Con el psicólogo jurídico y forense Gustavo Álvarez, a propósito de la bomba que no fue en el vuelo de Alas Uruguay

EN ESTADO DE ALERTA

 

Foto: Alas Uruguay

En la mañana del viernes 12 de agosto, un vuelo de Alas Uruguay que procedía del Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires realizó un aterrizaje de emergencia en el viejo aeropuerto de Carrasco debido a una amenaza de bomba. Según comunicó en conferencia de prensa el gerente de aeropuertos de la aerolínea, Sergio Riolfo, “uno de los pasajeros, antes del embarque, detectó en otro pasajero una actitud sospechosa simplemente porque tenía un atuendo religioso y estaba rezando”. Ante esto, la policía realizó un control de seguridad adicional; no se detectó nada anormal y se procedió a realizar el embarque. No del todo convencido, el pasajero volvió a insistir con el tema y terminó realizando una llamada de emergencia al 911 en Argentina, al que dijo que  “había una bomba a bordo del avión y a partir de ese momento la tripulación tuvo que activar el protocolo de seguridad que corresponde para estos casos”, señaló Riolfo.

Este episodio terminó cuando el avión tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia, dando como resultado que los 93 pasajeros que iban en el vuelo tuvieran que desembarcar para que Bomberos y Policía Aeronáutica pudieran realizar una revisión del avión. En conclusión, no se encontró ningún objeto extraño y según lo que relató al programa de televisión “Desayunos Informales”, Federico Lemos, quien iba en el vuelo, el pasajero que realizó la llamada de emergencia había acusado a otro de tener cables conectados en el cuerpo y de hacer “algo extraño”. Lemos señaló que el pasajero “sospechoso” era judío y estaba rezando en el momento en que sucedió el problema.

Según el psicólogo Gustavo Álvarez, especialista en psicología jurídica y forense, lo ocurrido en el vuelo  “responde a uno de los elementos centrales del terrorismo que es generar una gran tribuna mundial”, lo que hace que las personas puedan “estar percibiendo o prejuzgando determinadas conductas ‘estándar’, cargándolas de un significado eventualmente peligroso”. Para Álvarez, uno de los fundamentos del terrorismo “no es sólo el acto que se realiza, sino la posibilidad de que se realice un acto en cualquier momento y en cualquier lugar”.

En relación al pasajero denunciante, Álvarez no cree que sufra de algún problema psicológico, y considera que no hay elementos como para sacar una conclusión al respecto. Al mismo tiempo, explica que lo que ocurrió no puede considerarse un acto de discriminación, pero quizás sí de ignorancia sobre la religión judía. Para el especialista, se observa en el caso “un error de atribución, que es cuando se comienza a conformar determinada construcción cognitiva y se atribuyen determinadas características eventualmente peligrosas a un otro, o a una costumbre, a una religión, o a una cultura”.

En lo que tiene que ver con el terrorismo, el entrevistado explicó que lo que es terrorismo en un momento, en una sociedad y en una cultura, deja de serlo posteriormente y que lo mismo ocurre con el delito, ya que si no existe una ley que sancione determinadas conductas eso no se considera delito (menciona como ejemplos en Uruguay la Ley de Regulación de Marihuana y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo).

El objetivo de los grupos terroristas, según el especialista, es generar un estado de hipervigilancia en la población: “una de las características que tiene el terrorismo es que se aparta diametralmente de lo que es una guerra convencional, donde se tienen determinados objetivos militares como personas, edificios o aviones, y se cambia el objetivo por víctimas civiles, para generar un impacto en los otros que miran”, puntualizó. En este sentido es importante el rol que cumple el proceso de adoctrinamiento, ya que hace posible la incorporación del concepto de la cosificación de la víctima, donde se deja de ver a los demás como personas. “Hay algunos casos de la ETA que son muy interesantes, donde el individuo dice: ‘sí, yo me hice amigo del que estaba custodiando, me caía muy bien, era un tipo bárbaro, nos abrazábamos, quedamos en que después que lo liberaban íbamos a tomar algo juntos’, pero me llegó una orden por teléfono que lo tenía que matar, y lo maté porque yo nunca sentí que hubiese matado a ese tipo, yo mataba al gerente del banco que tenía preso”, ejemplarizó Álvarez. En conclusión, según el especialista esta cosificación es lo que legitimiza y posibilita que posteriormente se realicen fuertes delitos.

En terapia

-¿Una persona puede bajar los niveles de discriminación que tiene hacia otras personas haciendo terapia?

-Cuando alguien comienza un proceso terapéutico y hay un foco terapéutico en esto de la discriminación, sí. Hay muchas ideas preconcebidas, atribucionistas y de prejuzgamiento, en las que se empieza a confrontar esa idea disfuncional e irracional con el individuo, podés empezar a darte cuenta cuál es la función que cumple en su estructura de personalidad, devolvérselo y empezar a cuestionar eso.

