Altura y calor, el jugador N° 13 en las competiciones internacionales de fútbol

JUGAR AL LÍMITE: UN CHANGÜÍ

En la altura boliviana,con frío y poco oxígeno, el entrenamiento explota la ventaja. Foto: AFP / Aizar Raldés

 

Sudamérica es uno de los subcontinentes más diversos del planeta. En sus 18 millones de kilómetros cuadrados cuenta con praderas, selvas, picos montañosos y zonas de clima cálido, que lo hacen un territorio óptimo para la biodiversidad. Según las autoridades internacionales del deporte, más específicamente del fútbol, estos factores parecen no incidir en las actividades físicas. Esta perspectiva de los órganos rectores, como la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL), ha sido altamente cuestionada por diferentes federaciones que han visto cómo sus deportistas sufren cuando deben jugar en condiciones extremas. La altura de Bolivia o las altas temperaturas en Colombia, son dos ejemplos de ello.

En mayo de 2007 la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) estableció que los encuentros oficiales debían disputarse en zonas geográficas que se encuentren a menos de 2.500 metros de altura sobre el nivel del mar. La medida provocó el descontento de varios países, como Bolivia, Ecuador y Perú, porque no se podría jugar al fútbol en las ciudades de La Paz, Quito o Cuzco. En junio de ese año, el mismo órgano rector cambió su veredicto y comunicó que los encuentros futbolísticos se realizarían a menos de 3.000 metros. Pero seis meses después, volvió a cambiar las reglas y marcó como tope los 2.750 metros. Joseph Blatter, presidente de la FIFA en ese entonces, manifestó: “Hay que proteger la salud de los jugadores. Se ha recomendado aplicar el mismo límite a todos los partidos internacionales”. No obstante, esta medida también se esfumó. Los países que se veían afectados por la normativa continuaron ejerciendo su localía en ciudades con altitud y las quejas de algunos dirigentes y de los deportistas, que son los verdaderos protagonistas y afectados con las resoluciones, murieron en los escritorios.

El fenómeno del calor tampoco escapa a las críticas. La selección de Colombia se ha caracterizado por disputar sus encuentros de local en horas donde la temperatura llega a superar los 35 grados. El escenario ideal para explotar eesta ventaja es el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla, ciudad con clima seco, de lluvias puntualmente abundantes y altos niveles de humedad que oscilan en el 80%. Para comprender mejor esta temática, Sala de Redacción conversó con el subsecretario de Deportes, Alfredo Etchandy, y con Sebastián Urrutia, preparador físico del seleccionado uruguayo sub 20 y de mayores.

Se lavaron las manos

El jerarca de la Secretaría Nacional de Deportes contó que la idea de jugar a menor altitud fue una iniciativa de la FIFA en base a un informe elaborado por su Comisión Médica. No obstante, la organización “no adoptó ese dictamen y resolvió el tema con un carácter netamente político”. Etchandy citó el caso de Bolivia, previo a jugar una Clasificatoria para la Copa del Mundo, en la que varios países no querían viajar, pero las autoridades dieron el visto bueno; incluso comentó que la “CONMEBOL autorizó los Sudamericanos que se jugaron en Bolivia con final en La Paz”. Uruguay fue una de las federaciones que apoyaba esta propuesta, pero poco a poco se fue quedando sola por motivos políticos.

El factor influye en los resultados deportivos.“Se podría decir que de los dos Sudamericanos que se jugaron en Bolivia, en uno salió campeón el local y en el otro jugó la final con Brasil, cosa que nunca ocurrió en ningún país de América, donde se han disputado los Campeonatos Sudamericanos durante un siglo”. A modo de ejemplo, el jerarca explicó que en Bolivia no hay carreras de caballos porque los equinos pierden la vida por la falta de oxígeno. Tampoco se reconocen los récords deportivos como en el atletismo. “Cuando hay altura o viento, los récords no son homologados y eso habla de la incidencia de la altura en el deporte”.

