Con el semiólogo y docente Fernando Andacht

“EL REALITY SHOW ESTÁ PARA QUEDARSE”

Fernando Andacht. Foto: SdR / Karina Abdala

El Reality Show es un género que se ha extendido en la programación de todos los canales. Dicho fenómeno ha tenido repercusiones en los medios de comunicación que marcan posturas a favor y en contra del género. En 2003, el diario argentino La Nación publicó un artículo que planteaba una cierta paradoja ante este tipo de programas, ya que la gente los critica pero no deja de verlos. Para salir de estas dicotomías, SdR consultó a Fernando Andacht, semiólogo y profesor titular grado 5 de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República, quien investigó la importancia que tiene el Reality en la actual sociedad.

-¿Por qué se genera atracción en este tipo de formato?

-Lo que más genera atracción es saber si eso que estás escuchando y viendo es real o no. Algo nuevo pasa cuando sale Gran Hermano que tendría todo para perder, no hay actores ni libretos, entonces: ¿cómo se explica los millones de personas que en el mundo consumen este formato?. En el libro que escribí en 2003 titulado “El reality show”, se puede tomar como una especie de profecía que este tipo de formatos iba a cambiar para siempre el escenario de los medios de comunicación. El reality show está para quedarse con todas sus variantes.

-En sus artículos asegura que el informativo tiene tendencias a ser como un reality show, ¿en qué sentido eso se está produciendo?

-A fines del siglo XX se empieza a dar como una fiebre contaminada por el reality show que hace que los informativos cubran las noticias en vivo, de ese modo la propia cobertura se vuelve una noticia. Sin dudas esto se acerca al reality show. Me acuerdo un momento en el que Aureliano “Nano” Folle [cronista policial de Canal 10] estaba en vivo cubriendo un motín en la cárcel. En ese instante empiezan a pasar unos “tipos medio complicados”, que se le vienen encima, y “Nano” comienza a empujarlos. Eso sería lo que Goffman llama una situación backstage que es la especialidad del reality show, lo que normalmente no se mostraría.

-¿Por eso se puede explicar el aumento de videos como el del pasado año del SIRPA, o maltratos racistas por parte de policías en Estados Unidos?

-Claro, lo del SIRPA es una cámara automática, tiene el dispositivo del reality show, en este caso toma más fuerza que un relato. Lo mismo pasa con los policías de Estados Unidos que cometen abusos, lo importante es la evidencia por eso tiene más peso. A mi entender este tipo de formatos reality funcionan como antídoto de la máquina gigante que te pinta un mundo perfecto que no existe, se busca la autenticidad.

-¿Considerás que las discusiones que se están dando en Uruguay respecto a la colocación de las cámaras en el Estadio Centenario tienen alguna relación con el reality?

-Yo creo que no. Al inicio del Gran Hermano se discutía por lo panóptico de Foucault. Creo que ese tipo de cámara cumplen otra función, en este caso está bien llamarla panóptico. Siempre rechacé la idea de panóptico en el reality, porque el que entra en esos programas sabe que lo van a ver. Yo creo que las cámaras tienen otro fin, el fin como dice Peirce es el último elemento del signo: para qué.

Análisis Semiótico

-Uno de los elementos que se menciona en sus artículos es la identidad de los participantes del reality ¿cómo juega ese concepto?

-En este tipo de análisis se pueden ver los signos que les llamo “transpiración semiótica”: son los que no se pueden separar, transmiten la identidad de una persona. En el reality por más que existan reglas como el voto y la nominación, hay reacciones que no se pueden controlar. Distinto es en la ficción donde hay un director que marca que tenés que sufrir, en la casa de Gran Hermano cada uno va a reaccionar diferente. El reality show prioriza todos los signos que están en estrecha relación con el cuerpo, en resumen sería gente lidiando con gente.

- Si este tipo de formatos están creados para vender, ¿cambia la forma de actuar de los participantes?

-Son formatos comerciales pero la realidad de los signos sobreviven al comercio. Cada formato se adapta a la cultura en la cual se transmite el programa, a esto se le llama fenómeno Glocal. En algunos lugares no se permiten cámaras en los baños, esto se cambia y se adapta. Además en MasterChef se realizan comidas típicas de cada zona. La identidad se filtra por los signos que se pegan al cuerpo, que delatan. En el reality se habla de personas no de personajes como en las películas. En MasterChef lo fundamental no es la cocina, uno no aprende a cocinar, uno no sabe cómo le quedó la comida a un participante. Para mí el plato es un elemento más escenográfico, si uno le saca la competencia nadie vería el programa. El resumen del reality sería cómo asimilas el “golpe” que te da tu compañero, ya sea en la casa de Gran Hermano, o en MasterChef.

Moda Culinaria

-¿Por qué ahora el reality culinario tiene más éxito?

-Porque surge una nueva significación en torno a la comida. Hay una fuerte gourmetización, lo que antes se hablaba de marcas en un auto, hoy se piensa entorno a la comida. Eso denota que la comida estaría cumpliendo un rol que excede puramente lo biológico y adquiere un valor ideológico que traer un aprendizaje. Se aprende a hacer un espectador, lo más curioso es llamarlos gastronómicos culinarios, es mejor denominarlos talent show donde en realidad se ve una mezcla entre reality y talent. El sentido de estos programas tiene que ver con la identidad con desafíos a la parte más profunda del ser humano, como bancás la presión.

-¿Piensa que pueden existir otros elementos en el reality y que la comida es algo pasajero?

-Sucede que el reality es un género en explosión y expansión, donde hay, sobre todo, parejas, viajes, tatuajes de lo que se te ocurra hay un reality. Yo haría una profecía bastante segura: todo tema que en la sociedad surja o levante cuestiones, genere angustia o inseguridad va a tener su reality. El reality en términos semióticos sería un interpretante, la forma de comprender un problema en esa clave. Yo creo que la comida genera una inseguridad porque tiene miles de asuntos, lo vegetariano, lo transgénico, el colesterol, lo gourmet, los nuevos alimentos caros que prolongan la vida. Pero lo interesante, es que el espectador ve de vuelta lo mismo, cómo los participantes soportan la presión de los chefs.

-¿Existen muchas diferencias entre Gran Hermano y MasterChef?

-A mí me parece interesante lo que dice la conductora de MasterChef Brasil (Ana Paula Padrão) que defiende que no es un reality es un talent. Yo creo que es un híbrido porque tiene momentos muy parecidos a Gran Hermano en cuanto a la lucha de uno mismo, cómo controlás tu timidez, tu rabia, tu arrogancia. Es del orden de la interacción, “ustedes dos que se llevan mal van a cocinar juntos”, en Gran Hermano es más grotesco porque los atan y tienen que estar 24 horas juntos. Se busca la química en un sentido negativo, se presta atención a la rivalidad. Es por esto que en MasterChef es más fuerte lo reality que lo culinario.

Karina Abdala