Estados Unidos en debate

JAQUE MATE

Montaje que muestra a Donald Trump en Cleveland, Ohio, el 22 de octubre, y a Hillary Clinton en Las Vegas, Nevada, el 19 de octubre. AFP PHOTO / Jay LaPrete AND SAUL LOEB

Un centenar de cámaras transmitieron por televisión e internet la serie de debates presidenciales de Estados Unidos rumbo a las elecciones del 8 de noviembre. La audiencia fue mucho mayor a la de los anteriores debates de 2008 y 2012. Con un total de 84 millones de espectadores, la triada de discusiones fue definida como la más polémica, con el protagonismo de Hillary Clinton y Donald Trump.

Por casi primera vez en el terreno de las candidaturas, los postulados son considerados dos polos opuestos. Los aspectos de sus campañas tienen una ínfima convergencia y el país yankee se prepara para recibir planes de gobierno en rumbos contrarios.

Los debates tuvieron varios aliños que lo hicieron un show cuasi sensacionalista, con enfrentamientos argumentativos que no reflejaron del todo las políticas que plantea cada candidato y que intentarán aplicar una vez que ocupen el puesto de la Casa Blanca.

Lester Holt, Anderson Cooper, Martha Raddatz y Chris Wallace fueron los periodistas que cumplieron el rol de moderadores en los diferentes encuentros. La demócrata Clinton y el republicano Trump fácilmente perdían el hilo en el enfrentamiento con acusaciones personales que no integraban la agenda de temas a discutirse.

La figura de Hillary Clinton se ha condensado como símbolo. Una mujer diplomática a quien se le adjudicó la victoria de los tres debates con unos 5.3 puntos sobre los menores porcentajes de adhesión y simpatía que logró el magnate republicano. A través de las instancias dialécticas, logró con claridad presentar algunas de sus ideas, entender el juego de palabras de su contrincante y evitar el movimiento en falso.

Luego del debate final, el 19 de octubre de 2016. AFP PHOTO / Robyn Beck

Tal partida de ajedrez, ambos candidatos debatieron sobre inmigración, salud, gestiones económicas, derechos civiles, impuestos y otros temas de tenor internacional que conformaron la agenda presentada, a la espera de convertir el discurso en el jaque mate e incrementar la cantidad de votantes.

Bajo una actitud pusilánime en desconsideración con los valores de integración y diversidad, el multimillonario Trump puso sobre la mesa rígidos números de pérdida ante la situación actual del país. Empresas que abandonan el territorio para producir con menos dinero y población inmigrante indocumentada que arrebata y ocupa puestos de trabajo, aparecen en su discurso para conceptualizar a los gobiernos anteriores como gestiones ineficientes.

Un video de Donald Trump del año 2005 donde hace alusión a las mujeres de manera despectiva y un proyecto para impulsar una investigación contra Hillary Clinton con el fin de ponerla tras las rejas por uso indebido de su correo personal, fueron los dos puntos hegemónicos que dieron lugar a la discusión delante y detrás de cámara.

Los debates no solo catalizaron una serie de denuncias por acoso sexual hacia el republicano, también sembraron una serie de dudas sobre el desempeño profesional de Clinton y su relación con los conflictos bélicos en oriente. Por medio de la interpelación, ambos candidatos dibujaron su perfil presidencial en errores y aciertos de hechos pasados que los convierten en los que son el día de hoy.

En pos de todo lo dicho en cámara por ambos postulantes, Estados Unidos se prepara para votar y colocar como cabeza de Estado al empresario multimillonario Trump con ideas económicas promovedoras y deseos de construir un muro, o a la exsecretaria de Estado Clinton, como la primera mujer al mando en toda la historia del país norteamericano.

Sofía Sánchez