Película 100 por ciento tacuaremboense

MENOS ES MÁS

Foto: cortesía de Peste en Birra.

El departamento de Tacuarembó cuenta con una película autóctona, realizada por tacuaremboenses y protagonizada por muertos vivos. Peste en Birra narra sobre la proliferación de un virus en el departamento norteño que, a raíz de una cerveza infectada llamada Chela Energy, convierte a las personas en zombies.

Este relato rondaba en la cabeza de su director y guionista Fabricio Camargo que, junto a Jimena Crujeira, su pareja y correalizadora, desarrollaron este proyecto con la módica suma de 5400 pesos.

El proceso de gestación fue vertiginoso. El guión fue escrito en un mes y tardó apenas una semana en plasmarse en la cámara. “Empecé a escribir rapidísimo porque la iba a filmar en mi licencia, entonces había que teclear como loco”, comentó Camargo a SdR y reconoció que “lo que iba proyectando en mi cabeza lo escribía y ni siquiera lo revisé”.

Los actores eran todos tacuaremboenses, convocados mediante Facebook, la mayoría sin ninguna experiencia previa. “Hicimos un casting antes de empezar a grabar y conocimos a algunos de los actores en el momento del rodaje porque el contacto fue vía redes sociales”, recordó Crujeira.

Cada día Camargo y Crujeira cruzaban caminando la plaza principal, cargados con todo el set de filmación en dos bolsos. El lugar de rodaje era cambiante y al mediodía paralizaban por dos horas el trabajo para que cada uno fuera a su casa a comer, ya que no podían afrontar esos gastos. Esta pareja de jóvenes licenciados en Comunicación se encargaban de la dirección, producción, fotografía y selección de actores.

“Peste en Birra fue algo muy impulsivo, salió del corazón, algo que venía gestando desde hace mucho tiempo”, comentó el director y  recordó que desde niño el cine despertaba su interés.Un documental sobre el cine de la década del veinte lo marcó particularmente por los escasos recursos que se empleaban y desde ese momento, Camargo comenzó a emular con sus juguetes, las maquetas de célebres filmes como Godzilla. Algo se había encendido.

De grande, Fabricio vio una nota periodística sobre la epidemia del ébola en África, en la que se relataba sobre gente muy enferma caminando por las calles. La nota, fue un disparador que se mezcló con otras ideas y dio como resultado Peste en Birra.

Las primeras expectativas no eran muy ambiciosas, al punto de que pensaban en realizar un audiovisual por simple diversión y verlo con amigos en un garaje. Mayúscula fue la sorpresa ante todas las repercusiones que tuvo y tiene esta película de producción nacional, hecha con más convicción que dinero.

Los primeros pasos

Uno de los grandes hitos de la película fue el estreno en Tacuarembó. El mayor de sus temores era una sala vacía, en un departamento que ni siquiera tiene un cine, ni demasiados antecedentes cinéfilos. Luego de dos presentaciones en la sala Brocco de la Casa de la Cultura, con el apoyo y promoción de esta entidad y de la Dirección de la Juventud, el balance fue totalmente positivo. “Se llenó las dos veces, había gente mayor y gente joven, un público super variado, nos venían a saludar, la verdad que no lo esperábamos”, reconoció Crujeira.

Otro momento significativo fue la llegada al Festival de Cine Inusual de Buenos Aires, a través de la revista argentina Cine fantástico y bizarro. Este evento llevó por primera vez a Peste en Birra a la pantalla grande, debutando en el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken.

Ese mismo concurso oficiaría de distribuidor y promotor para abrir otras puertas como la participación en otro festival en Guadalajara, así como el estreno en la maratón de cine Mad House en Chile o la asistencia al Ventana Sur en Buenos Aires, evento internacional organizado por Cannes  y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.

Recibieron otra invitación pero optaron por declinarla. Con los ojos mirando lejos pero con los pies en la tierra, decidieron rechazar la invitación a los premios Fénix en México, un evento que es antesala de los premios Oscar. “Alquilar un smoking me salía más caro que la película”, bromeó Camargo. Sin embargo, no lo descartan como una posibilidad para el futuro, aunque en el presente consideran que no pueden “pisar la alfombra roja con esta película porque sería tratar de venderle humo a un público que no es para este filme”, explicó el director.

Además, en 2016, participaron de los premios Cacho, que reúne a realizadores de cine fantástico y bizarro en Buenos Aires. Ganaron el voto del público en una elección vía Facebook, para ser luego galardonados por el jurado como mejor película extranjera anteponiéndose en la terna a producciones hollywoodenses como Mad max y Star Wars.

Desde la organización de este evento recibieron mucho apoyo, ellos fueron los primeros en decirles: “Háganla, que haciendo se aprende” . Todo un halago, ya que la revista que organiza los premios Cacho, cuenta con más de 23 mil seguidores y muchos años en la órbita del cine. Todas estas oportunidades servirían para ganar prestigio y poder ingresar, paradójicamente, al mercado uruguayo.

Dicho y hecho, en noviembre de 2015 recibieron el premio Manuel Lamas en el marco del Detour Festival de cine nuevo, organizado por Cine Universitario, en reconocimiento al impulso creativo. Los realizadores explicaron a SdR que “a los medios nacionales les hace falta un poco de humildad porque en Buenos Aires hemos estado calificados como cine sin siquiera mandar una reseña, mientras que en Montevideo es mucho más difícil”. Anecdóticamente, recordaron que en Uruguay se contactaron con un medio gráfico pero tuvieron que enviar una ficha y les pidieron ver la película para entonces evaluar si los podían apoyar, “cuando esa misma revista publicaba reseñas de Deadpool antes de que estuviese terminada”.

