Situación de estudiantes de danza Folclore

“YO VENGO A CLASE PARA QUE ME SORPRENDAN”

Botas y bochas de Folclore. Foto: SdR / Sofía Sánchez.

La Escuela Nacional de Danza (END) ha formado por años a varias generaciones que desempeñan hoy su carrera en diversos ámbitos socio-culturales. Desde el 2013 estructura la formación de sus tres divisiones en tres años de ciclo común y un último de especialización en interpretación y coreografía, teoría e investigación y docencia. Como integrante de la primera generación que cursa cuarto año, Catalina García conversó con SdR sobre la efímera concordancia entre la teoría y la realidad de la división de Folclore que colocan a la escuela en un terreno de incertidumbre en función del aprendizaje, el egreso y el ámbito laboral.

En el marco de una poca difusión de la danza criolla y el concepto que se tiene de esta en la sociedad, la END ha comenzado a generar más registro audiovisual de actividades extracurriculares y eventos en los que participa el elenco. Aun así la escuela cuenta con poca participación en esta división y sus estudiantes son practicantes de un plan nuevo “poco” premeditado que da la sensación de ser otro tercer año de su ciclo común.

Más allá de las orientaciones que el plan nuevo pueda presentar en su estructura curricular, según García, la falta de profesores preparados para formar investigadores, la ausencia de formación didáctico-pedagógica y la necesidad de generar los planes de estudio para cada materia impiden la posibilidad de elegir entre las tres especializaciones.

Ante las circunstancias los estudiantes de danza folclórica se forman como intérpretes-coreógrafos, quienes están habilitados para la docencia pero sienten inestabilidad al pensar en su futuro como profesionales. El título que reciben al egresar bajo el nombre de “idóneo en danza y egresado de la escuela”, no les permite competitividad con el “profesorado de danza” del Instituto de Profesores Artigas (IPA).

“Un maestro que hace un curso de danza en un fin de semana, tiene más chance de ocupar un puesto por estar preparado en didáctica y pedagogía, que a pesar de lo que dice la escuela nosotros no tenemos en nuestros cuatro años de carrera”. Esta declaración de la estudiante en referencia a la preparación del IPA, denota algunos pasos truncos de la escuela en la planificación de la formación y la conciencia del terreno laboral.

Para García existe una poca vinculación por parte del cuerpo directivo, quienes “no han resuelto de manera clara el funcionamiento de la división Folclore” en la irregularidad horaria de la currícula, la elección con anterioridad de profesores aptos para cada materia y la falta de  coordinación entre la asistencia a clase y los eventos extracurriculares.

La división cuenta con talleres y un elenco que participa de varias actividades dentro y fuera del departamento. Este tipo de actividades impulsa a los estudiantes a extenderse en su vocación y permite un mayor entendimiento de la danza nacional en el territorio. Hacia otra dirección, la primacía del elenco ante la participación de las clases diarias, impide a los profesores dictar las clases en tiempo y forma. De esta manera los programas se atrasan o las clases se cancelan, lo que deja por fuera a los estudiantes que no integran el elenco, quienes no reciben clases inclusive
por dos semanas durante las presentaciones del grupo.

Con anterioridad la escuela planteó un cuarto año para los egresados del 2014 a quienes se les dio una certificación de curso pero no formaron parte del nuevo plan. Ante las falencias de las planificaciones se intentó hacer un centro de estudiantes que generara una mejor comunicación de derechos y obligaciones, pero el centro se disolvió porque la mayoría de los cargos egresaron y se desvincularon de la escuela.

Para el cierre de este año La END planteó a los estudiantes la planificación, organización y realización de la muestra final de la escuela que consta de una presentación de todos los estudiantes y las diferentes danzas folclóricas que se aprenden en el transcurso del año. El montaje de tal magnitud deja a la vista la falta de espacios para investigadores y docentes, que concluye en una diversidad de especializaciones no posibles a ser elegidas y el fallo de un nuevo plan que parece poco concreto.

Sofía Sánchez