Con Ruben Campero, psicólogo y sexólogo

LA MIRADA QUE NOS INTERPELA

 

El tratamiento del diario El País del video de Nacho Álvarez

Durante los últimos días fuimos testigos de la viralización de un vídeo sexual del periodista Ignacio Álvarez. Lo importante no es quizás su contenido, sino las repercusiones mediáticas y en la opinión pública que generó su difusión. Miles de opiniones se volcaron por Twitter y Facebook, el tema se habló en algunos programas de radio y televisión y hasta en salones de clase. En Twitter, el día viernes 16 fue tendencia ‘Nacho Álvarez” y el hashtag ‘#enmivideoprohibido’, donde muchos usuarios utilizaron el tema para hacer chistes, analogías, repudiar al periodista o defender su privacidad. La difusión de este tipo de videos abre muchos debates de carácter ideológico, moralista, religioso y por supuesto también de género.

El video ya se difundió y no se puede hacer nada para revertir la violación a la intimidad que sufrieron sus protagonistas. Pero después de la viralización, ¿qué es lo que queda? La interrogante que se destacó en las redes fue ¿qué repercusiones hubiese tenido el video si la protagonista o la persona pública hubiese sido una mujer? Ya ocurrió anteriormente con el caso de Chris Namús, por ejemplo, donde varios medios se hicieron eco de la “noticia” en el año 2012. En ese sentido, circuló por las redes una imagen donde se comparaba el tratamiento que le dio el diario El País a los dos temas, y se puede ver una captura de pantalla de un tweet de la cuenta del diario que dice: “INTERNET- Vídeo porno de Chris Namús es furor en la red”, con fecha 27 de septiembre de 2012, mientras que en el caso de Ignacio Álvarez el diario tituló “La intimidad vulnerada. Se difundieron imágenes privadas robadas de su celular”.

El tratamiento dedl diario El País del video de Chris Namús

SdR dialogó con Ruben Campero, psicólogo y sexólogo uruguayo, coconductor  del programa radial “Historias de piel” que se transmite por Metrópolis FM, quien explicó que la privacidad es una construcción de la modernidad y que el concepto surge de la distinción entre lo público y lo privado. “Esta diferenciación nos hizo creer que el cuerpo, que la sexualidad, cuando vamos al baño, cuando hacemos cosas supuestamente privadas, somos libres”, y agrega que es una ilusión el hecho de que creemos tener libertad en los espacios de privacidad. Para el especialista, “la irrupción de las cámaras y este tipo de fenómenos rompe esa ilusión de libertad que teníamos con lo privado”. Además explicó que esta privacidad, que es construida por la modernidad, produce una evidencia agorafóbica (temor obsesivo ante los espacios abiertos o descubiertos que puede constituir una enfermedad). “Es tanta exterioridad, todo es tan para afuera y hay tan poca cosa para adentro, que nos da la sensación de no tener posibilidades de construir reductos más privados, donde podamos tejer la ilusión de libertad”, agregó.

Dentro del actual contexto en el que nos encontramos inmersos, la tecnología juega un rol relevante en exteriorizar ese mundo ‘privado’. Para Campero, “la cámara evidentemente oficia como la presencia de un tercero entre dos personas. Un tercero psicoanalíticamente se refiere a la presencia de la mirada de la cultura”. Y la cultura, a través de la cámara, se hace más presente de manera material de lo que se hizo en otros momentos históricos, cuando no se contaba con la tecnología actual. En este sentido, el psicólogo plantea que las personas tenderán a idealizar al tercero que se encuentra metido a través de la tecnología y de la cultura, y tendrán dos reacciones sobre lo que hacen: “le vamos a temer, nos va a dar miedo que alguien nos descubra, que vea lo que hacemos en privado. A su vez, en esta relación idealizada vamos a querer seducir a ese tercero; le guiñamos a la cámara, la miramos todo el tiempo, le queremos hacer, en definitiva, el show a la cámara”.

-¿Cómo es ese tercero que nos mira y nos interpela a través de la cámara?

-Ese tercero, o ese otro que representa la cultura, se transforma en espectador, pero es un espectador insaciable. Nada lo satisface, de hecho quiere más, más y más. La gente comparte vídeos como estos todo el tiempo, pero no solo sexuales, sino también vinculados con bromas y burlas. Internet y Facebook están llenos de este tipo de cosas, de reírnos del otro en una especie de circo romano, de coliseo, y esto forma parte quizás de un aspecto humano que tenemos que analizar. Este tercero insaciable está todo el tiempo ahí y lo queremos satisfacer, se transforma en un dios ególatra muy narcisista, que de alguna manera parece que no hay nada que lo satisfaga, porque quiere siempre más, y porque está vinculado con una cultura de masas.

-Si en lugar de Nacho Álvarez, el vídeo hubiera sido protagonizado por una mujer, ¿ hubiera tenido la misma repercusión? ¿incide para la viralización el hecho de que sea una figura pública quien aparezca en él?

