por ejemplo, aparece una reglamentación que es aparentemente muy inocente, que dice a los institutos de enseñanza media que cuando falte un docente los estudiantes no pueden salir de la institución. Eso es muy razonable, el estudiante va al liceo a ejercer su derecho a la educación. Entonces, los padres dejan a su hijo en el liceo o escuela técnica de UTU, y lo hacen confiando que este hijo, que es menor de edad, va a permanecer dentro del establecimiento y hay adultos que son servidores públicos que se van a hacer cargo. Ahora, esto es una pequeña norma que desde el punto de vista curricular no quiere decir nada, pero que hace crujir la estructura organizativa del liceo y la cultura institucional de los docentes. Un grupo de estudiantes dentro del liceo sin profesor es un problema, porque no está previsto que haya personal suficiente para compensar el hecho de que un docente falte. Siempre hay que aceptar que en este tipo de trabajos, como dice (el filósofo alemán) Claus Offe, se necesita un excedente de personal. El liceo, como lo tenía en el pasado, debe tener un conjunto de docentes que suplanten al profesor que falta, pero el énfasis en el incremento salarial impidió que ese dinero fuera para ampliar los cuadros docentes. Los estudiantes disfrutan de tener un adulto con quien hablar que no los va a calificar pero que al mismo tiempo les puede amortiguar dudas, angustias en relación con las notas, con los exámenes. Pero los docentes en enseñanza secundaria no se consideran educadores, se consideran especialistas en su materia, cuando verdaderamente los docentes son educadores y facilitadores del aprendizaje de ciertas asignaturas. Todo esto muestra cómo una pequeña norma que no modifica horas ni currícula, puede generar mucho ruido y resistencias.

Anthony Giddens (sociólogo inglés) levanta algo que también fue señalado antes, que es la importancia de la rutina. Nosotros le llamaríamos norma, pero la implantación de una rutina es totalmente liberadora porque le evita al chico la toma de decisiones. Se instauró la rutina de que el chico va al liceo de tal hora a tal hora y todos los días es igual. Sometido a esa rutina, además logra encausar su actividad en lo que verdaderamente importa. Sería mucho más fácil generar una grilla donde los estudiantes entren a tal hora y salgan a tal hora, y si tienen hora libre, que aprovechen para hacer otra cosa. Son pequeñas cosas que hacen la diferencia entre un ámbito educativo y un ámbito de incertidumbre que no favorece el estudio.

-En medio de esta conflictividad, ¿quiénes son los más  perjudicados?

-Los más dañados son los estudiantes más pobres. Porque cuando uno va al instituto privado -aunque los hay de todas las categorías- se encuentra que hay orden. Y el mismo estudiante allí aprovecha el tiempo, luego va a la casa y encuentra un ambiente muy interesado por su educación. Para los estudiantes más pobres, para gente de clase media-baja y para mucha gente, independientemente de la clase a la que pertenezca, existen campos de saber que no están a su alcance. Y hay actividades que los chicos sólo van a tener la oportunidad de desarrollar en el ámbito educativo, porque en su casa no tienen esa oportunidad. También ocurre que si bien algunos padres están muy interesados en la educación del hijo, hay otros que no lo están, porque piensan que el destino de sus hijos no tiene nada que ver con lo educativo. Entonces ahí es la institución la que debe contradecir esos mensajes familiares. No hay que esperar que la familia apoye, es mucho más importante que el docente y el centro se comprometan con ese estudiante para que salga adelante. Desde el centro se debe decir: “si en tu casa no te apoyan, nosotros te vamos a apoyar acá”, y así estimularlo. La institución tiene que ser un espacio de discontinuidad radical en relación con el mensaje que viene de la sociedad. Si afuera lo problemas se dirimen de una forma, adentro de la institución se tienen que dirimir de otra y para eso los profesores deben estar preparados. Los docentes no se pueden ofender porque un estudiante los insulta. Ellos vienen con sus normas sociales, vienen con los problemas de afuera, son jovencitos y jovencitas. Este año hubo un paro de 24 horas porque un joven de 15 años insultó a una profesora. Yo también di clases en Secundaria y también tuve algún desubicado pero eso no lo ves como una agresión al cuerpo docente, lo ves como una oportunidad de educar. No hay derecho de privar a todos los jóvenes del país de clase porque un solo joven insulto a una docente. Creo que hay una sobrerreacción de parte de los docentes que plantean casi cualquier cosa cotidiana y personal como una cuestión de todo el cuerpo docente. Yo no quiero ser injusta porque sé que dar clase no es fácil, pero también sé lo lindo que es, y creo que los docentes no hacen bien en victimizarse tanto cuando en realidad tienen la oportunidad de hacer algo por los jóvenes que tienen alrededor.

-¿Cree que los profesores no se sienten respaldados por el gobierno?

