Movida en Treinta y Tres

LA JUVENTUD ENCONTRADA

 

Arte y Juventud

La movida Arte y Juventud cambió el ritmo de Treinta y Tres por un fin de semana. Foto: Arte y Juventud, INJU, MEC.

No era un viernes normal para la señora que se levantaba a la mañana e iba rumbo al almacén. Al abrir la puerta de su casa se encontró con un grupo de cinco o seis gurises, todos con camiseta amarilla. Por la misma cuadra venían otros seis o siete, y si miraba a lo lejos, había muchos más. Miraba las camisetas para ver de qué se trataba: “Arte y Juventud”, rezaba en la espalda una de ellas. No sería un día normal en Treinta y Tres, una ciudad en la que viven poco más de 25 mil personas, a las que se sumarían 1400 jóvenes artistas de todo el país durante el fin de semana.

Llegado el mediodía, las calles se llenaban de color, dando sentido a dos enormes escenarios colocados uno frente a otro en cada extremo de la plaza principal de la ciudad. “¿De dónde vino tanta gente?”, se preguntaba cualquier olimareño, que a pesar de haber visto algo en el informativo local, no sabía de qué se trataba. Llegaban ómnibus desde los 19 departamentos con delegaciones de jóvenes. Al bajar de los vehículos con caras de sueño y cansancio eran recibidos por voluntarios del Instituto Nacional de la Juventud (INJU) que junto a la Dirección Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura organizaron el noveno Encuentro de Arte y Juventud.

Una cancha de baby fútbol y un gimnasio cerrado pasaron a ser “dormitorios” de los participantes, que los colmaron de carpas, banderas y colores. Luego de acomodarse, comenzaban a sonar los primeros acordes en las guitarras y las armónicas, los primeros golpes al cajón peruano y a las panderetas. Sentados en las plazas o en el cordón de la vereda, los muchachos se reunían, cantaban y tomaban mate con el sol en la cara. La Casa de la Cultura estaba pronta para recibir a los grupos de teatro y danza en la sala principal y en otra más pequeña. Allí también expondrían los grupos de artes visuales, donde comenzaban a aparecer cuadros, fotografías, audiovisuales y manualidades. En la Sala Azul desarrollaría la “Escuela de Rock”, en la que artistas reconocidos de la música nacional compartirían un espacio de intercambio con las bandas jóvenes.

Arte y Juventud en Treita y Tres

La movida atrajo a niños, jóvenes y adultos. Foto: Arte y Juventud, INJU, MEC.

Sobre las cinco y media de la tarde del viernes comenzó el desfile inaugural, con la actuación de cuerdas de tambores y todo aquel que se quisiera sumar. Los vecinos se asomaban por las ventanas, los comerciantes miraban mientras subían las cortinas porque el sol se estaba yendo. El desfile finalizó en la plaza principal y la gente empezaba a arrimarse, mientras tomaba la palabra el Intendente de Treinta y Tres, Dardo Sánchez, y más tarde el director de INJU, Santiago Soto.

Los acordes, ahora amplificados, comenzaron a sonar más alto y se arrimaba más gente. En la noche del viernes 14 de octubre pasaron 23 bandas por los escenarios de música. Los vecinos se mostraban impresionados por el talento de jóvenes que mostraban su arte. Todos los géneros se hacían presente: rock, folklore, murga, cumbia, reaggeton, pop, beatbox, rap, electrónica y candombe, entre otros. A las dos de la madrugada, algunos participantes emprendían la vuelta a los dormitorios, otros se quedaban en rondas tocando un rato más, otra vez abajo del escenario, como en la tarde.

Arte y Juventud

La fiesta de la alegría y la juventud. Foto: Arte y Juventud, INJU, MEC.

El sábado la lluvia despertó a más de uno. La incertidumbre de que se cancelaran los escenarios al aire libre los embargó. Pero la espera hasta último momento valió la pena porque el clima dio tregua y los espectáculos se desarrollaron con normalidad, incluso se sumó uno de circo. Otra noche de Arte y Juventud que culminó con un baile en la plaza.

El domingo a la mañana tocaba levantar campamento. Ahora se subían a los ómnibus, acompañados por los mismos voluntarios que los habían recibido dos días atrás. Se llevaban experiencias, charlas, fogones, amistades nuevas y ganas de volver.

La ciudad retomó su ritmo habitual, pero con la sensación de que algo bueno había pasado por allí.

Franco Sena