-Obviamente que si fuera una mujer las cosas serían distintas. Seguimos en una cultura muy machista, y en este caso, al ser un hombre el protagonista, va a ser juzgado desde otros registros, muy distintos a los que entrarían en juego si se tratara de una mujer. Porque ella va a ser juzgada desde su cuerpo y desde su posición sexual y sexuada dentro de la situación. Que sea una figura pública es importante porque es un formador o formadora de opinión quien aparece en este video. Pero de todas maneras me parece que es discutible esta cuestión, porque hoy por hoy el tema de la jerarquía de la figura pública que produce opinión, la figura clásica que aparece en los medios de comunicación, está un poco cuestionada, en relación a la cantidad de anónimos y anónimas que utilizando los medios masivos de comunicación pueden hacerse virales y producir “tendencia”. Por tanto, en relación a las figuras públicas clásicas que están presentes todavía -hasta que no muera la televisión clásica van a seguir muy presentes-, habría que ver cuál es su posición cuando pasan estas cosas. Y capaz que estas cosas también pasan para que las figuras públicas tradicionales puedan tener mayor relevancia.

-¿Por qué razón cree que las parejas optan cada vez más por filmarse o sacarse fotos mientras tienen relaciones sexuales?

-Las parejas que optan por filmarse, y optan entre comillas, porque obviamente uno o una no tiene esta libertad -por lo menos en la teoría base que yo manejo, la libertad es un cálculo previo al poder desde una mirada muy foucaultiana, de alguna manera-. Creo que las parejas que optan por filmarse no lo hacen meramente como un fetiche, no es solamente como un juguete sexual adicional que se produce con la cámara, aunque quizás también deba tener una función en sí. Cuando se produce ese fetiche o ese juguete sexual que autoproduzco con la grabación hay una fantasía de base que es estarlo compartiendo, ¿para quién la filmo?, ¿la filmo para mí, para ti, para mi pareja, para mí solo? En definitiva, esa mirada que viene de la cámara es la mirada de un tercero, es la mirada de la cultura, es la mirada pública, el otro siempre está en esa cámara. Después, ¿ese exhibicionismo lo hacen para que les dé una especie de reporte de placer adicional? Yo creo que frente a la monotonía actual, donde hay un agotamiento de las propuestas más impactantes, porque hay una especie de reciclaje de una fantasía a nivel histórico, una vivencia a nivel histórico de que se han agotado las ideas, creo que la intención es impactar. Parece que sería una manera de ser  importante de alguna forma, mostrándose desnudo, mostrándose diciendo “pija”, mostrándose diciendo “puta”, mostrándose en lo que fuere.

-Por la reacción mediática , ¿cree que estamos frente a una sociedad conservadora, que no está preparada, o quizás no asume como “natural” a las relaciones sexuales?

-Esto supuestamente nos impacta como cultura -más allá de que consumamos pornografía a troche y moche-, pero a su vez, jugamos a que estas cosas nos impactan de acuerdo a las distinciones de los espacios. En definitiva, es la idea de mostrarse y la televisión lo está mostrando todo el tiempo. Parece que es un plus de importancia, un plus de misterio, ver a alguien tener relaciones sexuales. Es muy triste mirado desde esta manera, pero así somos como cultura en donde nos divertimos con cuestiones que en sí mismas no son trascendentes.

-Muchas personas se indignaron con el lenguaje y los términos que utiliza Álvarez para referirse a su compañera sexual, ¿usted lo considera de uso corriente entre las parejas?, ¿qué rol juegan las palabras en un encuentro sexual?

-Somos una sociedad muy hipócrita, que hacemos de todo pero evidentemente después a nivel de otro registro tenemos otras cuestiones. Las palabras, como decir: “puta”, “puto”, “te gusta la pija”, todas estas expresiones cotidianamente se usan. Tenemos el lenguaje vinculado con el tema del poder, el lenguaje construye subjetividad, produce realidad, es decir, las cosas existen en la medida en que son nombradas y quien las nombra. Entonces, ¿qué quiere decir llamar “puta” a alguien? ¿Qué quiere decir llamar “puto” a alguien? ¿Qué quiere decir llamar “niña”, “niño”, “mujer”, “hombre”, “mesa”, “silla”? La designación de las cosas como si tuvieran una especie de alma a las cuáles les corresponde una determinada palabra, eso es una ficción muy platónica que tenemos en nuestra cultura, obviamente heredera de una tradición greco-latina. Las palabras vehiculizan el poder, y este poder que es antropocéntrico, machista, heterocentrado, homofóbico -todos los nombretes que les quieras poner-, son los que lamentablemente también troquelan nuestra subjetividad y también nuestro erotismo. Por otro lado, es diferente como esto trasciende al público, y evidentemente que la palabra “puta” resuena desde un registro de opresión. Eso presiona igual cuando aparece en la vida cotidiana de las personas, y en las mujeres actualmente. En las mujeres heterosexuales las palabras pesan mucho, porque tienen que ser “una puta en la cama y una dama en la sala”, y  todos los mejunjes que hay para las mujeres desde un registro femenino, en relación a cómo se tienen que comportar. Como decían y siguen diciendo las feministas, “todo hecho privado es político”, entonces yo creo que cuando se muestran estas cosas es interesante para reflexionar y politizar en términos de las relaciones de poder.

María Nan