-¿Cómo influye en la personalidad el miedo que generan estas amenazas?

-En la hipervigilancia. Para nosotros es bastante lejano simbólicamente. No tenemos claramente definido o conceptualizado lo que es vivir una situación de alto estrés, continuo y crónico. En Palestina, en Israel, y en otros lugares ya lo tienen normalizado; tiene efectos a nivel endocrino, a nivel del sistema nervioso, del sistema inmunológico y obviamente en toda la parte emocional. Existe una hipervigilancia donde hiperreaccionamos a determinados estímulos neutros. Este caso del avión es bastante típico, el pasajero denunciante hiperreaccionó ante un estímulo eventualmente neutro, le dio determinada atribución, lo cargó de determinado significado e hiperreaccionó.

-¿Cree que debido a los atentados que ocurrieron en los últimos años, nos encontramos frente a nuevos tipos de miedo o fobias en las personas?

-Sí, en varios cuadros. Desde el punto de vista del victimario hay una exacerbación de la patología del acto. Hoy se está actuando, más que hablando. También desde quien mira, uno se puede constituir en víctima. Desde ese lugar sí hay muchas fobias: fobias sociales, agorafobias, fobias a salir. También la eventualidad del daño psíquico -que sobretodo en la parte forense nosotros trabajamos bastante-, que es cuando un hecho que tiene un nexo casual o concausal produce una lesión psíquica, que es una lesión más aguda o ya cronificada, una secuela psíquica, y eso también se da a menudo.

-¿Cómo se abordan desde la psicología estas fobias?

-Según la escuela que sigas clínicamente. El psicoanálisis trabaja el viaje regresivo, y después se comienza a reestructurar la personalidad de determinados conflictos arcaicos, de la primera infancia sobre todo. Desde donde yo trabajo, que es la psicoterapia más focal o cognitivo- conductual, se trata de ver cuáles son esas ideas disfuncionales e irracionales, para empezar a confrontarlas, ver qué funciones cumplen al resguardo de esas ideas. Por ejemplo, yo pienso que el otro es siempre peligroso, entonces empezar a preguntarme por qué, y en la medida que yo pueda hacer una reestructuración cognitiva, empezar a funcionar un poco mejor. De hecho, muy grotescamente, lo cognitivo-conductual se basa en un fundamento teórico que dice que la situación no es la que me genera la emoción y la conducta, sino que es lo que yo pienso de la situación. Entonces, cuando pongo en acto eso, una situación me va a generar una emoción y me va a generar una conducta. Cambiando, reestructurando cognitivamente, cambio la emoción y cambio la conducta.

-Además de los atentados que ocurrieron en distintas partes del mundo, ¿qué otros aspectos de la sociedad cree que favorecen la aparición de esta clase de miedos o fobias?

-Todos los trastornos de ansiedad en general son muy beneficiados por el sistema social que tenemos últimamente, en donde no hay posibilidad de descanso, no hay un período de meseta entre lo que tú aprendiste y el cambio sobre lo que tú aprendiste. El bombardeo constante, la sensación de tener una falta de control interna sobre lo que estamos viendo y lo que nos está bombardeando continuamente, todo eso es en beneficio de la aparición de trastornos de ansiedad. En función de la organización social, de algunas vulnerabilidades particulares de algunos de nosotros, o por la cronificación de un estilo de vida, como por ejemplo, que siempre estamos parados en la falta, llegaste a determinado lugar y te das cuenta que no llegaste, sino que simplemente estás un poquito más arriba y te das cuenta de todo lo que te falta, y otra vez, y otra vez. El estrés puede ser muy beneficioso en situaciones concretas, pero si yo estoy estresado crónicamente -la sociedad en cierta manera apunta a la insatisfacción y la cronificación del distrés, técnicamente hablando-, entonces ya deja de ser beneficioso para transformarse en algo muy dañino.

-En una situación como la acontecida en el vuelo, evidentemente los pasajeros debieron haber estado muy nerviosos, ¿de qué forma la tripulación del avión tiene que manejar este tipo de situaciones?

-Tienen un entrenamiento. Hay protocolos ante este tipo de situaciones y seguramente lo siguieron al pie de la letra. Cuando se menciona el episodio uno tiende a ver al victimario y a la víctima, pero puede haber víctimas secundarias, en este caso, el resto de los pasajeros. Ellos estaban ante una situación novedosa, con capacidad dañina, que no estaba en lo esperable de la vida de cualquiera de nosotros y pueden haber sido lesionados, y de hecho se pueden haber constituido en víctimas secundarias.

María Nan