Una anécdota que quedará en la retina de los aficionados fue la participación de Diego Maradona junto al presidente de Bolivia, Evo Morales, en un partido benéfico realizado en La Paz en marzo de 2008. El motivo del encuentro era recaudar fondos y demostrarle a la FIFA que en esa zona se podía jugar. “Ustedes tienen que jugar donde nacieron, hermanos, y eso no se los puede prohibir ni Dios y menos Blatter”, expresó el 10 ante las veinte mil personas que se acercaron a verlo al estadio Hernando Siles. Un año más tarde, como director técnico de la selección de Argentina, el crack de Villa Florito sufrió una estrepitosa caída por 6-1 ante los andinos en el camino hacia el Mundial de Sudáfrica.

Aunque el calor achicharre

En lo que respecta a las temperaturas elevadas, Etchandy manifestó que los horarios de aquellos encuentros que se disputan en esas condiciones están marcados por la FIFA cuando se trata de una Copa del Mundo. “Hubo varias quejas, incluso de jugadores, cuando el Mundial de 1994 se hizo en Estados Unidos. Allí se fijaron algunos partidos con temperaturas de 40 y 45 grados en horarios que no eran los más convenientes”. Sin embargo, las protestas de los futbolistas quedaron en la nada, fueron ignorados por las autoridades quienes nuevamente privilegiaron lo económico por encima de lo humano. “Fue más importante contemplar el negocio y hacer los partidos en los horarios que convenían a la televisión para enviar las imágenes a otros puntos del mundo”.

En el encuentro más reciente de Uruguay por las Clasificatorias para la Copa del Mundo de 2018, la celeste enfrentó a Colombia en la cálida y húmeda Barranquilla. Sobre este encuentro Etchandy expresó que el horario fue coordinado entre CONMEBOL y los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF). “Lo puso desde que comenzó la Clasificatoria. En algún caso no jugó en ese horario, pero sí lo hizo la mayoría de las veces”.

Para ese cotejo se dispuso que la pelota rodase a partir de las 15.30, momento en que la temperatura era de 30 grados y la humedad alcanzaba el 80%. Insalubre por donde se lo mire. Pero, ¿qué dice la FIFA de estas medidas? Nada, silencio absoluto, hermetismo por todos lados porque “tampoco hubo una protesta formal de no jugar a esa hora”, aclaró el jerarca. Etchandy recordó que Uruguay se había quejado por la hora impuesta para la realización de la actividad futbolística en esas latitudes antes de las Clasificatorias para la Copa del Mundo de Corea del Sur y Japón, pero nuevamente, quedó solo por cuestiones políticas.

Para afrontar la adversidad

Sebastián Urrutia, preparador físico de la selección mayor y del plantel sub 20, habló de las consecuencias que tiene jugar en la altura y la preparación que se realiza para encarar este tipo de acontecimientos. En ese sentido, expresó que “lo principal es la falta de oxígeno, eso ya incide directamente en el organismo. Cuando subimos, impacta en todo el sistema cardiorrespiratorio, después a nivel hormonal y en diferentes elementos”. Estos efectos comienzan a sentirse cuando se visitan lugares a partir de los 2.400 metros de altitud. Además, manifestó que el factor psicológico también impacta en el rendimiento de los deportistas.

¿Cómo se trabaja desde esta perspectiva? “Informando a los jugadores de lo que puede llegar a pasar. Lo que sucede son dolores de cabeza, sienten la falta de aire con el tema de los traslados o cuando hacen ejercicio en calentamiento, sienten que les falta el oxígeno y deben frenar”. Teniendo en cuenta este panorama, el experto subrayó que lo importante es que el deportista sepa lo que va a enfrentar, para que tome los recaudos que sea necesarios. En el caso del fútbol, sugiere que el jugador inhale aire cuando el balón se va, tener la posesión de la pelota el máximo tiempo posible y jugar de forma lenta.

Mucho se habla sobre la aclimatación previa a estos encuentros; sin embargo, el preparador físico comentó que en realidad el deportista no se aclimata, sino que “hay un período en el cual se sufre más la altura a nivel orgánico, con síntomas como dolor de cabeza, algunas náuseas o fatiga. Esas dolencias se presentan entre uno y cinco días”.

Urrutia recordó que en el viaje de la Clasificatoria pasada a Bolivia, se había optado por llegar, concentrar en el llano y subir el día del partido. Pese a ello, luego de almorzar los futbolistas comenzaron a sentir los efectos de la altitud; uno de ellos fue la digestión lenta. Para no repetir las mismas molestias, en 2015 decidieron aterrizar el día del encuentro e ir directo al estadio. La falta de oxígeno estuvo presente en el cotejo, pero el resto de los síntomas se manifestaron recién al regreso.

