Esencialidad en el Piñeyro del Campo: el límite entre la vejez y la salud mental

LA OTRA VERSIÓN

 

Piñeyro del Campo. Foto: Presidencia

Un decreto de esencialidad interrumpió el pasado 14 de octubre la ocupación de 15 días de los trabajadores del Hospital Geriátrico Luis Piñeyro del Campo, quienes reclamaban el pago de un incentivo por tratar con pacientes con problemas de salud mental, que reciben los fncionarios de otros centros que trabajan con este tipo de población.

Desde ASSE niegan que se trate de pacientes con este tipo de padecimiento; sin embargo, Daniel Ríos, presidente de la Comisión Interna del hospital, sostiene que la documentación los respalda. SdR confirmó las palabras de Ríos a través del documento que creó la Dirección de Salud Mental y Poblaciones Vulnerables, en el que se afirma que el Piñeyro del Campo dependerá de la misma (véase galería).

En su reclamo, los funcionarios son apoyados por los médicos de la institución, que presentaron una carta firmada manifestando su apoyo, en la que exigen que se les reconozca el derecho a percibir los mismos beneficios económicos que ya tienen las demás unidades ejecutoras pertenecientes a Dirección de Salud Mental.

Inspecciones y esencialidad

En la declaración de esencialidad se hace énfasis en que la única finalidad de la medida es salvaguardar los derechos humanos de las personas hospitalizadas. En el documento se argumenta que la vida o la salud de los internos estaba en riesgo por varias razones, entre ellas que no contaban con la cantidad necesaria de recursos humanos, que los funcionarios no se encontraban en sus lugares habituales de trabajo, que había dificultades para monitorear a los pacientes graves, problemas para acceder a las historias clínicas, falta de medicamentos y la ausencia del servicio de limpieza, que no podía ingresar por la ocupación.

Sin embargo, Ríos afirmó que las nueve inspecciones que se hicieron durante la ocupación demuestran que los pacientes estaban bien atendidos y que se realizaron todos los registros correspondientes, subrayó que se estaba cumpliendo con el plan “tal como si el hospital estuviera funcionando normalmente”.

SdR accedió a estas inspecciones (materiales también dispoiblees en la galería), donde se constata la presencia del personal médico, de enfermería y de servicio en todas las áreas, y se documenta la tranquilidad en los usuarios y condiciones adecuadas de higiene y confort, así como el estado de las áreas que habitan. Además en el texto queda claro que los registros médicos y de enfermería están actualizados a la fecha, cumpliendo con las indicaciones y procedimientos médicos en todos los turnos.

Desde antes de la ocupación, el servicio de limpieza era realizado por una empresa privada, pero debido al conflicto, los funcionarios comenzaron a encargarse de ella. El dirigente aclara que la empresa no podía ingresar al no llegar a un acuerdo con ASSE, “fue porque no pudimos coordinar, pero no por las medidas gremiales o porque les prohibiésemos la entrada”, afirmó Ríos. Al margen de esta situación, las correctas condiciones de higiene también se constatan repetidamente en las inspecciones.

La inspección del 12 de octubre corrobora que el stock de medicación estaba cubierto hasta esa fecha. Si bien la inspección realizada el 14, dos días después, deja en claro algunas carencias de medicamentos, la misma también explica que los funcionarios realizaron el pedido de las medicinas faltantes, pero que éstos aún no habían sido recibidos.

Ríos explicó que el pedido se hizo el 23 de setiembre, es decir, antes de la ocupación. Normalmente la entrega no demora más de cuatro días, sin embargo, la ocupación comenzó el 31 y la medicación aún no había llegado. Luego de reclamos a ASSE se consiguió la medicación en el Hospital Vilardebó, aunque no en su totalidad. Además, el 7 de octubre la comisión interna realizó de forma documentada un pedido en el que informa sobre el agotamiento de ciertos medicamentos, solicitando tramitarlos “lo más urgente posible”. Pero paradójicamente Ríos cuenta que al levantarse la ocupación e ir a firmar el acta se encontraron con que “los pedidos todavía estaban en la dirección”.

Finalmente, el 14 de octubre se menciona el fallecimiento de dos usuarios que se encontraban en el Plan de Cuidados Paliativos, una unidad especializada en la que se encuentran pacientes en etapa avanzada o terminal. Ríos afirma que los usuarios recibieron buena atención, pero que se encontraban en un estado de salud muy vulnerable. A su vez, denuncia que la inspectora cometió una irregularidad al llevarse las historias clínicas de los dos pacientes fallecidos, acción que no puede realizar al estar ocupado el hospital.

Vejez y salud mental

El reclamo de los funcionarios está estrechamente relacionado con la línea divisoria entre salud mental y población vulnerable, que resulta ser muy delgada. SdR consultó a Sergio Dansilio, neurólogo y director del Departamento de Neuropsicología del Instituto de Neurología del Hospital de Clínicas, quien define que “todo paciente vulnerable está propenso a los problemas de salud mental”, ya que existe una relación directa entre su surgimiento y la vejez.

Dansilio explicó que esto no sólo sucede por razones genéticas o biológicas, ya que además la sociedad y la cultura resultan determinantes en lo que constituye al ser humano. Ocurre que cada sujeto maneja diferente el tiempo que “deja detrás”, por lo que el acercamiento a la muerte genera distintas inquietudes; si su calidad de vida no fue la ideal, entonces es posible que conciba a la vejez, el sufrimiento y el dolor como conceptos similares. A la luz de su concepción queda claro que el límite entre vejez y salud mental resulta muy fino.

Valeria García Mallo