La controversial obra sobre los "bíblicos" José Mujica y Lucía Topolansky

LA GÉNESIS DEL URUGUAY

Pintura: Génesis Uruguay / Foto: Galería de arte Diana Saravia

La obra que retrata al expresidente y actual senador José Mujica y a la senadora Lucía Topolansky como Dios los trajo al mundo, abrió un debate sobre la censura y la libertad artística. Los protagonistas de la pintura argumentaron que no se debería utilizar su imagen en una obra para la que no posaron y para la que no dieron consentimiento; y, por su parte, el autor de la obra defendió la libertad de expresión.

La obra, titulada “Génesis Uruguay”, es una alusión bíblica, en su estilo y en su nombre, al génesis y a Adán y Eva. Junto a la pareja aparece Manuela, la perra de los políticos, y los tres están rodeados de plantas que cubren los genitales de Mujica y Topolansky.

En declaraciones al diario El Observador, la senadora explicó que entiende que “es una pajería todo eso. Un tipo que pintó un cuadro nos pintó en bolas, por exhibicionismo. Nosotros pusimos la cosa en manos de un abogado, para que vea qué se puede hacer”. Por su lado, el artista de la obra Julio de Sosa, en entrevista con la cadena internacional CNN, declaró que no se le ocurrió que la obra pudiera agredir a alguien: “en ningún momento quise burlarme. El cuadro no tiene agresivo, no era mi intención que lo tomaran a mal”, sostuvo. Asimismo, la dueña de la galería de arte “Diana Saravia”, donde era exhibida la obra, manifestó en las redes sociales que el autor creó “Génesis Uruguay” como forma de homenaje.

En nuestro país, los artistas están amparado por la Ley Nº 18.515 de Medios de Comunicación, donde se admite que en representaciones artísticas o humorísticas pueden ser representados personajes o situaciones de interés público. En este caso, José Mujica y Lucía Topolansky son personajes públicos por lo que una expresión artística sobre ellos está admitida por nuestras normas legales y no afecta su derecho de imagen.

El abogado Martín Prats explicó a Sdr que “si Mujica o Topolansky se sienten agraviados o injuriados por la representación, ellos tienen la posibilidad de hacer una acción judicial, una denuncia por difamación o injurias pero, en mi opinión, esa denuncia no tendría asidero”.

La situación sería distinta si el artista hubiera retratado la imagen de una persona que no fuera pública, quien, si se siente agraviada, puede reclamar vía civil el derecho de imagen o puede hacer un juicio por difamación o injurias. De todos modos, la norma establece que la exención de responsabilidad no procederá cuando resulte probada la real malicia del autor de agraviar a las personas o vulnerar su vida privada.

El cuadro fue retirado de la galería de arte “por delicadeza”, según explicó la dueña del establecimiento, luego de que dos policías fueran a la galería para solicitarle que se retirara la pintura. Prats sustuvo si la disposición de la policía no procede de una orden judicial es ilegítima y no existe obligación de quitar la obra.

Casos similares

ALWAYS FRANCO | En la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid de 2012, más conocida como ARCO, el artista Eugenio Merino presentó una obra que consistía en una figura de Francisco Franco con su uniforme, parado dentro de una heladera de Coca-Cola. Sobre la obra, Merino dijo a El País de Madrid que su objetivo era “reflejar cómo es España, cómo tenemos en la cabeza esa imagen, que es nuestro icono, y que está como congelada en nuestro cerebro”.

Como era de esperar la obra de arte causó mucha polémica. La Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), que funciona esencialmente como archivo documental del período franquista de España, decidió hacer un juicio al artista por considerar que su obra desestimaba la figura del dictador. Esta decisión de la FNFF tuvo respuestas en la población, como una exposición y una marcha de la Plataforma de Artistas Antifascistas en apoyo al autor de Always Franco, al que la FNFF reclamaba 18.000 euros de indemnización por “daños al honor”.

La FNFF y el artista Eugenio Merino se enfrentaron frente a la jueza Rocío Nieto Centeno que desestimó la demanda y falló a favor del artista que declaró: “Lo único que me gusta de esta situación es que paguen, que les cueste mucho dinero, porque están atentando contra la libertad de expresión” a El País de Madrid.

UNHATE | Con esta premisa Benetton lanzó una campaña publicitaria en la que aparecían reconocidos líderes mundiales -abiertamente en conflicto- besándose. Algunas de las personalidades en los afiches eran Barack Obama y Hugo Chávez o Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, pero la que le causó más problemas a la marca italiana de ropa fue la imagen del entonces Papa Benedicto XVI besándose con el Imán de al-Azhar egipcio Ahmed el-Tayeb. Todas las imágenes fueron utilizadas con fines publicitarios sin consentimiento ni permiso de los protagonistas.

Las respuestas a la campaña fueron controversiales pero ninguno de los fotografiados hizo declaraciones oficiales al respecto, excepto por el Vaticano. El 17 de noviembre de 2011 The Guardian publicaba las palabras del secretario de prensa Federico Lombardi: “No podemos sino expresar una decidida protesta por el uso absolutamente inaceptable de una imagen manipulada del Santo Padre como parte de una campaña publicitaria con fines comerciales”.

Desde el Vaticano se acusó a Benetton de “romper las reglas más elementales del respeto por los otros” con el fin de atraer atención. A estas declaraciones, Lombardi agregaba que el entonces Secretario de Estado, el arzobispo y cardenal Tarcisio Bertone, contemplaba la posibilidad de iniciar acciones legales para “garantizar una protección adecuada de la figura del Santo Padre” y para “prevenir la circulación, por los medios masivos u otras vías, de un fotomontaje (…) en el cual el Santo Padre aparece de una forma considerada hiriente, no solo para la dignidad del Papa y de la Iglesia Católica sino también para la sensibilidad de los creyentes”.

La respuesta de Benetton fue inmediata: la imagen del Papa junto al líder islámico fue retirada de la campaña y se emitió un comunicado disculpándose por “herir los sentimientos de los creyentes” y asegurando que el fin de la campaña era “exclusivamente combatir la cultura del odio en todas sus formas”.

Alana Constenla / Andrea Fernández