Grupos Sonantes

POPURRÍ DE GALA

Niños, jóvenes y adultos amantes de la música clásica. Foto: Grupo Sonantes en Facebook.

Entre el tumulto de la capital, los ruidos molestos y la contaminación, la Sala Nelly Goitiño del Sodre recibió el miércoles 9 de noviembre el concierto final de Grupos Sonantes, en el que participaron niños, jóvenes, y no tan jóvenes, que comparten una misma pasión por los instrumentos de cuerda: violín, viola, violoncelo y contrabajo.

Grupos Sonantes se define a sí mismo como una aventura que comenzó en el año 2000 cuando desde la Escuela Universitaria de Música se lanzó un programa experimental de enseñanza de música en el Cerro. Ya para el 2007 comenzó a dar pasos en el interior del país. La idea general es descentralizar y bajo el concepto de que el talento no solo está en la capital. La gente que quería hacer música debía viajar muchos kilómetros y por ello formaron grupos en Bella Unión, Melo, Treinta y Tres, Minas, Rosario, San José, Durazno y Young.

El proyecto es dirigido por el maestro Jorge Risi y financiado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Brinda las herramientas necesarias para que en el interior del país puedan enseñarse y sonar instrumentos como los que componen el grupo.

Anderson, integrante de la movida, es oriundo de Bella Unión, comenzó a tocar el violín con este grupo cuando era un niño. Recuerda que iba una persona a su ciudad a enseñar porque no era común tocar este tipo de instrumentos, hoy en día se mantiene en contacto mediante redes sociales e incluso toma clases a través de videollamadas. “Con el grupo tocamos en Montevideo, Rocha, San José, Treinta y Tres, Durazno”.

En el concierto que ofrecieron en el Sodre participaron músicos vestidos de gala quienes tocaron los más variados temas llevando al público por un viaje clásico con Mozart, Telemann, Vivaldi, Händel, y también a un encuentro con composiciones más contemporáneas como Frontera de Jorge Drexler, Chiquillada de José Carbajal o también temas de películas como Misión Imposible y El padrino, entre otras.

Uno de los momentos más llamativos fue cuando se paró en el frente del escenario una fila de niños para tocar la Novena sinfonía de Beethoven respaldados por más de cien violines, contrabajos, cellos y violas; podía observarse las diferentes variantes para tocar el instrumento cada uno tenía una inclinación más o menos similar de su arco, pero se movían con diferentes velocidades generando armonía. Muchos de los niños ejecutaban las piezas con la técnica denominada Pizzicato, que consiste en pellizcar la cuerda con la yema de los dedos.

Al cierre del concierto, agradecieron a la sala que año a año les permite tocar, al MEC, a la Escuela Universitaria de Música, a las diferentes intendencias y alcaldías en donde funciona el proyecto. Para presentarse lo hicieron por localidades, Melo, Carmelo, Rosario, San José, Rocha, Bella Unión y Montevideo. A medida que nombraban las ciudades, los artistas levantaban sus arcos o manos buscando a su vez a sus familiares entre el público. El concierto terminó al grito de ¡Hey! y muchos aplausos.

Flavia Curbelo