Consultado sobre la recepción del cine bizarro en Uruguay, Nicolás Erramuspe, encargado de comunicación de Cine Universitario, aseveró que“es un ambiente bastante hostil para poder hacer algo distinto a lo que después se considera cine nacional, que son dramas y algunas comedias”. Reflexionó además que este tipo de cine aún se mantiene oculto y sin demasiado apoyo, salvo algún espacio como la sala de La Escuela Experimental de Malvín o la instancia para nuevos realizadores que se está gestando en Cine Universitario.

Erramuspe comentó que en Uruguay es un género sumamente amateur y autosustentado por lo que muchas veces en los festivales se genera un ambiente solidario entre realizadores independientes que terminan por intercambiar experiencias y realizar producciones conjuntas.

Eso lo vivieron estos jóvenes que, a lo largo del proceso, fueron tejiendo redes y el filme generó sus propios efectos. Como el caso de un director de fotografía argentino que ofreció sus equipos para la próxima producción. “Incluso nos advirtió que si hacemos otra película el año que viene y no contamos con él, rompemos la amistad”, recordaron.

Si algún condimento faltaba a esta experiencia surrealista, era cruzar océanos. Así fue como obtuvieron una entrevista con una revista española llamada Filmarte y establecieron contactos con realizadores independientes de Uganda que se hacen llamar Wakaliwood. Camargo y Crujeira seguían de cerca su trabajo y en un intercambio de mails con ellos vieron Peste en Birra, les gustó el trabajo y plantearon la posibilidad de concretar en el futuro algún proyecto en conjunto.

Segundo round

La verborragia  caracteriza a estos emprendedores uruguayos: personas hiperactivas que mientras realizan un proyecto ya están pensando en el siguiente. Individuos que prefieren aprovechar los momentos y durante un viaje de ómnibus dejan de lado el celular para quedar a solas con sus mentes, pensar, imaginar y seguir como máxima una frase que dijo alguna vez Pablo Picasso: “Si llega la inspiración que te encuentre trabajando”.

Este año, con mayor apoyo y preparación, concretaron una segunda parte para esta historia: Peste en Tacua. “No le quisimos poner Peste en Birra 2 porque queríamos que fuera independiente, que la vieras y pudieras entenderla aún sin haber visto la primera”, contó Crujeiro y explicó que también “es precuela y secuela a la vez. porque explica de dónde salieron las cervezas y qué ocurrió después con Tacuarembó y los zombies”.

La situación para este rodaje fue notoriamente distinta. Aumentó el número de involucrados y con esto la división en el trabajo. Fabricio, por ejemplo, no se encargó del arte y contaron con un sonidista específico, lo que mejoró sensiblemente la calidad del audio con respecto a Peste en Birra.

Destacaron que en esta ocasión disponían de un lugar fijo para el rodaje, el Centro Cultural Cátedra Washington Benavides,que se lo cedieron incluso una semana. También agradecieron la colaboración de varios comercios locales que les facilitaron comida, lo que permitió que no se interrumpiera el trabajo y se optimizaran los tiempos. “Estábamos más cómodos y eso se ve en la pantalla” sostuvo Crujeira.

En cuanto a la difusión, Peste en Tacua también comenzó su recorrido y en su itinerario inmediato se encuentra el festival de cinefantástico en Mar del Plata, La mano en España y uno de los eventos más significativos del género en América Latina como es el Rojo Sangre, al que no pudieron enviar Peste en Birra en 2015 por razones de tiempo.

Tanto movimiento hizo que la comunidad local se aunara en torno a este proyecto y lo tomara como propio. Es que nunca Tacuarembó había concretado dos películas propias en un año; así lo entendieron los vecinos y abrazaron con fuerza este emprendimiento. Varias empresas de la zona apoyaron y se pusieron a disposición de estos jóvenes que revolucionaron el departamento.

Esa comunión es parte del espíritu de este emprendimiento, concebido desde la horizontalidad, en búsqueda del aprendizaje y crecimiento colectivo, sin imponer ni querer enseñar, simplemente crear y disfrutar. “Cuando vas a hacer tu película pero se involucra más gente, y aporta un pincel para pintar una pared, la película ya es de esa persona también”, reflexionó Camargo.

Desde un principio vieron potencial en el paisaje tacuaremboense para filmar y sobre todo en la gente. “El uruguayo es muy de mirar para afuera y nosotros acá hicimos el proceso inverso”, esbozó Camargo y comentó que “a veces decimos que los de afuera andan muy bien, pero el vecino también puede andar muy bien”.

Todo el proceso ha sido muy lindo y nos ha impulsado a seguir, a mejorar, a ser autocríticos y no quedarse en una nube, la idea es seguir aprendiendo”, evaluó Criujeira. Con esta premisa, continúa el camino para alcanzar la aspiración de dedicarse a hacer cine y establecer un tiempo de realización.

“Fue algo super experimental, de ensayo y error a ver qué pasaba y después terminó siendo mucho más de lo que esperábamos, porque tuvimos repercusiones que no imaginábamos tener”, concluyó la realizadora.

El paso de estos jóvenes y su arte ha dejado una huella en la sociedad tacuaremboense, al punto de que varios adolescentes de allí han manifestado sus ganas de hacer un audiovisual e incluso está en proceso un documental sobre el rodaje de Peste en Birra. Una nueva epidemia se comienza a propagar, amenazando con contagiar a aquellos que se arriesgan, mostrando que el mayor límite son los miedos y que con poco, se logra mucho.

Maximiliano Silva