Otro cuestionamiento que existe sobre este asunto es si se hacen trabajos físicos luego de la actividad en la altura. El profe Urrutia manifestó que “con la selección mayor no se hace porque ellos se van a sus clubes directamente”; no obstante, la situación con los planteles juveniles es diferente. “Lo que hacemos son trabajos desde el punto de vista aeróbico, con muchos ejercicios intermitentes para mejorar la respuesta; que sea mayor a lo que normalmente hacemos para jugar un torneo”.

También contó que a partir de noviembre usarán máscaras, que a través de una válvula reduce la entrada de oxígeno, simulando el panorama de la altura. “Desde el punto de vista psicológico tenés la sensación de lo que vas a vivir en la altura. Pero no te da el tiempo para generar una modificación a nivel del sistema orgánico-metabólico, porque vos tendrías que estar todo el día con eso”, explicó Urrutia.

El preparador físico de los celestes también comentó sobre los efectos que tiene jugar en zonas cálidas. Como ejemplo mencionó un partido de Uruguay e Italia por la Copa de las Confederaciones en Brasil 2013. El enfrentamiento se había realizado en la ciudad de Salvador de Bahía a las 13:00, momento en que la temperatura pisaba los 40 grados. Tomó estos elementos y los sumó a la humedad, otro factor que incidió en el duelo ante Colombia por las Clasificatorias mundialistas. “En Barranquilla es todo eso más la humedad; porque ésta también te aumenta todos los síntomas, te los potencia. Pasa algo bastante similar a lo que es la altura, uno no está acostumbrado a vivir esas situaciones”. Los efectos que produce esta condición son la fatiga, como también la deshidratación, pero para contrarrestar esos percances, cuando se trata de juveniles, se detiene el juego en la mitad de cada tiempo para que los futbolistas se hidraten.

El especialista agregó que “el calor repercute en los sistemas metabólicos; dentro de estos en la parte aeróbica o de respuesta en lo que uno corre y en lo cardiopulmonar”. Pero, ¿cómo se preparan los futbolistas para atravesar estas condiciones adversas? En ese sentido, Urrutia comentó que no se hacen aclimataciones porque aquí no se cuenta con ese tipo de clima. Agregó que José Herrera, su colega que también trabaja en el seleccionado celeste y que cuenta con una vasta trayectoria en la materia, ha realizado todo tipo de estudios para superar estos obstáculos. “Llegamos a la conclusión de que preparar la situación que vamos a vivir es muy difícil, ya sea la altura o el calor y la humedad de Barranquilla”.

Lo que se hace para concretar estas actividades es trabajar desde lo psicológico con los futbolistas con varios días de anticipación. Sostiene que a los juveniles se los prepara con una semana previa; de todos modos “las relaciones interpersonales se afectan porque es normal por la edad, no todo el mundo se lleva bien, pero cuando pasa mucho tiempo ya empieza a haber conflictos, y tratando de evitar todo eso es que nosotros intentamos ir una semana antes a un torneo, donde la condición climática difiere a la que tenemos acá, para tener una ‘adaptación’ no del punto de vista orgánico, pero sí del esfuerzo”.

Antecedentes en tierras inhóspitas

El historial del desempeño de la selección uruguaya en suelo boliviano se vuelca a su favor. A pesar de los 3.600 metros de altura en La Paz, en las últimas cuatro Clasificatorias los celestes igualaron dos veces, 0-0 para Alemania 2006 y 2-2 rumbo a Sudáfrica 2010. Cayeron en una oportunidad 4-1 en el camino a Brasil 2014; y consiguió un único triunfo por 2-0 en octubre de 2015 para la próxima Copa del Mundo en Rusia. Sin embargo, los resultados obtenidos en la ciudad colombiana de Barranquilla no han sido nada buenos. Para Francia 1998 los cafeteros vencieron por 3-1; en la ruta hacia Alemania 2006 volvió a ganar la fiebre amarilla con un duro 5-0; y para Brasil 2014, triunfaron por 4-0. En la última presentación de los orientales en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, el pasado 11 de octubre, los dirigidos por Óscar Tabárez lograron un valiosísimo empate a dos, en las Clasificatorias de camino a la tierra de los Zares.

Aldo Mattos