Debate de seguridad y convivencia

EL COLIBRÍ EN MONTEVIDEO

 

Fernando Andacht en el debate No a la Baja / Foto: SdR/Sofia Sánchez

Bajo el argumento ponderante que transgrede la mirada convencional de querer poner a los jóvenes bajo las rejas, el 26 de octubre de 2014 la movilización No a la Baja logró llegar a las masas. Concientizó a gran parte de la población y congeló la edad de imputabilidad.

Luego de pasar por el proceso de votación, a nadie le quedó duda de que ese logro solo había sido el comienzo de una larga lista de discursos por cambiar. Los movimientos quedaron en el molde y los noticieros siguieron -y siguen- levantando titulares que mezclan en un mejunje de valores a los jóvenes, a las rapiñas, a la delincuencia y a la falta de seguridad.

Entre circunstancias reformativas, los jóvenes motores del discurso contra la baja determinaron que era hora de plantear un debate nacional para repensar los conceptos que la sociedad maneja en torno a los valores de seguridad, violencia, convivencia y juventud. Entre el 31 de agosto y el 1 de setiembre, la Intendencia de Montevideo y la plaza Cagancha fueron escenarios de debate y puesta en común de un público de todas las edades.

Las infinitas aristas que el tema aborda fueron tratadas en diferentes mesas y talleres. Propusieron pensar en la cárcel como una institución inhabilitada para reformar, y la necesidad de ciertas medidas que interpelen a quienes moderan el sistema carcelario y para quienes lo padecen.

Tomando como puntapié la situación de violencia en nuestro país, varios académicos y organizaciones sociales plasmaron en debate la posibilidad de un nuevo modelo. Para eso fue necesario considerar las políticas hasta ahora implementadas. Si la bandera es un cambio de paradigma no solo es necesario cambiar cabezas individualmente, sino también emprender un camino de conciencia colectiva, afianzado bajo un abordaje más preciso de parte de los medios de comunicación.

De la dialéctica entre medios y audiencia, Paula Baleato de Voz y Vos, agencia de comunicación por la y infancia y adolescencia, concluyó que “no hay periodismo de políticas públicas y existe una ausencia de estímulo e incentivo de formar y educar periodistas”. Además explicó cómo la audiencia debería recibir la información sobre los temas que competen a la construcción social.

 

Debate No a la Baja / Foto: SdR/Sofía Sánchez

La mayoría de las notas que evocan el protagonismo de niños y adolescentes no hacen alusión al sexo y limitan la información a las edades en un rango que ronda los 17 años. Cuatro de cinco notas del año pasado se concentraron en violencia y un 40 por ciento de ellas son publicadas sin fuente alguna que ampare la información.

Betania Núñez, periodista de Brecha y docente de la Facultad de Información y Comunicación (FIC), habló de la necesidad de ponerle ojo al contexto de voces poco escuchadas, que muchas veces son erróneamente catalogadas como de delincuentes.

Núñez advirtió la falta de empatía por parte de los medios y los tiempos acotados para trabajar en políticas que amplíen esa visión. En la mayoría de los casos, los periodistas no logran empaparse de las situaciones que viven los protagonistas de historias tan crudas como las del barrio Marconi, por ejemplo. Incentivó, también, a evocar una actitud crítica frente a los medios de comunicación y sugirió lo importante y clave que resulta trabajar desde la academia.

En convergencia, Fernando Andacht, investigador y profesor de la FIC, planteó que la falta de información sobre lo que sucede diariamente en nuestras calles condensa los prejuicios de la mirada colectiva. Se convierten en íconos cargados de significados insanos y no formativos, como la desconfianza que genera un tipo de vestimenta o el uso de una gorra de visera cuando no hay ningún sol que lo amerite.

El debate público se desarrolló plenamente en los talleres de drogas y cárceles y en el diálogo ciudadano en la plaza Cagancha, a fin de recolectar las temáticas trabajadas y generar un decálogo que se acerque a las necesidades de un medio más seguro, más informado, más constructivo y más social.

Sofía Sánchez