-Se sienten desprotegidos. Hay que poner en contexto las circunstancias que están pasando, pero también hay que ver los avances que han tenido, lo que falla un poco es la construcción de la docencia como una profesión. Los docentes no son muy conscientes de esto, los profesionales en todas las ramas tiene tareas que no pueden ser cuantificadas en su remuneración, el trabajo intelectual no es de 8 horas, es una vida, lo mismo pasa con el trabajo de los docentes. Cuando uno se acerca a una tarea por la que siente pasión es normal que lea, reflexione y estudie mucho más allá de sus horas de trabajo. Los docentes universitarios siempre nos asombramos un poco con algunas reivindicaciones de los docentes de otros niveles, cuando piden que paguen por tal o cual tarea. Nosotros también preparamos clases, corregimos tareas, leemos diferentes autores, pero es parte de la actividad intelectual. Hay una desprofesionalización y la idea de que la educación es un trabajo más, como la construcción o el comercio y debe ser remunerada cada hora que se dedica a ese trabajo, es imposible de llevar a cabo. Creo que los docentes hacen mal en pararse en actitud defensiva, yo echo en falta una actitud propositiva. Si bien es verdad que desde los gremios de la enseñanza y el ministerio ha habido ideas valiosas, ninguna ha llegado a mejorar la calidad de la educación. Las únicas que trabajan en propuestas son las asambleas técnico-docente, pero no reciben eco desde los sindicatos ni desde las autoridades.

-¿Están separados los tres niveles de la educación?

-Yo no creo que estén separados, es un tema de organización. De alguna manera es tan vasto y complejo administrar Primaria y Secundaria en todo el país que Primaria, con todas sus características y cultura, está bajo la égida de un consejo, y Secundaria de otro. Yo aspiraría a una mayor integración de UTU con Secundaria pero veo que es un principio de organización. Eso no afecta la vida cotidiana, hay que estar más en contacto con el acto de la enseñanza y del aprendizaje, eso tiene que pasar en los institutos, no en otro lado. Si una jovencita empieza a abandonar, a repetir, es porque lo que hay ahí adentro no le convence, los chicos tienen en el liceo algo que es muy atractivo para ellos, que son los compañeros. Entonces, cuando les deja de importar ver a los compañeros es porque algo está muy mal. Capaz que lo que no les interesa es aprender lo que ahí se enseña o cómo ahí se enseña. Se suele decir que no les interesan las cosas que están fuera de su vida cotidiana, pero las cosas que no están en la vida cotidiana son las que más llaman la atención: las producciones de Hollywood son un ejemplo de ello porque tratan de cosas que no están contacto con la vida y los chiquilines se mueren por eso. Ellos quieren aprender y exigen a los docentes que concurran, exigen conocimiento. Entonces no importa si hay una separación de los niveles de la educación sino lo que importa es que haya un rumbo claro. El problema es que ahora no hay un rumbo claro y creo que la responsabilidad es de Wilson Netto o de los que lo pusieron ahí. La gente no tiene idea de que el ministerio no tiene competencia que debería tener. Es incomprensible que María Julia Muñoz haya aceptado ese cargo, pero si hubieran puesto a la persona más calificada, hubiera sido un desperdicio, porque la verdadera dirección de la enseñanza está en el CODICEN y sobre todo en la figura su presidente, ahí debe haber un conjunto de medidas para cambiar la educación en alianza con los docentes y con los estudiantes.

-¿Por qué cree que los estudiantes se han sumado a los docentes en las “luchas” por la educación?

-Si bien es verdad que fue muy visible el rol de los estudiantes, tenemos que ser cuidadosos para estudiar este fenómeno. Hay que pensar hasta qué punto son novedosos, porque ya lo hemos visto en   1968, que fue de alguna manera para nosotros una especie de hito. Pero también encontramos escritos en el medioevo, donde se cuenta cómo los estudiantes arrancaban piedras del piso para tirárselas a la universidad. La lucha estudiantil siempre existió, hay que ver cómo se conecta esa lucha con otras luchas, por ejemplo las de los docentes, para reunir fuerzas en busca de una reivindicación conjunta. Pero antes de hacer paro, los estudiantes deberían preguntarse si esto los beneficia realmente o no, está bien pelear con los docentes por más recursos en la educación pero hay que ver si esas medidas los perjudican o los benefician.

-¿De dónde vendría la solución para el sistema educativo?

-Habría que generar nuevas reglamentaciones: un conjunto de acciones completas para lograr que un centro educativo sea realmente educativo, y eso debe hacerse en alianza con los docentes. Hay que negociar con los gremios hasta donde sea posible, porque debe haber un límite en donde alguien diga “es el momento de educar”. Hay que establecer un reglamento de elección de horas donde se privilegie el conocimiento, no puede ser que tengamos un conjunto enorme egresados de la UDELAR y de la formación docente, como es el caso de la Facultad de Humanidades, que no pueden dar clase porque son desplazados por los estudiantes del IPA, que son privilegiados sólo por estar en el IPA. Hay que romper las lógicas corporativas y hay que pensar en los estudiantes. Hay que generar un cambio de mentalidad y dar mensajes claros a la sociedad de que la educación somos todos: abuelos, padres, hijos, y hay que tener claro lo que tenemos que hacer respecto a la educación: los padres tienen que mandar a los hijos y si los hijos no entran a clase, los funcionarios deben avisar a los padres. A los estudiantes hay que protegerlos en su derecho a la educación porque  son menores de edad y sufren las consecuencias de la mala educación, terminan abandonando y ven limitada su capacidad de futuro.

Yanina Pérez