Las manifestaciones llegan hasta la casa de Temer

SIGUEN LAS PROTESTAS EN BRASIL

Las consecuencias de la destitución de Dilma. Foto; AFP

En una masiva marcha en Sao Paulo, los manifestantes pidieron, una vez más desde la destitución de Dilma Rousseff, la salida del poder de Michel Temer y la celebración de elecciones. Con consignas como “Fuera Temer”, “Ningún derecho menos, elecciones directas ya“, los movimientos sociales y sindicales reunidos en organizaciones encabezaron las movilizaciones en una de las ciudades más importantes del país.

El miércoles 7 Brasil celebró el día de su Independencia en medio de protestas contra el presidente conservador Temer y sus planes de severos ajustes. A pocos metros del desfile cívico militar, en Brasilia, unos 2.700 manifestantes, según la policía, marcharon hacia el Congreso coreando consignas contra el gobierno; según los organizadores, la convocatoria reunió unas 10.000 personas. La marcha pasó por las calles donde se encuentra la residencia privada del mandatario. Varios policías fueron desplegados en la zona para evitar el acceso de manifestantes a su vivienda.

A más de una semana de conocerse la decisión del Senado de destituir a Dilma Rousseff, acusada de maquillar las cuentas públicas en su favor para conseguir la reelección, el pueblo que está con la líder del Partido de los Trabajadores (PT) salió de inmediato a las calles a mostrar su descontento: rompieron varios locales, prendieron fuego instalaciones y se cruzaron con la Policía.

Los manifestantes fueron convocados por grupos de izquierda y sindicatos alineados con el PT para pedir que se realicen nuevas elecciones. Uno de los participantes de la marcha llevaba una camiseta con la leyenda: “Primero que todo, Temer debe caer”. En una de las diversas marchas realizadas en la avenida Paulista, la policía antimotines dispersó con gases lacrimógenos a los manifestantes. La fuerza declaró que se vio obligada a intervenir para evitar actos de vandalismo.

Manifestaciones: “refuerzan la democracia”

Temer bajó el perfil a la ola de protestas en comentarios realizados a la prensa, en un intermedio de la cumbre del G-20 en Hangzhou, China. “Son pequeños grupos, parece que son grupos mínimos (…). No lo tengo numéricamente, pero son 40, 50, 100 personas. Nada más que eso. Entre 204 millones de brasileños, creo que es inexpresivo”, aseguró.

“El presidente golpista de Brasil dijo que nuestra manifestación tendría cuarenta personas. Aquí están las cuarenta personas, ya somos casi 100.000 en la avenida Paulista”, indicó Guilherme Boulos, del movimiento de los Sin Techo, que convocó a la marcha junto a otras organizaciones de izquierda.

Por otra parte, el ministro de Economía de Brasil, Henrique Meirelles, cree que las recientes manifestaciones contra el nuevo gobierno de Michel Temer muestran al mundo una “discusión abierta” que refuerza la democracia brasileña. Meirelles realizó esta declaración durante una conferencia de prensa el lunes 5 en la cumbre del G-20 donde acompaña a Temer.

Para el ministro brasileño las protestas de más de 120.000 personas realizadas ese fin de semana en diferentes ciudades del país son parte de un proceso democrático normal, que no debe perjudicar a la imagen de Brasil entre los inversores y ante el resto del mundo. “Es normal que los que están en contra del proceso se manifiesten” dijo Meirelles, que cree que estos representan una parcela minoritaria de los brasileños. A su juicio, esto legitima aún más al gobierno, refuerza su carácter constitucional y aporta seguridad al resto del mundo, porque, según él, discusiones y manifestaciones se llevan a cabo de manera abierta.

Lo importante, según el ministro, es mostrar que el ritmo de la aplicación del ajuste económico está en curso y que no sufre ningún cambio de dirección. Meirelles sostuvo que las protestas no van a descarrilar la votación de la propuesta de enmienda constitucional, que establece un límite máximo para los gastos públicos, las reformas de la seguridad social y las laborales, todas consideradas impopulares.

La mayor preocupación ahora, según Meirelles, es hacer posible el retorno del crecimiento económico y de nuevos puestos de trabajo. Y señaló que la confianza del consumidor, la industria y el comercio ya están en aumento.

Repercusión en Uruguay

En un comunicado de la Cancillería, el Poder Ejecutivo dio su opinión sobre la destitución de Rousseff, consideró “una profunda injusticia” la destitución de la presidenta de Brasil, quien había sido “legítimamente electa por el pueblo brasileño”. Sin nombrar al presidente Michel Temer, el gobierno de Tabaré Vázquez destacó el rol de Rousseff en fortalecer la relación bilateral. “Uruguay aspira a que en el marco de la institucionalidad democrática, el pueblo brasileño alcance sus objetivos de estabilidad y desarrollo”, afirmó.

Por otra parte, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, opinó que la destitución de Dilma Rousseff de la presidencia brasileña fue un golpe de Estado y dijo que su sucesor, Michel Temer, no “tiene ninguna legitimidad” para asumir el cargo. Asimismo, aseguró que el hecho “afecta la democracia brasileña y la situación de la región entera”.

El jerarca dijo que el argumento de que Rousseff es responsable porque los casos de corrupción de Petrobrás ocurrieron durante su administración tampoco es justificación suficiente para destituirla ya que “cuando fue eso después hubo un gobierno entero de Dilma que se agotó y después fue reelecta”. Bonomi opinó que “el verdadero motivo” para su destitución fue el interés de frenar la investigación de la corrupción en Brasil que la mandataria se negó a frenar. Ante esto, dijo que Michel Temer, no tiene “ninguna legitimidad” para asumir la Presidencia.

En el lanzamiento de la Jornada Continental por la Democracia y Contra el Neoliberalismo organizada por centrales sindicales y organizaciones sociales de todo Latinoamérica, que se realizó el miércoles 31, el senador José Mujica remarcó que la destitución de Rousseff es un golpe de Estado: “hemos visto la consumación de un golpe de Estado que estaba anunciado desde hacía rato. Esto estaba decidido y se montó un escenario a los efectos de embaucar a la opinión pública, pero desde el primer momento esto estaba decidido. Es un golpe de Estado y si no es un golpe de Estado, es como si lo fuera”, insistió.

El expresidente, quien mantuvo una cercana relación con Rousseff durante su gobierno, afirmó que “a esta mujer la están condenando por no estar en un hecho de corrupción”. Señaló que “la lucha por Brasil no es solo una cuestión de solidaridad, es una cuestión de interés latinoamericano”.

“Esta lucha de Brasil es nuestra. La vamos a acompañar”; dijo que la oposición de Rousseff en Brasil “no se la va a llevar gratis, para ellos tampoco va a ser sencillo”. Para el expresidente, “la región queda malherida. Pierde capacidad diplomática de incidir en el peso del mundo, lo mejor para ser dominado es estar bien dividido. Los que son débiles tienen que tratar de juntarse y tener políticas comunes”, dijo a la prensa tras su discurso.

Lucía Betancur