El ex rector de la Universidad durante la conferencia plenaria del CILAC

RE-EVOLUCIÓN UNIVERSITARIA

Rodrigo Arocena. Foto: Portal de la Universidad

El inminente cambio climático, la creciente desigualdad y la primacía de la expansión productiva, marcan linealidad en las ideologías neoliberales que no atienden la situación insostenible que vive América Latina.

En ese marco de las sociedades contemporáneas, el ex rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arocena, delimitó el rol activo que debe asumir la Universidad en términos de desarrollo y democratización, durante la conferencia plenaria del Foro abierto de Ciencias Latinoamericanas y del Caribe (CILAC).

Si bien a lo largo de estos últimos años Latinoamérica ha disminuido la desigualdad dentro de la propia antonomasia en la que se dibuja, poco es el cambio que ha logrado en incrementar políticas sociales que prescindan del consumo innecesario y de la economía de clases altas. El acceso terminan siendo para quien puede pagar, sin tomar en cuenta la democracia educativa como herramienta para expandir, formar y abrir camino hacia nuevas direcciones de conciencia.

Ante el acrecentado neoliberalismo, la situación se vuelve difusa para abordar y revertir la dicotomía entre medios expansivos, productivos y la protección ambiental, según manifestó Arocena. En sus palabras, el docente transmitió e impulsó ideales globales que conscienticen sobre la necesidad de los “valores humanos en cada disciplina, ya que son estos los que marcan el camino por los que se traza la historia”.

El desarrollo de las capacidades y libertades de la gente para vivir de manera valiosa, demanda la búsqueda de alternativas fundadas en valores solidarios. Estos aluden al vínculo de todas las disciplinas, la cultura, las posibilidades de crecimiento y los problemas aparentes en cualquier área social.

En contraposición con el uso indebido de recursos no renovables y no sustentables, “la Universidad debe pujar hacia un desarrollo activo en consideración con todos los agentes implicados. Expandir conocimiento, nutrir a través de la investigación y difundir a través de la unicidad social”, declaró el profesor, al finalizar su discurso. Para lograrlo, el rol de la ciencia es de carácter necesario, admitió. Debe dirigirse al corazón de las problemáticas de toda la población y no solo a un sector reducido. Superar las diferencias entre producción y protección del ambiente es un trabajo en paralelo con abolición de problemáticas que influyen a los sectores más postergados de la sociedad.

Una creciente fusión de las instituciones públicas universitarias alienta un cambio en las agendas de ciencia y tecnología. Esclarece las disyunciones que deben ser atendidas con rigurosidad para la calidad de vida de las generaciones venideras. Una Universidad interconectada que no dé por sentado las viejas tradiciones que se han gestado e instaurado, puede comprometerse de manera social y ambiental con cada uno de los agentes que la constituye y la recrea. Únicamente bajo estos términos se puede decir, según este cientista social, que “lo mejor está por venir”.

Sofía Sánchez